EEUU: Descubren mafia que cobraba por dar cupos en mejores universidades


Marzo 15/19 Entrenadores y supervisores de exámenes eran sobornados para hacer trampa y permitir la admisión. Debate ético sobre la legalidad y equidad de sustituir el mérito académico por dinero.

Son 50 personas acusadas de haber participado en un fraude de admisión universitaria a gran escala. Estas personas, entre las que hay actores famosos (como Lori Loughlin y Felicity Huffman, de Mujeres desesperadas), líderes financieros y otros magnates de los negocios, presuntamente formaron parte de un complot por el cual entrenadores deportivos y supervisores de exámenes recibieron sobornos para favorecer a sus hijos en la admisión a la universidad en Estados Unidos.

En vez de pagar para ayudarles a preparar los exámenes, están acusados de sobornar al supervisor de los exámenes para enmendar las respuestas incorrectas que dieron sus hijos en los exámenes de admisión. En vez de pagar para llevar a sus hijos de una actividad extraescolar a otra, están acusados de pagar a entrenadores deportivos para crear vacantes falsas en sus equipos en deportes que sus hijos ni siquiera practicaban.

Según los fiscales federales, estos padres incumplieron la ley.

No obstante, las familias más adineradas de Estados Unidos tienen a su disposición múltiples vías legales para comprar la admisión de sus hijos a las universidades, pese a que estas se siguen promocionando como meritocracias, un argumento que desde hace tiempo constituye una parte fundamental para perpetuar el sueño americano.

Está la opción de donar una millonada a una universidad con prestigio, como hizo el padre de Jared Kushner, yerno de Donald Trump, al comprometerse a donar 2,5 millones de dólares la la Universidad de Harvard. También está la opción de pagar por los mejores servicios personalizados (tutores y preparadores para cartas y entrevistas de admisión) diseñados para ayudar a las élites a que sus hijos entren en la selecta Liga Ivy de universidades privadas y otras universidades prestigiosas.

La gente cree que la meritocracia es real y quiere formar parte de ella”, comenta Tressie McMillan Cottom, que ha estudiado y analizado diferentes casos de admisión universitaria. Sin embargo, en comparación con las ventajas de las que disfruta la clase poderosa, las familias con ingresos bajos y de clase obrera están lejos de competir en un terreno de juego equitativo, afirma.

La asesoría especializada Ivy Coach cobra hasta 1,5 millones de dólares por el paquete de servicios más completo, según Brian Taylor, director general de la empresa. Esta empresa se promociona como un servicio privado que ayuda a sus clientes a solicitar su admisión hasta en 20 universidades. Es “el servicio definitivo de atención continua y personal en detalle”, describe su página web.

Taylor reconoce que el proceso de admisión universitaria es un juego. Los padres acusados presuntamente cometieron el error de saltarse las reglas legales de ese juego.

En vez de pagar para ayudarles a preparar los exámenes, están acusados de sobornar al supervisor de los exámenes para enmendar las respuestas incorrectas que dieron sus hijos en los exámenes de admisión. En vez de pagar para llevar a sus hijos de una actividad extraescolar a otra, están acusados de pagar a entrenadores deportivos para crear vacantes falsas en sus equipos en deportes que sus hijos ni siquiera practicaban.

Esta presunta trama revela crudas verdades sobre la carrera de caballos que supone la admisión universitaria.

“Es un sistema totalmente injusto y ayudamos a los estudiantes a superar un sistema injusto de un juego injusto. Eso sí, lo hacemos éticamente”, justifica Taylor.

Las trampas que usan los poderosos para conseguir acceso a universidades exclusivas suelen suceder fuera de la luz pública. La acusación pone de manifiesto que la promesa de la igualdad de oportunidades para acceder a la educación superior era falsa y ha expuesto la mentira que se le ha vendido a tanta gente sobre los motivos del éxito de algunas personas, según Cottom, profesor asistente de Sociología en la Universidad del Estado de Virginia.

Internet ha estratificado aún más el sistema. Se suponía que iba a democratizar el acceso a la información sobre las instituciones de élite, pero estas universidades no están aceptando a más estudiantes a medida que reciben más solicitudes, sino que la gente con dinero está adoptando medidas mayores para obtener ventajas considerables.

“Las personas con medios para hacerlo pagan para acceder a información especializada que no está disponible de forma democrática”, asegura Cottom, autora de Lower Ed: The Troubling Rise of For-Profit Colleges in the New Economy [Educación inferior: el peligroso auge de las universidades con ánimo de lucro en la nueva economía].

Mientras las demandas amenazan con acabar con la discriminación positiva (uno de los sistemas que ayuda a los estudiantes con menores ingresos a acceder a las mejores universidades), no hay señales evidentes de que las universidades vayan a terminar con ninguno de los procesos que favorecen a los privilegiados, como las ventajas de admisión por herencia.

Pese a la discriminación positiva, los estudiantes negros y de origen hispano cuentan ahora con menos representación que hace varias décadas en las mejores universidades privadas de la Liga Ivy, según informa The New York Times.

Bari Norman, cofundadora y presidenta de Expert Admissions, una empresa de asesoramiento para admisiones universitarias, expresa su deseo de que este escándalo universitario sirva como llamada de atención a las universidades, ya que el sistema actual está estropeado. Según cuenta a la edición estadounidense del HuffPost, Norman sospecha que los encargados de las admisiones ahora mismo están debatiendo sobre la clase de ambiente que ha propiciado que se esté corriendo la voz de las presuntas trampas y la clase de sistema que hace que haya padres tan desesperados.

Sin embargo, Norman mantiene su pesimismo ante las probabilidades de que se produzca cualquier cambio importante.

Su empresa ayuda a los estudiantes a asistir a clases y a actividades extraescolares cuando todavía van al instituto para posicionarse mejor de cara al proceso de admisión. Suelen trabajar con estudiantes a partir de 15 ó 16 años, aunque a veces comienzan antes.

Bari Norman no quiere especificar cuánto cobra la empresa por sus servicios y señala que en ocasiones trabaja de forma altruista.

En Ivy Coach muestran abiertamente sus elevados precios, pero es una tarifa por la que “no se disculpan”, según su página web.

Taylor comenta que el negocio de las admisiones opera en una economía de libre mercado y que las tarifas de su empresa sirven para dar asesoramiento especializado que ayude a los estudiantes a optimizar sus probabilidades de ser admitidos en una universidad de gran prestigio.

“No discrepamos con ninguna empresa que tenga tarifas altas. Discrepamos absolutamente con las empresas que sobornan a entrenadores o a encargados de admisiones”, se defiende por correo electrónico, y añade: “No hagáis trampas en los [exámenes de aptitud] SAT o ACT. Contratad tutores sobresalientes (que probablemente también cobren muchísimo dinero) para que ayuden a vuestros hijos a mejorar tremendamente su nota”.

Tomado de: huffingtonpost