Decanos y directivos universitarios más que estratégicos: Efraín Alzate S.

Decanos y directivos universitarios más que estratégicos: Efraín Alzate S.

 

Junio/Para Alzate, Director de Extensión pedagógica en la U. Autónoma Latinoamericana de Medellín, los decanos deben elegirse por mérito, dignidad y humanidad, no por estrategias de poder que dañan la vida universitaria.

 

Decanos y demás directivos universitarios mas que estratégicos: cargos de mérito y dignidad

Acciones estratégicas, son las que se efectúan para conseguir un fin determinado, de manera instrumental y sin que tengan por qué casar los medios con los fines. La mayoría de las acciones en el modelo didáctico hegemónico son de este tipo, así como todas las relacionadas con la gestión burocrática de las instituciones, las interacciones de los profesionales en los órganos de decisión o las que, de manera más o menos simbólica, contribuyen al conservadurismo institucional y a sus fines de reproducción. Se trata, por tanto, de acciones que se dan en un marco de relaciones estrictamente funcional. (S, 2012)

La Universidad de nuestro tiempo, tiene grandes desafíos, por ello es aventurado cuando a la hora de elegir sus líderes académicos, las decisiones se enmarcan en estrategias de poder. Llegar a un cargo puede ser sencillo, otra cosa es merecerlo desde hoja de vida mérito y dignidad. El desfile de intrigas que asume un Rector cuando se acercan relevos reglamentarios, no se diferencian en nada con los fenómenos de la cotidianidad política, razón por la cual quienes seleccionan las ternas deben tener inteligencia y sabiduría para que las decisiones sean el resultado del dialogo racional.

Al respecto el diccionario de la Real Academia nos dice que: el “Decano” es alguien a quien se le reconocen ciertos atributos que lo hacen ser una persona muy respetable entre sus compañeros de trabajo, gracias a la experiencia y vivencias acumuladas a lo largo de su trayectoria académica y docente; es un profesional conocedor del tema educativo, con dotes de maestro. En este sentido, para ser Decano, no basta con haber sido en su paso como docente, un experto temático rajador de estudiantes mediante exámenes con trampas calculadas, para sustentar omnipotencia y poder calificando pruebas en las que le pierde la mayoría del curso. El docente que escala el laurel de una decanatura, ha de ser reconocido también como aquel que intentó ser maestro, al hacer de sus clases un encuentro feliz con el conocimiento.

Además, un Decano, ha de ser un buen ser humano; no es que sea un puritano libre de toda culpa, pero sí virtuoso, a quien se le distingue por ser consecuente con su formación académica. Jamás podrá ser exitoso en una unidad académica aquel que con soberbia se explayaba en el aula maltratando estudiantes, porque su saber era látigo para castigar y no para convencer sobre la importancia de su enciclopedismo. Con algunas excepciones, en los últimos años las decanaturas vienen siendo ocupadas por personas con valiosa formación académica, pero con serias dificultades para entender la importancia y el auténtico significado de su cargo. Es posible que tengan claridad sobre las funciones que deben cumplir, la forma astuta para mantener sus relaciones con la estructura de poder, pero no la mejor manera de entender a las personas con las que comparte cotidianamente.

Si yo fuera Rector, las ternas seleccionadas para las decanaturas, serían ante todo una forma de reconocimiento al ejercicio docente, y buscaría consensos entre profesores y estudiantes para que efectivamente al cargo lleguen hombres y mujeres que hicieron de su ejercicio docente el encuentro feliz con el saber. Las transformaciones sociales que se viven en Colombia deben ser entendidas por la Universidad, para ello, líderes, rectores, vicerrectores, decanos y demás, deben ser personas de miradas abiertas al mundo, incluyentes, respetuosos de las condiciones humanas. Si yo fuera Rector no incluiría en ternas para decanos a homofóbicos, misóginos y racistas, que en su paso por las aulas de clase practicaron el acoso, la soberbia, la pedantería y la exclusión.

La Universidad de nuestro tiempo ha tenido que reinventarse, para recuperar su papel como espacio en donde se forman hombres y mujeres que deben pensar la sociedad, y para ello será necesario que los liderazgos en ella estén asumidos por humanistas consagrados, por hombres y mujeres atentos a los desafíos de la educación, capaces de leer los fenómenos sociales y que practican el lenguaje del acogimiento para que los jóvenes que llegan a intentar construir su proyecto de vida desde la educación, sientan que están en el camino acertado.

Si yo fuera Rector, motivaría acercamientos con los líderes, para dotar de amabilidad el contexto universitario más allá de la clásica burocracia, que cree que los cargos son para sustentar supremacía. La academia no puede confundirse con burocracia y tramitología. Porque, la academia equivale al contenido sustantivo de lo que fluye por esas arterias y trayectorias. La Academia se dedica, por ejemplo, a investigar sobre un problema, mientras que la burocracia se dedica a controlar la perisología requerida, los tiempos de ejecución, los trámites para actuar”. (Padrón. J, 2004)

Si yo fuera Rector, para elegir los lideres que han de acompañarme, y para el caso de los decanos que es la ruta de este escrito, me fijaría que efectivamente sean los mejores en lo humano, en lo académico y en lo gerencial. Capaces de manejar con prudencia y respeto sin sometimiento autoritario las relaciones de poder jerárquico institucional. Si usted llega a ser Decano o Decana, desde el reconocimiento, el mérito y la dignidad y no por la manipulación estratégica del poder, sea el mejor y rinda honor a esa oportunidad que le da la vida.

Y si yo fuera Rector, elegiría personas con reconocimiento y aceptación plena por parte de estudiantes profesores y subalternos, con capacidad de escucha que desde el pleno entendimiento del debido proceso evitan en lo posible el acto punitivo buscando ante todo la conciliación y el amable acuerdo y para ello aplicaría las acciones comunicativas y así los actores tratarían de entenderse desde lo común de sus posiciones, a fin de llegar a acuerdos que les permitan coordinar la acción. Se trata, al contrario de las acciones estratégicas, acciones orientadas al entendimiento y situadas en un marco social, puesto que en la acción comunicativa los participantes no se orientan al éxito, sino bajo la condición de que sus respectivos planes de acción puedan armonizarse entre sí sobre la base de una definición compartida de la situación. (S, 2012)

Bibliografía

S, V. M. (2012). Racionalidad, Dialogo y accion: Habermas y la pedagogía critica . Revista Iberoamericana de educación., 12-13.
Padrón. G.J. (2004). El dominio de la burocracia. informe de investigaciones educativas, 69-80

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