Educación superior favorece la exclusión en el acceso: Rector U. La Gran Colombia

Sept 20/19 Santiago Castro, rector de la U. La Gran Colombia, cuestiona las restricciones para estudiantes no pilos o sin talento o dinero para pagar matrícula en las IES del G-10.

El G-10 es el autonombre creado por las primeras 10 universidades acreditadas del país, con gran capacidad de influencia en algunas de las decisiones del Ministerio de Educación. Estas son las universidades de Los Andes, Antioquia, Pontificia Bolivariana, EAFIT, Externado, Industrial de Santander, Javeriana, Nacional de Colombia, Norte y Valle.

Algunos, que no son del G-10 consideran que algunas acciones del sistema de aseguramiento de calidad, están orientadas a favorecer la demanda y crecimiento de IES como éstas, con el riesgo de afectar el desarrollo institucional de las otras.

La siguiente es la opinión de Castro Agudelo:

Hace carrera en Colombia, como ha hecho en Chile, una idea que, de materializarse, dejaría a la clase media en una situación muy difícil al momento de querer ingresar a la educación superior: es costosa y solo se requieren algunos programas, los demás hay que limitarlos o suprimirlos.

Es decir, la joven que ha soñado con estudiar Filosofía porque en el colegio leyó fascinada “El mundo de Sofía”, o el joven que se preparaba para ser escritor, encantado con los cuentos de Cortázar, los poemas de Neruda o el mundo de Macondo, hoy estarían viendo un chispero. Incluso quien escribe, que decidió estudiar Historia y siempre tuvo el respaldo de su familia para ello, hoy se enfrentaría con que dicho programa podría ser cuestionado, pues “no se encuentra un anexo con un estudio de empleabilidad sólido y claro, que garantice al egresado encontrar un espacio en el mercado laboral”.

Recuerden queridos lectores aquella escena de la película “El último emperador de la China”, cuando Puyi, otrora cabeza del imperio, se presenta ante las autoridades del régimen comunista y sugiere que podría estudiar Medicina. La respuesta es contundente: médicos no se requieren y lo mejor es optar por la jardinería. Pues bien, en esta democracia tan admirada y respetada en la región y en el mundo, empezamos a transitar por ese camino.

El asunto es relativamente sencillo: los mejores bachilleres, sin importar el nivel de ingresos de su familia, pueden optar por la educación superior pública, pues no tendrán inconvenientes para superar el examen de admisión. En el caso de otros bachilleres, no los mejores, siempre que tengan la posibilidad de costear pregrados que superan los diez millones de pesos por semestre, tampoco tendrán inconveniente, pues su familia hará los pagos sin tener que dejar de comer para ello.

El problema es que estos dos conjuntos de personas son en Colombia una minoría. A las demás se les quiere impedir que tengan la posibilidad de estudiar lo que quieran en universidades populares, fundadas y pensadas para la población trabajadora, para la clase media. Algunos ahora pretenden que aquellas universidades que no transiten a ser grandes centros de investigación, con robustos presupuestos y alto número de doctores para ello, desaparezcan. Las demás que se concentran en docencia, en orientar procesos de formación aprovechando las investigaciones que otros hacen y que optan por mantener matrículas justas, para que todo aquel que quiera estudiar lo haga, somos hoy sin duda una especie de ‘patito feo’ con el que no quieren caminar los “mejores”, que se baten como les toque por los rankings.

Suben y suben en esos escalones y olvidan aquella frase que alguna vez me recordó un profesor de Filosofía y que, entre otros, algunos atribuyen a José Joaquín Brunner: “No podemos hablar de universidades exitosas en sociedades fracasadas”.

La opción para esa población trabajadora tiene que ser entonces la educación técnica y tecnológica, vital para cualquier sociedad, pero que no debe ser la única opción. ¿Quién dijo que si los jóvenes quieren estudiar Filosofía no lo pueden hacer porque no es claro que vayan a conseguir empleo? ¿Cómo así que, si la hija de un trabajador sueña con estudiar Literatura y no pasa el examen de admisión en una universidad pública, tiene que estudiar una carrera técnica o tecnológica porque no alcanza a pagar los más de diez millones de pesos que cuesta el semestre en una de las del G-10?

Lo más importante es garantizar que en Colombia podamos estudiar lo que queramos, lo que nos haga felices. Pero hay quienes sugieren que no, que eso es perder tiempo y plata, y entonces, como en los mejores sistemas totalitarios, hay que obligar a los súbditos a estudiar lo que el Estado requiere. Triste camino que muchos aplauden sin detenerse a pensar en las consecuencias.

Julio César García Valencia inauguró la jornada nocturna en la Universidad La Gran Colombia y demostró que se puede trabajar y estudiar. Lo hizo con éxito. Hoy se pretende limitar la libertad de elegir y limitar las opciones de educación superior para todos, alegando el discurso de que la calidad cuesta y mucho. Como siempre, la mayoría es la afectada. No tendrá cómo pagar su ingreso al “top ten” y no logrará un cupo en la opción pública

¡Viva la democracia!