El Observatorio de la Universidad Colombiana




Covid apura cambios que la tecnología empezaba a hacer en la educación superior

Mayo 30/20 Ya se habla del Covid como el “cisne negro” que está disparando la transformación digital de la educación, en el diseño, oferta y enseñanza de programas, ajustado a una nueva realidad.

El Observatorio compendia los análisis de los portales de Espña El Economista (“Las 6 tendencias de la educación para ser competitivo en el entorno laboral”) y la Universidad Oberta de Cataluña (Transformación digital y pandemia: siete tendencias educativas para la era pos-COVID-19), que coinciden en mostrar cómo la conjunción de tecnología y Covid presentan un nuevo panorama para la educación superior.

La incorporación paulatina de las llamadas tecnologías educativas en nuestros centros —aulas y campus virtuales como Google Classroom o Moodle, pizarras interactivas, gadgets de robótica, impresoras 3D, portátiles y tabletas, o paquetes ofimáticos de computación en la nube como G Suite for Education o OneDrive de Microsoft—, más la infinitud de aplicaciones y servicios que se usan en la vida cotidiana para la relación social, organización del tiempo, las producción de documentos, gestión de proyectos profesionales, la comunicación inmediata o el disfrute de series favoritas, proporcionan a los distintos agentes del ecosistema educativo —estudiantes, docentes, familias, direcciones de centros, investigadores, documentalistas, pedagogos, gestores académicos o ingenieros de sistemas— el bagaje y las condiciones ambientales necesarios para desarrollar nuevas formas de aprender y de organizar la actividad formativa.

La crisis generada por la COVID-19 parece haber hecho aflorar, como ningún otro factor hubiera podido hacerlo anteriormente, todas las capacidades, el conocimiento y los recursos disponibles en todos los niveles educativos. Con el objetivo de garantizar la continuidad de la actividad educativa en una situación de máxima excepcionalidad, de la noche a la mañana la red se ha convertido en un auténtico bazar de herramientas, recursos de aprendizaje, experiencias, y consejos de cientos de opinadores sobre educación en línea.

La educación, después de sobrevivir a tres revoluciones industriales, se ha visto obligada a mudar su piel en un entorno cada vez más digitalizado. La tecnología permite adquirir nuevas destrezas sin importar el lugar, el momento o la edad. Este cambio es profundo, va más allá de una simple colocación de pantallas en las aulas; es una revolución que se puede resumir, grosso modo, en seis tendencias:

1. Ruptura de barreras económicas

El ecosistema digital ha democratizado el acceso a los nuevos modelos de educación. Adquirir nuevos conocimientos está al alcance de todo aquel que cuente con un dispositivo con conexión a Internet en cualquier parte del mundo. Así, la demanda aumenta y los precios caen, abriendo un mundo de nuevas posibilidades a los profesionales.

2. Blended learning

La educación digital no significa dinamitar por completo el engranaje tradicional, ya que permite combinar lo mejor de la presencialidad con lo mejor de la educación online. Además, se facilita el acceso al conocimiento de los mejores formadores desde cualquier lugar y en cualquier momento, al tiempo que se realiza un acompañamiento individualizado y en directo. El blended learning permite que cualquiera, y desde donde quiera, adquiera nuevos conocimientos directamente desde las mentes más prestigiosas en sus respectivos ámbitos profesionales que permanezcan en la otra parte del mundo. En definitiva, cualquiera puede atender a una clase de un profesor de MIT mientras espera sentado a que llegue el autobús.

3. Nichos temáticos

Con la cuarta revolución industrial, la especialización es más necesaria que nunca. El contenido pasa de lo amplio a lo concreto, de lo general a la especialización en nichos económicos. Es decir, se estudia Blockchain adaptado al sector financiero, UX (por sus siglas en inglés User eXperience) en el sector del retail, Machine Learning aplicado a industrias específicas. El mercado laboral se ha vuelto tan competitivo que es necesario adquirir nuevas destrezas y habilidades sobre aquella materia concreta que se encuentre dentro del ámbito de actuación en el que uno desarrolle su labor. La nueva educación supone dar una vuelta de tuerca a la especialización.

4. Hipercustomización

Este punto va muy ligado al anterior. La educación digital también permite quebrar la rigidez y homogeneización impuesta por las universidades. Anteriormente, todos los alumnos estudiaban lo mismo, al mismo ritmo -ralentizando a los más avanzados y perdiendo por el camino a los más rezagados-; ahora, gracias a la tecnología, tenemos la posibilidad de configurar una formación personalizada para responder a las necesidades que se puedan encontrar a lo largo de la carrera tras una promoción, un cambio de departamento o el inicio de un nuevo proyecto.

