Del desprestigio de la UDEM: José León Jaramillo – julio/19

José León Jaramillo reflexiona sobre el desprestigio de la profesión de los abogados y cuestiona duramente lo que pasa en la U. de Medellín con la polémica titulación del senador Julián Bedoya. Tomado de juanpaz.net

Al oído de Presidente y de la Ministra de Educación

El proselitismo político unipartidista y sectario, ejercido desde los más altos cargos de dirección de una  universidad, constriñe las libertades de expresión y de cátedra y prostituye la academia.

El 1º de febrero de 1950, hace ya más de 69 años, un distinguido grupo de ciudadanos liberales, preocupados porque los establecimientos deeducación secundaria y las dos universidades que impartían educación superior en el departamento, no alcanzaban a atender la creciente demanda de cupos, fundaron a la Universidad de Medellín y a un anexo suyo de Bachillerato que llevaría su nombre, con el propósito de aliviar un poco esa problemática y de propugnar por una enseñanza no dogmática, liberal, sin limitaciones ni restricciones por razones de raza, sexo, convicciones políticas u otras y, lo más importante, disponer, perentoriamente en el acta fundacional, que para mejorar la calidad de sus egresados era necesaria, según sus palabras, “… la aplicación rigurosa de reglamentos educacionales más drásticos, para evitar el desprestigio de las profesiones.”

Y tenían razón, pues solamente con reglamentos académicos exigentes se construye una gran universidad, como la vieja escuela de ingeniería o como actualmente lo es la EIA. No son las dádivas evaluativas producto de la mendicidad estudiantil, ni el intercambio de falsas calificaciones de excelencia académica por votos, dinero o favores sexuales, los que nos hacen enorgullecernos de una  casa de estudios, ni los que producen los profesionales que el país requiere.

Hay profesiones como la medicina, la abogacía, la ingeniería  y otras, que conllevan grandes riesgos sociales, las que le exigen al Estado velar celosamente porque los profesionales que gradúen las universidades, en dichas disciplinas, sean idóneos (Art. 26 CP) y ello sólo se puede lograr con docentes igualmente idóneos y con la práctica de exámenes, escritos y prácticos, que demuestren plenamente esa idoneidad. Relajar los reglamentos académicos, como, al parecer, sucedió recientemente con un Senador de la República para graduarlo a las volandas, en la que otrora fuera mi casa de estudios o que un rector le “arregle” una nota a una joven estudiante, razón por la cual el profesor renunció a su cátedra, como, al parecer, sucedió en otra facultad de derecho de esta ciudad o certificarle a la comunidad que una persona es idónea, sin serlo, para ejercer una profesión que conlleve un riesgo social, son conductas que contribuyen a que tengamos que enfrentar esperpentos como Space, caídas de puentes, Hidroituangos, eventos adversos en nuestros hospitales y,  en derecho, sentarnos a contemplar, atónitos, como carecemos de defensas idóneas y de justicia, pues estamos atiborrados de abogados, fiscales, jueces y magistrados ignorantes y, lo más grave, cada día más corruptos, como los del denominado cartel de la toga, al punto de que nuestra Corte Constitucional considera que “…no existen controles estatales para la obtención del título profesional de abogado, tampoco para el ingreso a la profesión…” y que “La falta de controles y regulación, ha desencadenado, entre otras, ‘una pérdida sustancial de calidad de los estudios de derecho; un desprestigio de los juristas (…); [y] un menoscabo de la cultura jurídica y de la autorregulación’”. Sentencia C-138/19

Ese cartel de la toga, ajeno a nuestra famosa Corte de Oro o a los jueces y magistrados con los que me tocó crecer,  muchos de ellos asesinados, por las balas de la narco corrupción de izquierda, en las calles y en el Palacio de Justicia, por no ceder a sus férreos principios éticos, lo estamos sufriendo, porque la politiquería inmunda, la politiquería que todo lo prostituye y lo corrompe, se apoderó de la administración de justicia y la destruyó, así de simple. Como diría Álvaro Gómez Hurtado hoy no se eligen jueces o magistrados, se eligen cómplices.

No nació la U de M como institución politiquera partidista, pues, desde un principio fueron muy claros sus fundadores  que ésta no sería una universidad de partido y ello tuvo que ver con la ética y con la libertad, pues había surgido como una respuesta al sectarismo y a la intolerancia y no querían caer en lo mismo y máxime cuando sus estatutos les aseguraban y les aseguran a los discentes que no habrá en el claustro limitaciones ni restricciones por sus convicciones políticas.

