Coronavirus pasa factura a la educación superior: Luis Fdo. Vargas – Mayo/20

Luis Fernando Vargas Cano es ineniero con estudios en planeación estratégica y tecnología educativa y además ha sido directivo en varias IES, y aquí analiza cómo la pandemia va a afectar en materia grave a las IES.

Dos aspectos fundamentales vienen preocupando al sector de la educación superior por cuenta del coronavirus. Por una parte la fragilidad del sector con relación a los aspectos económicos y financieros; y por otra, el abordaje de los aspectos pedagógicos y didácticos necesarios para convertir en las actuales circunstancias programas presenciales a virtuales o mediados por recursos digitales.

Aunque la educación superior es fundamental para el avance de los pueblos y sus culturas, cobra relevancia la supervivencia de las personas en lo que tiene que ver con la alimentación, salud, servicios públicos, vivienda, entre otros gastos de primera necesidad. La educación superior por tanto desciende a un segundo plano de prioridades en los momentos actuales. No se trata de colocar en una balanza las necesidades e intereses de los pueblos; se trata de priorizar las necesidades personales y familiares con el objetivo de lograr la supervivencia. Así las cosas, la educación superior está viviendo un escenario para el cual no estaba preparada.

Si bien las instituciones de educación superior públicas y estatales tienen mejor solvencia y recursos para afrontar ésta pandemia desde el punto de vista financiero, el paso del tiempo sin soluciones a la vista se convertirá en el ejecutor de recortes del presupuesto nacional con cargo a la educación superior, y a la contracción de un sector fundamental para la evolución de la sociedad.

En el caso de las instituciones de educación superior privadas el tema económico es realmente preocupante. Por un lado debemos recordar que ya desde hace varios años la matrícula venía disminuyendo considerablemente para algunas instituciones que no tenían el músculo financiero para hacer frente a los cambios y actualizaciones que éste sector requiere. Se habían quedado rezagadas en el tiempo a la espera de que las condiciones económicas mejorarán; sin embargo, la llegada de la pandemia las coloca en estado crítico y a punto de extinción. En los casos donde las instituciones cuentan con un número significativo de estudiantes y la matrícula es considerablemente elevada, el tema es mucho más complejo debido a las permanentes inversiones que realizan, y a los créditos y compromisos financieros contraídos en el pasado a tasas de interés impensables para el actual momento vivido.

Tanto para instituciones pequeñas, medianas, o grandes, la operación para el primer semestre del año 2020 de alguna manera se soluciona, ya que al momento de la suspensión de las actividades presenciales universitarias el grueso de los estudiantes y sus familias habían sufragado los costos por matrícula, dando cierta tranquilidad a las instituciones. El panorama para el segundo semestre del año 2020 es ciertamente preocupante. Por un lado, y al no tener certeza del regreso a las actividades presenciales in situ, surgen apreciaciones de estudiantes y familias que costeando valores de matrícula altas empiezan a cuestionar el valor de las mismas por una educación que estaba soportada en infraestructuras llamativas, laboratorios especializados, espacios lúdicos y deportivos bien dotados, y en general lugares físicos adecuados para la presencialidad. La llamada virtualidad o si se quiere educación asistida por medios digitales no justifica, en palabras de muchos estudiantes, los excesivos costos que algunas instituciones cobran en la actualidad. Así las cosas, y teniendo en cuenta la recesión que enfrenta el país, y el riesgo inminente de la temida depresión, todas las instituciones tendrán que revaluar los valores cobrados a los estudiantes antiguos para evitar una deserción, dando paso a descuentos significativos y créditos a mediano plazo. Para aspirantes de primera cohorte, ofrecer descuentos competitivos y facilidades de pago para lograr la sostenibilidad de las instituciones educativas.

Lamentablemente, si al inicio del segundo semestre no existen soluciones para asegurar que las instituciones puedan regresar a la normalidad, empezarán los despidos masivos. El sector educativo es altamente sensible a la disminución de ingresos, por tanto, la única manera de asegurar la continuidad de las instituciones será ir ajustando las nóminas por cuenta de una pandemia para la cual nadie estaba preparado.

Un segundo elemento que será definitivo para la continuidad de las instituciones es la manera como se logró en tiempo record convertir la presencialidad a virtualidad, o si se quiere, educación asistida por medios digitales. Es claro que las instituciones no estaban preparadas para que todos sus docentes llegaran a una modalidad para la cual no estaban preparados. La modalidad de formación virtual requiere un conocimiento y preparación propia de docentes que les gusta y son afines a la misma. En algunos casos, docentes que de alguna manera rechazan la tecnología en sus vidas y en las aulas han tenido que lidiar y aprender aspectos tecnológicos que no los motiva. La evaluación docente al finalizar el primer semestre del año 2020 será realmente atípica. Por un lado, las instituciones tendrán una cuota de agradecimiento infinita a los docentes que hicieron su mayor sacrificio al aceptar el reto; y por otra, intervenir con cargo a la conciencia de los estudiantes que los evaluarán en una modalidad que ni ellos mismos conocían.

La virtualidad no puede ser concebida como la modalidad de formación que en ausencia de la presencialidad toma protagonismo. Los modelos de formación virtual requieren de intencionalidad, pedagogía, programación, escenarios de simulación e interacción, diferentes de la presencialidad, entre otras. La elaboración de los materiales y herramientas que se utilizarán en los cursos requiere de un alto grado de conciencia por el efecto asincrónico de la misma; por tanto, las instituciones tendrán que afrontar una cruzada de formación de sus docentes en tiempo de receso institucional. El segundo semestre del año 2020 representa, de seguir con el aislamiento social por cuenta del coronavirus, la sostenibilidad económica y de calidad educativa que marcará el destino final de las instituciones de educación superior.

La factura de cobro por cuenta de la pandemia afecta al sector educativo por igual. Docentes y estudiantes que en corto tiempo migraron de la presencialidad a la virtualidad o educación asistida por medios digitales, tienen la incógnita del devenir del segundo semestre. Estos últimos posiblemente ante las dificultades económicas evalúen la viabilidad de suspender sus programas de formación, cambio de institución universitaria, o el abandono definitivo. Las instituciones tendrán que evaluar los escenarios posibles y tomar las mejores decisiones.

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