Julio/24 Alzate Salazar, docente universitario, analiza en esta ocasión las múltiples dimensiones del acoso y cómo este se presenta incluso de formas poco convencionales que afectan no solo a los acosados sino a la universidad misma.
Así es como la Universidad ha llegado a transformarse para muchos de sus mejores recursos humanos en una organización “feudal” en la que muchos trabajan en el miedo y algunos otros trabajan para alimentar y desarrollar ese mismo miedo en su provecho particular. Nada se piensa, nada se dice, nada se sabe… Nadie conoce a nadie, en medio del más puro e inquietante silencio de los corderos. (Piñuel, 2010)
Es común en comentarios de prensa, radio y televisión expresiones y escritos sobre el acoso en las escuelas y colegios, o la violencia entre jóvenes y niños para dirimir sus diferencias o envidias. Pero para este caso, trataré de presentar un tema también de actualidad y es el de las diferentes formas de acoso que se da en la Universidad. Esto sucede cuando los excelentes docentes, bien evaluados por sus estudiantes, no tienen la seguridad de su permanencia si no pertenecen a las cofradías o grupos estratégicos -no académicos – que vienen apoderándose de los escenarios universitarios. Pero de parte de los docentes hacia los estudiantes también
se dan acciones de acoso, unas veces intimidatorias, otras veces excluyentes incluso comportamientos racistas y homofóbicos que afectan las relaciones académicas.
Veamos algunas formas de acoso que se presentan en las Universidades que tienen presencia fuerte grupos políticos, económicos y sectas religiosas. En ellas más que la academia funciona la estrategia para mantener el poder, y para ello se forman camarillas casi
masonerías, a las que solo pueden llegar los iniciados en adulación. El acoso estratégico es aquel que forma parte de la estrategia de la institución, es por ello que aparece en varias Facultades y escuelas universitarias dependientes del mismo rectorado. El acoso
universitario estratégico es una compleja patología al servicio, no de los alumnos o la investigación, sino de bandas, mafias departamentales y otros grupos de interés y se manifiesta por la perversión del sistema (Galli, 2014).
El acoso estratégico universitario es la forma como las autoridades se abrogan todo tipo de decisiones para beneficio de los grupos simpatizantes, sin importar los costos académicos que esto acarrea; se nombran en los micro- poderes personas manejables de precario tamiz intelectual pero que saben ser correas trasmisoras del gran poder. La estrategia está en este caso por encima de la razón de ser de la Universidad, la misma que pierde su esencia al convertirse en prenda de empeñe a intereses particulares y no de la Comunidad. Bajo un remedo de democracia liderada por estrategas del poder se legitiman todo tipo de excesos y escándalos en los que debe intervenir la justicia.
En esencia, el poder se define como una relación recíproca que enlaza a dominantes y dominados en la racionalidad política de la imposición o dominio articulado en la obediencia. Se trata de un poder racional y normativo entre los subordinados y el titular, a causa de un vínculo formal que lo describe como un esquema justificado de autoridad. Tal modalidad especial de poder detona la posibilidad genérica de imponer la propia voluntad dentro de una relación social, instaurada en el basamento de la legitimidad. (Weber, 2007).
En este sentido son las acciones estratégicas en la Universidad. Todo funciona en una dirección de poder incluidos la elección de los docentes cuyas hojas de vida y sus soportes no son tan importantes como la capacidad de adecuarse a grupos de aduladores. Este acoso estratégico consentido y practicado casi como algo estructural en la Universidad de hoy y de ayer, se convierte en acoso institucional, al estar soportado y mantenido desde el silencio y la complacencia de un alto número de personas que comparten la vida universitaria.
Así es como la Universidad ha llegado a transformarse para muchos de sus mejores recursos humanos en una organización “feudal” en la que muchos trabajan en el miedo y algunos otros trabajan para alimentar y desarrollar ese mismo miedo en su provecho particular. Nada se piensa, nada se dice, nada se sabe… Nadie conoce a nadie, en medio del más puro e inquietante silencio de los corderos (Piñuel, 2010).