Así como la politiquería inmunda se se apoderó ilícitamente de la rama jurisdiccional y de muchas empresas del Estado,  esa plaga se apoderó también de la Universidad de Medellín, en cabeza de la concejala Aura Marleny Arcila Giraldo y de Néstor Hincapié Vargas, quienes se enamoraron de ella,  al conocer sus multimillonarios recursos dinerarios en la Bolsa de Valores de Colombia, una contratación igualmente multimillonaria y,  lo más importante, al darse cuenta de que aquella era una cantera repleta de votos, para incrementar su poder. Para coronar sus torcidos propósitos, traicionaron la voluntad de los fundadores y actuando por fuera de los límites del mandato que recibieron (Art. 4.° de los Estatutos Universitarios), se fueron apoderando de ella, hasta hacerla suya, como lo hiciera con la universidad del Atlántico, Silvia Gette Ponce. La mercantilizaron, destruyeron el liceo de Bachillerato y la Facultad de Educación dizque  porque no eran “rentables” y ¿el balance social dónde queda? ─ En ese liceo de Bachillerato se graduó el politiquero rector cuando llegó del Peñol ─ , acabaron con el sindicato de la Universidad que era más bueno que el pan; abandonaron los fines de sus fundadores y la transformaron, en la práctica, en una universidad de partido, en la sede de su directorio político, con el fin de alcanzar para éste el mayor poder económico y político posibles, fines incompatibles con los académicos de la universidad y con la misión social que ésta debiera cumplir, con los recursos que estos mal administran.

Algunos  egresados de la U de M hemos presentado toda suerte de quejas ante el Ministerio de Educación,  entidad que siempre absuelve al rector, sin importar la gravedad de los cargos que se le formulen, pues es una entidad altamente politizada.

LA REALIDAD PRIMA SOBRE LAS FORMAS Y NO SOLAMENTE EN DERECHO LABORAL. La voluntad de los fundadores de la UNIVERSIDAD DE MEDELLÍN fue la de que todos sus egresados, graduados en ella, los que, hasta donde me alcanza somos unos 30.000, conformáramos  su Asamblea General. La decisión de esa Asamblea General, la de crear el denominado grupo de los 100, integrado, en su mayoría, por empleados de la universidad ─ sometidos al vanidoso, arrogante y abusivo poder de un rector ─ y delegar en él, en el grupo de los 100, los poderes de la Asamblea General, no solo es  y fue contrario a la voluntad de los fundadores, sino que le sirvió a un par de politiqueros para despojar a las comunidades más pobres de Antioquia de su universidad, pues es a  esas comunidades más pobres a las que les pertenece el claustro y sus millonarios recursos y no a sus egresados y no a los miembros de la corporación, pues esa es y fue la voluntad de sus fundadores, hoy pisoteada con argumentos de leguleyos y deshonestos, como el de una falsa autonomía universitaria.

Señor Presidente: Ni las asambleas de estudiantes y de profesores podrán lograr nada para frenar tanto abuso, pues en la U de M se impone siempre la sinrazón de la fuerza o el atropello académico, al punto de que sus egresados, ni siquiera los que conformamos el mal denominado grupo de los 100, hemos podido que se nos rindan cuentas claras y, por ello, ante las gravísimas denuncias administrativas y aún penales que se vienen presentando, desde hace más de 7 años, le solicitamos, señor Presidente, suspender, por un lapso de 6 meses, al actual rector de la Universidad de Medellín en el ejercicio de las funciones de su cargo y nombrar como rector encargado del claustro a un personaje reconocido por sus calidades morales y académicas, a alguien como el doctor Pablo Felipe Robledo del Castillo, quien tiene  el carácter y la fuerza suficientes para realizar las auditorías académicas  y económicas que requiere el Ministerio, para decidir la suerte de la Universidad; personaje quien ya demostró que no es un politiquero. Se sorprenderán usted y mis coterráneos, señor Presidente,  con los resultados de esas labores de auditoría.

Presidente: usted nos prometió que la lucha contra la corrupción sería la prioridad de su gobierno, aquí tiene una buena oportunidad para demostrárnoslo, pues si sigue dejando podrir los colegios y las universidades ¿qué futuro nos espera? !Menos discursos técnicos y más acciones contra los corruptos!

Presidente: ¡Salve usted a la Universidad!