5. Lifelong learning

Actividad formativa a lo largo del ciclo de vida de una persona que no está vinculada solamente a unas etapas determinadas. Tiene lugar tanto en ámbitos formales como informales y en contextos diferentes (laboral, académico, doméstico, etc.). La capacidad de los estudiantes para diseñar su trayectoria formativa a lo largo de la vida y de disponer de habilidades superiores para aprender en contextos digitales se considera un aspecto crítico. El proceso de aprendizaje ha dejado de ser algo que termina en un momento concreto, tras finalizar los estudios universitarios o los de posgrado. La educación tecnológica responde a las nuevas necesidades de los profesionales, que tienen que estar actualizando sus conocimientos constantemente a lo largo de toda su carrera laboral, y de las empresas, para desarrollar su continua demanda de talento. Con la cuarta revolución industrial, la especialización es lo más necesario

6. Empleabilidad

Es innegable el valor que aporta la educación tecnológica a los profesionales y su repercusión en el mercado laboral. Los nuevos perfiles tecnológicos, muy escasos en la actualidad, cotizan al alza. Aprender nuevas destrezas y habilidades, formarse continuamente para no quedarse fuera de este mercado globalizado, será el denominador común de los trabajadores de un futuro que ya ha echado a andar.

El cambio en los paradigmas de enseñanza

Como producto del panorama anteriormente decrito, se presentan estas otras tendencias que podrían entrar a hacer parte del nuevo ecosistema educativo en la era pos-Covid-19:

– Informalización del aprendizaje: Incremento del aprendizaje informal potenciado por la red y la tecnología digital. Tiene relación con el llamado aprendizaje continuo referido a la interconexión de aprendizajes adquiridos en diferentes ámbitos (profesional, social, académico, lúdico, etc.). Con formas de crear y distribuir el conocimiento distintas de las del aprendizaje formal, penetra en la actividad formativa de los entornos académicos.

– Aprendizaje autodirigido. La personalización del aprendizaje es uno de los mantras más recitados por responsables docentes y gestores formativos. Sin embargo, la verdadera personalización es aquella que empodera y capacita a las personas para tomar sus propias decisiones con relación a su proceso formativo, y para aprovechar las incontables oportunidades de aprendizaje que ofrecen la red y el ecosistema educativo. En un contexto de formación a lo largo de la vida y con una tendencia creciente hacia la informalización, la capacidad de dirigir y gestionar el propio aprendizaje es esencial.

– Aprendizaje social (social learning). El aprendizaje social está en la base de teorías y movimientos de renovación pedagógica anteriores a la red y en numerosos enfoques y pedagogías emergentes actuales, como por ejemplo la clase inversa (flipped classroom), el movimiento maker o design thinking. La proliferación en los ámbitos profesionales y domésticos de aplicaciones y herramientas de computación en la nube, de comunicación o de gestión de proyectos contribuye a la realización de experiencias educativas de tipo socioconstructivista basadas en la colaboración.

– Deslocalización. Como ocurre con otras actividades, el aprendizaje ya no puede estar referenciado por coordenadas espacio-temporales. La conexión permanente y las aplicaciones de computación en la nube que ofrecen los dispositivos móviles permiten aprender en cualquier momento y lugar, disfrutando de las prestaciones elevadas en cuanto a acceso a la información, a la comunicación y a la productividad ofrecidas por el entorno tecnológico.

– Automatización. Los avances en inteligencia artificial (IA) empiezan a esbozar escenarios educativos con bots y asistentes virtuales desempeñando diferentes papeles en los procesos académicos y formativos. Asimismo, la confluencia de la analítica de aprendizaje (learning analytics) con los algoritmos de IA (machine learning) ponen al alcance de docentes e instituciones educativas la posibilidad de personalizar el aprendizaje diseñando de forma dinámica contenidos y actividades a medida.

– Liberalización de la acreditación (titulación). La irrupción de la tecnología de cadena de bloques (blockchain) en el ecosistema educativo abre la posibilidad de disponer de sistemas de reconocimiento y acreditación de competencias, habilidades y experiencias formativas sin necesidad de disponer de archivos centralizados en instituciones determinadas. Aprendizajes adquiridos en espacios informales o destrezas desarrolladas en entornos corporativos pueden ser acreditados de forma fiable, permanente y detallada.

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