Abril/23 Lopera, director de www.universidad.edu.co, cuestiona la falta de una agenda pública, técnica e inspiradora en temas de educación superior por parte del actual gobierno y de la nueva Mineducación.
Las cosas como son: A 8 meses del gobierno de Gustavo Petro, el sistema la educación superior sólo registra muchos anuncios: de reforma a la Ley 30, no concretados; de nuevas universidades, aun en el papel; de una supuesta reforma del SAC, más de forma que de fondo; y del deseo de reivindicar el derecho de la población históricamente excluida de las decisiones claves y del aparato educativo, con avances más retóricos que prácticos.
Algunos dirán que es muy temprano para hacer una evaluación de resultados de un gobierno al que le faltan más de tres años. Sí es temprano, pero no equivocado. Las reformas y agenda educativa son de largo plazo y si 4 años es poco tiempo, el panorama se nubla cuando se carece de líderes y de propósitos inspiradores.
Tras muchos anuncios y cambio de ministro, el sector privado comienza a mostrar preocupantes grietas en sus bases financieras, la desarticulación entre actores aumenta sus brechas, la internacionalización en educación superior es casi inexistente, la calidad pierde terreno, la inspección y vigilancia carece de protagonismo, el fomento se malinterpreta con cobertura, no existen propuestas ambiciosas y desafiantes para que la educación superior se ponga al día en su capacidad de respuesta a la tecnología y a las modalidades educativas alternativas que están ganando un espacio cada vez mayor entre la opinión pública, las apuestas en el Plan Nacional de Desarrollo son criticadas por no estar sintonizadas con la realidad del sector y la pertinencia de la educación superior como fundamento para apalancar el desarrollo del país no parece ser de interés en la agenda política del actual gobierno, que parece desconocer que sin articulación de ésta con el empleo aparece una tranca más para la desaceleración de la matrícula y del sector.
Las cosas como son: El tiempo de espera para la nueva ministra de Educación, Aurora Vergara Figueroa, y su equipo en educación superior, ya se agotó. La paciencia y la prudencia de los rectores, esperanzados en anuncios, también se acabó, y parece ser un consenso la opinión callada entre estos y otros actores claves del sector en el sentido de que una cosa es la historia de vida de la ministra y su suave personalidad, y otra el hecho de que el Ministerio de Educación Nacional no puede caer en picada en el protagonismo que el país debe dar a la educación superior; que requiere una ministra (y de paso una viceministra) que demuestren un experimentado y efectivo conocimiento del sector, autoridad técnica a la hora de hablar y un proyecto y motivaciones gerenciales claras y prospectivas que, a la fecha, no se han visto.
Entiéndase que esta no es una crítica de género, raza, enfoque regional o político hacia la ministra y la viceministra Ana Carolina Quijano. Es una observación frente al silencio de éstas, a la ausencia de agenda pública, a la desintegración de equipos de trabajo, a las motivaciones políticas que se ven en un gobierno que pese a prometer mucho en educación superior no ha sido capaz de impulsar una debida reforma al respecto, y a la incapacidad ministerial de aprovechar que, como pocas veces se ha visto, el sector, los rectores y las distintas asociaciones, están mayoritariamente arrodillados al gobierno Petro (bien porque las IES públicas están a la espera de que las tengan en cuenta para los 500 mil prometidos nuevos cupos -y de allí se entiende más fácilmente por qué el SUE Caribe se animó a darle un Honoris Causa al presidente Petro; mientras las IES privadas siguen a la espera de algunas “migajas” de apoyo estatal para enfrentar la desaceleración de sus matrículas e ingresos; o bien porque literalmente hay miedo entre muchos rectores porque el Gobierno -al estilo de lo que hizo en el Icetex- promueva políticas inconsultas y poco o nada técnicas que afecten el inestable pero aún manejable statu quo actual).
En agosto pasado el sector educativo inició con el ministro Alejandro Gaviria, mediático, muy conversador y politiquero, que “logró” disimular las falencias de conocimiento y cancha en un viceministerio de Educación Superior, demorado en articular su equipo y con la entonces viceministra Vergara totalmente opacada por éste y ayudada por su propio silencio, dado que Gaviria venía de ser rector de la Universidad de Los Andes y porque -con o sin razón- enfrentaba el debate sobre el rol de la Universidad y temas críticos del sector. Es público que Gaviria salió por sus diferencias con el presidente en el tema de la reforma a la Salud, y poco público, pero sí aceptado en el sector educativo, que su gestión como Mineducación fue pobre, gris, más llena de anuncios y promesas que de concreciones.
Y así como se le pidieron cuentas y claridad a Gaviria, desde el momento mismo de su posesión, se debe pedir claridad y un norte preciso a la ministra Vergara. En un contexto político tan complejo como el colombiano, y un gobierno tan comprometido con cambios esenciales -entre ellos cobertura, gratuidad y calidad- los ministros deben ser “zorros” para impulsar reformas, convencer al país, trabajar con el sector y negociar con el Congreso, y al parecer el estilo de Vergara no es ese. Su inducción pasó hace mucho, pues tuvo casi 7 meses como viceministra de Educación Superior, al igual que su reemplazo -Carolina Quijano- quien llegó al Ministerio como asesora un semestre antes de ser propuesta por Vergara. Lograr las metas de cobertura y gratuidad propuestas, construir universidades, reformar integralmente la Ley 30 de 1992 y transformar el Icetex, entre otras apuestas que en el discurso se han planteado por parte del presidente Petro, no se logran por decreto y la experiencia indica que seguramente tomarán mucho más de lo que le resta a este gobierno para finalizar.
A diferencia de Gaviria, que jugó en un escenario muy político y personal, y de quien gran parte del sector ganó la apuesta a que su presencia en Mineducación sería de poco tiempo, Aurora Vergara Figueroa sí tiene grandes posibilidades de quedarse hasta final del gobierno: No es conflictiva, tiene el respaldo de la vicepresidenta Márquez, no arriesga en el escenario del debate político y un perfil (mujer, joven, de color, experta y víctima en temas de género y discriminación, entre otros aspectos) llamativo para la opinión pública, pueden mantenerla como ministra, y ojalá que con ese escenario logre consolidar una agenda, pública, técnica, inspiradora y ejecutiva. Eso, siempre y cuando, algún debate al interior del gobierno, algún dilema ético de la ministra o grupos de presión no claramente identificados le cobren al presidente la falta de agilidad de resultados en el sector.
A lo mejor la educación superior, y especialmente las IES, sobrevivan a este estilo de anuncios con pocos resultados, decisiones sorpresivas y ausencia de rigor; y a lo mejor el equipo de Mineducación (léase de la Vicepresidenta Francia Márquez) llegué hasta el 6 de agosto de 2026 con el poder en Mineducación. Lo que no es claro es qué tanto se avanzará, o retrocederá, como país, en el tema.
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