Desarrollo global con desarrollo local: Carlos Hernando Forero – mayo/22

Carlos Hernando Forero Robayo, exdirector Ejecutivo de ASCUN, señala cómo las IES deben ser agentes muy activos en la conformación de los ecosistemas, donde las comunidades académicas y científicas se interrelacionan y generan interdependencias entre diferentes actores de todo tipo.

José Antonio Marina “Hemos entrado en la sociedad del aprendizaje, que se rige por una ley implacable: “Toda persona, toda empresa y toda sociedad, para progresar, tiene que aprender al menos a la misma velocidad a la que cambia el entorno. Y si quiere progresar, deberá hacerlo a más velocidad”El bienestar de las personas, la productividad de las instituciones y la sostenibilidad de las sociedades dependerá de su capacidad de aprender y de la prioridad que concedan a esta actividad. 

 

Una expresión muy mencionada, especialmente por organismos internacionales es, “pensar globalmente para actuar localmente”, con lo cual se reserva el ejercicio de pensar solo a grandes tanques de pensamiento u organismos internacionales, que disponen de equipos de trabajo con una visión global y con intereses no siempre explicados, normalmente enmarcados en esquemas de pensamiento neoliberal. De tal manera que, en lo local, lo regional o la periferia, solamente nos está permitido actuar en el marco de un movimiento homogeneizador.

Bien podríamos afirmar lo contrario: “pensar localmente para actuar globalmente” como lo han hecho el nobel Gabriel García Márquez, o los músicos carrangueros y los mariachis en una versión musical que se desarrolla desde lo local y se extiende por el mundo. Eso implica valorar con sentido propio y profundo lo que sucede en esta dimensión y promover identidades regionales a partir de su estudio e investigación rigurosa de las diferentes realidades regionales, sin desconocer que estamos en un mundo interconectado.

A los sistemas de educación superior, ciencia, tecnología e innovación, sí que les corresponde dar cuenta de lo local, para proyectar e internacionalizar las regiones en los continentes o en los propios países. Normalmente hemos asumido acríticamente los lineamientos de los organismos internacionales y grupos empresariales transnacionales, que conciben la educación superior más como una mercancía que como un bien público social; y con base en ello los gobiernos y las propias universidades promueven políticas sin salirse de ese molde y sin valorar suficientemente lo nuestro. Qué bueno sería examinar enfoques alternativos como el “Manual de indicadores de vinculación de la Universidad con el entorno socioeconómico” (Manual de Valencia, 2014).

Por fortuna, aunque a un ritmo lento, se han venido adoptando, políticas de descentralización política, administrativa y fiscal; que dotan a las regiones y localidades de unos mínimos para darse su propia vida. Esto no ha terminado de consolidarse por lo menos en Colombia y a pesar de unas mayores autonomías, seguimos atados a un centralismo destructor y a la espera de políticas que permitan dar a luz a una nueva realidad.

En algunos temas como el de la competitividad, aparece tímidamente una nueva institucionalidad regional, que fundamenta un nuevo actuar de todos los actores del desarrollo y que exige algo fundamental, que está en sus primeros pasos de construcción, como son los ecosistemas regionales, que incluyen a la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación, combinados con nuevas capacidades de liderazgo, creatividad, innovación y emprendimiento.

Los ecosistemas regionales deben tener claro el concepto que los fundamenta y que lleva a pensar en grande y estratégicamente, en función de unas realidades regionales con sus problemas estructurales y sus oportunidades estratégicas, en nuevos escenarios que permitan el desempeño de la región en un concierto internacional. Parte de la tarea es establecer un grado de alineamiento entre la vocación productiva y la vocación científica, para permitir mayores niveles de competitividad pensando en modo regional e identificando el conocimiento universal que está disponible para la adaptación y solución de las problemáticas sociales más agudas, cercanas a la población.

Particularmente las instituciones educativas, especialmente las universidades, deben ser agentes muy activos en la conformación de los ecosistemas, donde las comunidades académicas y científicas se interrelacionan y generan interdependencias entre diferentes actores de todo tipo. Con una visión prospectiva de la región y nuevas formas de actuación en red, es un trabajo conjunto entre la sociedad civil, la sociedad política y la sociedad económica, en función del bien común con una alta valoración de las sociedades del aprendizaje y la gestión del conocimiento con enfoque colectivo.

Todo ello en el marco de un esfuerzo de fortalecer la identidad regional, valorando lo nuestro, y oteando lo que está sucediendo en los alrededores, con una postura autocrítica y siendo conscientes de los cambios a impulsar con fuerte participación de los jóvenes, si queremos sintonizarnos con el futuro y sus oportunidades.

Unas regiones en cada uno de nuestros países, con capacidad de conformar verdaderos ecosistemas en una sociedad del conocimiento, permitirán asumir colectivamente los grandes desafíos que hoy tenemos y los que ya están trayendo las tendencias por los avances de la tecnología y por mayores grados de ciudadanía en el marco de una ética y valores cívicos que seamos capaces de cimentar.

Parte del problema es concebir las políticas públicas de educación superior, ciencia, tecnología e innovación, con un enfoque centralista y sobre la base que todas las regiones son iguales y no tienen la capacidad de pensarse a sí mismas. Muy diferente sería el resultado si la política a nivel nacional se construyera con base en las políticas regionales, como ya afortunadamente se hace en algunos lugares, constituyendo de manera específica una nueva institucionalidad, que mire de manera integral estos campos en función de las realidades locales.

El camino es largo y debemos ser muy persistentes, examinando con rigor temas tales como; la reformulación del modelo educativo regional, las alianzas con otras regiones para ganar sinergias, los índices de competitividad regional y la referenciación competitiva, los clústeres empresariales y la economía circular, la conectividad y la transformación digital, los capitales intangibles, la economía de la experiencia, la ciencia abierta y las métricas responsables en función de lo local incluyendo lo rural (Manual de Valencia), los elementos que fortalezcan la identidad cultural, la gestión  de los datos y las decisiones fundamentadas en evidencias, la asociatividad y el involucramiento de los diferentes actores con la participación activa de los jóvenes.

Todo ello entendiendo que el fin último, es el mejoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos, en sociedades con mayor equidad e igualdad, sin que nadie se quede atrás, como lo predica la agenda 2030 y los ODS, teniendo en cuenta lo planteado por Kairos, “el reto no es modernizar la pobreza sino humanizar el desarrollo”.

Finalmente, un ejemplo de acciones que se están construyendo para ir en la dirección correcta. La Universidad de Córdoba en Argentina en ejercicio de su autonomía universitaria, ha diseñado una plataforma donde quedan a selección del estudiante el conjunto de materias que se ofrecen en toda la institución, para permitir una mayor flexibilidad curricular y un mejor desarrollo de la autonomía del estudiante en la consolidación de su proyecto de vida. Esto permite tener una base de 4.000 asignaturas para una “Universidad a la carta” para cursar carreras completas o pequeños tramos de formación, teniendo en cuenta un cuerpo de contenidos obligatorios, pero con posibilidad de cursar o acreditar conocimientos de otras carreras, e incluso de otras universidades, sin perder de vista el aprendizaje a lo largo de toda la vida.

Su rector Hugo Juri, ha presentado la iniciativa al Consejo Interuniversitario Nacional, CIN, que congrega las universidades públicas de Argentina, calculando que entre todas ellas se podría conformar una base de 100.000 asignaturas o tramos de asignaturas, que daría 1 millón de créditos académicos. Con nuevos esquemas asociativos en el marco de ecosistemas, podemos tener logros que consideramos imposibles en medio de tantas dificultades.

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