Deserción en la educación superior

Por José Fernando Isaza (rector U. Jorge Tadeo Lozano), en El Espectador

Los estudios realizados por el Ministerio de Educación y la Universidad de los Andes, bajo el acrónimo Spadies —Sistema de Prevención y Análisis de la Deserción en las Instituciones de Educación Superior— permiten acercarse a este problema. Un primer resultado es la elevada tasa de deserción total, de 46,4%; simplificando puede decirse que de cada dos estudiantes que ingresan a las instituciones de Educación Superior, sólo uno se gradúa.

Si bien la deserción ocurre por causas económicas, éstas no son las únicas. Las políticas de crédito educativo desarrolladas por el Icetex, en especial los créditos dirigidos a los estudiantes de menores ingresos, están contribuyendo a reducir la deserción por causas económicas.

Las causas académicas juegan un papel muy importante en la deserción. Así, entre los estudiantes que ingresan con mejor puntaje del Icfes, y los de menor, la diferencia en el grado de deserción alcanza el 20%. No deja de ser preocupante que en los altos Icfes, que corresponden a un pequeño porcentaje de los bachilleres, la deserción en ellos llegue al 35%.

Los estudios de Alejandro Gaviria sobre rendimiento académico de los bachilleres muestran que los mejores Icfes los obtienen los estudiantes pertenecientes a familias de mayores ingresos. Por otra parte, se encuentran mejores resultados académicos cuando los padres, y en particular la madre, es profesional y existen facilidades para estudiar en el hogar, como bibliotecas y computadores. Es decir que de no aplicar políticas de “acción positiva” la educación puede estar contribuyendo a consolidar las “élites”.

Estos resultados se replican en la Universidad; las menores deserciones corresponden a estudiantes de estratos altos, quienes a la vez tienen la mayor probabilidad de obtener mejores resultados en su bachillerato. Igualmente, si los padres son profesionales, la deserción baja. Los bachilleres de menor edad, que en mayor proporción provienen de estratos altos, tienen menores índices de deserción. Analizada la tasa de deserción entre quienes ingresan a la universidad y han trabajado o trabajan se encuentra que ésta aumenta. Todo lo anterior muestra la necesidad de ejecutar políticas encaminadas a lograr que la educación superior sea un motor de justicia social, y no una forma de perpetuar las desigualdades.

Las mayores tasas de deserción se producen en los primeros semestres y las causas académicas son generalizadas deficiencias en comprensión de lectura y en la matemática elemental.

Para iniciar correctivos algunas universidades, entre ellas la Jorge Tadeo Lozano, están reformando el sistema de enseñanza de las matemáticas y ofreciendo a sus estudiantes alternativas pedagógicas que les permitan superar las deficiencias de la educación media.