Feb/26 Luna Gutiérrez (*), Posdoctor en Educación, Ciencias Sociales e Interculturalidad, advierte cómo en tiempos de crisis para la educación superior, la Dirección Estratégica de Recursos Humanos no es un lujo, sino el instrumento que puede convertir la incertidumbre en transformación.
Las instituciones de educación superior (IES) en Colombia atraviesan una de las transiciones más desafiantes de las últimas décadas. La caída en matrícula, la presión financiera, la competencia digital, la expansión de la inteligencia artificial (IA) y los cambios en las expectativas de los estudiantes han puesto a prueba el modelo tradicional universitario. En este escenario, la pregunta clave ya no es solo cómo atraer estudiantes, sino cómo sostener la calidad académica, la pertinencia y la legitimidad social.
Para responder, las universidades necesitan dar un salto: pasar de la administración de recursos humanos a una Dirección Estratégica de Recursos Humanos (DERH), capaz de articular talento, cultura, innovación y resultados misionales.
Del “área operativa” al motor de transformación
Durante años, el área de talento humano en muchas IES se ha concentrado en tareas necesarias pero limitadas: selección, contratación, nómina, bienestar, capacitación puntual y cumplimiento normativo. Esto sigue siendo importante, pero hoy resulta insuficiente. En un contexto de crisis de matrícula y aceleración tecnológica, la DERH debe convertirse en un actor central de la estrategia universitaria, no un área de soporte.
Autores como Dave Ulrich han insistido en que el rol moderno de recursos humanos no es solo gestionar personal, sino crear capacidades organizacionales sostenibles. En una universidad, esa capacidad se traduce en algo esencial: producir y movilizar conocimiento con impacto real.
La ventaja competitiva universitaria: el conocimiento visible
En el sector empresarial se habla de diferenciación, productividad e innovación. En el mundo universitario, lo distintivo es más profundo: la capacidad de generar conocimiento, formar talento y transformar territorios. Peter Drucker ya advertía que en la sociedad del conocimiento el principal recurso no es la infraestructura, sino el trabajador del conocimiento. En las IES ese trabajador tiene nombre: el docente-investigador.
Por eso, la estrategia institucional no puede seguir basándose únicamente en ubicación, precio de matrícula o segmentación socioeconómica. Esos factores pesan, pero no sostienen el futuro. El futuro se sostiene en la calidad del cuerpo académico, la innovación pedagógica y la pertinencia del currículo.
Inteligencia artificial y nuevas competencias docentes
La IA ya cambió el aula, incluso si algunas universidades aún no lo reconocen. Hoy el docente no compite contra la IA: compite contra la irrelevancia. La pregunta es si la universidad está formando para el mundo real, o para un mundo que ya desapareció.
La UNESCO ha planteado que la educación debe responder a transformaciones tecnológicas sin perder su base ética, humanista y social. Esto implica que los docentes deben desarrollar competencias nuevas: Diseño de experiencias de aprendizaje híbridas y digitales, evaluación formativa (no memorística), pensamiento crítico y alfabetización informacional, ética y uso pedagógico de IA, y capacidad de conectar el saber con la realidad territorial.
Lo que deben hacer los departamentos de Recursos Humanos
Si una universidad quiere sobrevivir y crecer, talento humano debe liderar seis apuestas estratégicas:
1) Formación permanente docente con enfoque en IA, pedagogías activas y evaluación por competencias.
2) Gestión del cambio cultural, porque el mayor obstáculo no es tecnológico sino mental.
3) Atracción y retención de talento académico, con criterios claros de meritocracia y proyección.
4) Sistemas de incentivos vinculados a docencia de calidad, investigación aplicada y proyección social (no solo publicaciones).
5) Estructuras organizacionales más planas, orientadas a proyectos y resultados misionales, como propone Henry Mintzberg al analizar organizaciones complejas.
6) Identificar un talento que tenga como inspiración el estudio, análisis de los problemas que afectan y amenazan la vida humana, medio ambiente y demás ecosistemas vivientes.
En síntesis: el futuro de las universidades no depende únicamente de tener plataformas digitales, sino de tener una cultura académica que sepa usar la tecnología para servir mejor al país.
La universidad colombiana está obligada a reinventarse. Y esa reinvención no ocurrirá solo desde rectorías o planes estratégicos. Ocurre desde el corazón humano de la institución: sus docentes, directivos y equipos académicos.
En tiempos de crisis, la Dirección Estratégica de Recursos Humanos no es un lujo: es el instrumento que puede convertir la incertidumbre en transformación. Si las IES logran alinear talento, innovación y misión social, podrán recuperar matrícula, calidad y legitimidad. Si no, seguirán perdiendo relevancia en un mundo que ya cambió.
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(*) Pablo Luna Gutiérrez (pablolunagut@gmail.com). Posdoctorado en Educación, Ciencias Sociales e Interculturalidad. PhD Gobernabilidad y Gestión Pública. Magíster en Dirección. Especialista en gestión Human y Desarrollo Organizacional. Psicólogo. Exdirector Local de Educación de Engativá – Bogotá. Exasesor del Ministerio de Educación Nacional- MEN. Docente de Posgrados-Corporación Universitaria Minuto de Dios- Bogotá
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