Educación superior debe adaptarse a trabajar con niños prodigio

Nov 25/19 Laurent Simons (9 años) culmina en diciembre ingeniería eléctrica en la U. Tecnológica de Eindhoven, mientras que a los 10 años Esther Okade estudió matemáticas y empezó un doctorado.

Ingeniero a los 9 años

Tras graduarse, Simons quiere inscribirse en un programa de doctorado en el mismo campo de estudio. Además, tal y como indicó a CNN este pequeño genio que proviene de una familia de médicos, su materia favorita es la ingeniería eléctrica y después estudiará “un poco de medicina”.

Grandes universidades de todo el mundo ya se han acercado para reclutar a Laurent, pero sus padres, Lydia y Alexander Simons, no dicen dónde planea el joven obtener su próximo título.

Los abuelos de Laurent fueron los primeros en reconocer que tenía ventajas, dijeron sus padres a la cadena CNN. “Notaron algo muy especial sobre Laurent”, indicó Lydia. Luego sus profesores confirmaron que no era un estudiante común

“Nos dijeron que es como una esponja”, dijo Alexander a CNN. “La absorción de información no es problema para Laurent. Creo que la atención se centrará en la investigación y la aplicación de los conocimientos para descubrir cosas nuevas”. 

Laurent proviene de una familia de médicos, pero sus padres todavía tratan de descifrar cómo absorbe el conocimiento tan rápidamente, detalla el New York Post. “Comí mucho pescado durante el embarazo”, bromeó Lydia.

Sjoerd Hulshof, director de educación del programa de licenciatura en ingeniería eléctrica de la universidad, le dijo a CNN que Laurent es “simplemente extraordinario”. “Laurent es el estudiante más rápido que hemos tenido aquí”, dijo. “No solo es hiperinteligente, sino también un niño muy comprensivo”.

Con PhD a los 14 años!!

La genio británico-nigeriana Esther Okade, que obtuvo un doctorado antes de los 14 años, planea tener un banco antes de los 15 años.

Según los informes, Esther, que vive en Walsall, una ciudad industrial en el Reino Unido, no asistió a una escuela formal porque su madre la educó en el hogar; Omonefe Okade simplemente llamó a Efe, quien resultó ser un maestro y un matemático.

Se decía que Esther había crecido como cualquier otra niña de su edad, ya que le encanta jugar con las muñecas Barbie y vestirse como Elsa de Frozen, pero aparte de eso, está por encima de su compañera de edad y sus pares académicamente. Comenzó la escuela como sus compañeros de edad, pero la niña una vez vibrante cambió drásticamente y afortunadamente sus padres notaron el cambio y decidieron enseñarla desde casa.

A los seis años, Esther tomó matemáticas GCSE, una tarea generalmente realizada por 14 a 16 años de edad en el Reino Unido y aprobada.

El genio ama tanto las matemáticas que escribió una serie de libros titulada Yummy Yummy Algebra.

Comenzó su curso universitario con una nota excelente como una de las estudiantes más jóvenes de pregrado y ya era la mejor de su clase, obteniendo una puntuación perfecta en su primer examen.

Hablando sobre su curso universitario de estudios, matemática financiera, Esther dijo que quiere terminar todo el curso en dos años y quiere tener un banco para cuando tenga 15 años debido a su amor por los números. Ella afirmó que le gustan las personas y que la banca es una forma de ayudarlos.

Universidades flexibles a estos públicos

Sjoerd Hulshof, director del programa de ingeniería eléctrica de la Universidad Tecnológica de Eindhoven, dice que “esto no es tan raro. A los estudiantes especiales nosotros les damos las facilidades para que puedan hacer sus estudios de la misma manera como lo hacemos con los deportistas”. 

Para el académico de la Universidad Simíon Bolívar. en Cúcuta, Carlos Corredor Pereira, en su escrito titulado ¿Genios o tipos de sociedad?, estos casos nos hacen reflexionar acerca de la educación en Colombia, tanto la preuniversitaria como la misma universitaria.

Según Corredor:

“La primera pregunta sería: ¿podría Luisito Gutiérrez o Juanito López, niños brillantes pero de apenas siete años, matricularse en una universidad colombiana? La respuesta es no, porque en nuestro país, donde existen normas para todo, es requisito para entrar a la universidad tener el diploma de bachiller debidamente firmado y registrado. Y para tener el diploma de bachiller, es necesario haber cumplido con el pénsum decretado por el Ministerio de Educación, en una rigurosa secuencia anual y con unos temas de estricto cumplimiento, dentro de los cuales ya no figura la historia, ni la cívica, ni la ortografía, ni la convivencia ciudadana condensada en la palabra urbanidad. 

En nuestro sistema educativo, férreamente estructurado, no hay lugar para los niños genios o los niños con capacidades extraordinarias en las artes o en la música y que no se acomodan al sistema.  Y si esto es cierto en la educación media, ¡qué podemos decir de la educación universitaria! Con la loable intención de asegurar y mantener la calidad de la Educación Superior, se estableció otro sistema inflexible que gobierna por igual el pregrado y el posgrado, en el que la Ley 1188 de 2008 no define calidad, sino “condiciones de calidad”. 

Su decreto reglamentario establece procedimientos para comprobar esas condiciones de calidad y le encomienda a unos “pares” que, usando una minuciosa lista de chequeo, determine si cada uno de los artículos de la lista tiene soporte documental que asegure que no se le está presentando algo falso al Ministerio. 

Y de calidad ¿qué?  ¿Puede ser calidad el que el programa se justifique porque hay otros programas en el país o en el exterior con el mismo nombre?  Y si es un programa nuevo que se podría abrir en una sociedad del primer mundo, ¿podríamos abrirlo aquí, donde hay muchas personas que no creen que en Colombia se pueda hacer ciencia básica ni ciencia social y que, por consiguiente, no podemos inventar nada nuevo en educación?

Una y otra vez nos dicen los verdaderos expertos que en diez años, muchas de las carreras que hoy ofrecen las universidades habrán desaparecido y habrán aparecido otras nuevas. La universidad colombiana no está preparada para afrontar este hecho. Tenemos que flexibilizar nuestro modelo, inclusive para permitir que  Laurents o Esthers nuestros, puedan acceder a una universidad que mira al futuro y no se aferra al pasado para cumplir su compromiso con la sociedad”.

Adaptación de medios varios