Es común en comentarios de prensa, radio y televisión expresiones y escritos sobre el acoso en las escuelas y colegios, o la violencia entre jóvenes y niños para dirimir sus diferencias o envidias. Pero para este caso, trataré de presentar un tema también de actualidad y es el de las diferentes formas de acoso que se da en la Universidad. Esto sucede cuando los excelentes docentes, bien evaluados por sus estudiantes, no tienen la seguridad de su permanencia si no pertenecen a las cofradías o grupos estratégicos -no académicos – que vienen apoderándose de los escenarios universitarios. Pero de parte de los docentes hacia los estudiantes también
se dan acciones de acoso, unas veces intimidatorias, otras veces excluyentes incluso comportamientos racistas y homofóbicos que afectan las relaciones académicas.
Veamos algunas formas de acoso que se presentan en las Universidades que tienen presencia fuerte grupos políticos, económicos y sectas religiosas. En ellas más que la academia funciona la estrategia para mantener el poder, y para ello se forman camarillas casi
masonerías, a las que solo pueden llegar los iniciados en adulación. El acoso estratégico es aquel que forma parte de la estrategia de la institución, es por ello que aparece en varias Facultades y escuelas universitarias dependientes del mismo rectorado. El acoso
universitario estratégico es una compleja patología al servicio, no de los alumnos o la investigación, sino de bandas, mafias departamentales y otros grupos de interés y se manifiesta por la perversión del sistema (Galli, 2014).
El acoso estratégico universitario es la forma como las autoridades se abrogan todo tipo de decisiones para beneficio de los grupos simpatizantes, sin importar los costos académicos que esto acarrea; se nombran en los micro- poderes personas manejables de precario tamiz intelectual pero que saben ser correas trasmisoras del gran poder. La estrategia está en este caso por encima de la razón de ser de la Universidad, la misma que pierde su esencia al convertirse en prenda de empeñe a intereses particulares y no de la Comunidad. Bajo un remedo de democracia liderada por estrategas del poder se legitiman todo tipo de excesos y escándalos en los que debe intervenir la justicia.
En esencia, el poder se define como una relación recíproca que enlaza a dominantes y dominados en la racionalidad política de la imposición o dominio articulado en la obediencia. Se trata de un poder racional y normativo entre los subordinados y el titular, a causa de un vínculo formal que lo describe como un esquema justificado de autoridad. Tal modalidad especial de poder detona la posibilidad genérica de imponer la propia voluntad dentro de una relación social, instaurada en el basamento de la legitimidad (Weber, 2007).
En este sentido son las acciones estratégicas en la Universidad. Todo funciona en una dirección de poder incluidos la elección de los docentes cuyas hojas de vida y sus soportes no son tan importantes como la capacidad de adecuarse a grupos de aduladores. Este acoso estratégico consentido y practicado casi como algo estructural en la Universidad de hoy y de ayer, se convierte en acoso institucional, al estar soportado y mantenido desde el silencio y la complacencia de un alto número de personas que comparten la vida universitaria.
Pero en la vida de las Instituciones se mueven todo tipo de acciones que tienen como fin el control del poder para garantizar su existencia. En gran medida, desde la cúpula del poder se seleccionan cuidadosamente personaje de exiguas capacidades intelectuales que solo actúan cuidando sus privilegios y cumpliendo las órdenes superiores. El acoso universitario de dirección acostumbra afectar a un solo departamento o cátedra y coexiste con otros departamentos menos contaminados y más dedicados a la excelencia docente y de investigación. Este tipo de acoso, a menudo puede provocar luchas inter-departamentales con graves acusaciones a la excelencia entre docentes; cuando se llega a estos niveles, los alumnos también acaban siendo incluidos en estas guerras de departamentos” (Galli, 2014).
La única salida para evitar estos vicios, es la transparencia en la elección de cargos a partir el mérito y la dignidad. Cuando se eligen dignatarios en las universidades bajo la modalidad de cuota, pago de favores o intrigas la perversión toma asiento y la Institución se vuelve rehén de la mediocridad. Incluso para maquillar el asunto, se hacen remedos de convocatorias para suplir los cargos, pero la verdad es que ya todo está calculado. Aquella Universidad que se rige por estándares de calidad, en la que se respeta la formación intelectual y en la que se practica el libre debate sin temor a represalias, es el lugar donde se forman los mejores seres humanos para la sociedad. Los acosos esbozados hasta aquí tienen presencia en la mayoría de Universidad y en la empresa moderna; estas degeneraciones que permearon la universidad tienen su origen en el mismo avance del neoliberalismo que además de convertir la educación en una forma de competencia desleal, fue desplazando el papel de esta en cuanto a ser el lugar para la construcción de cultura, de saberes, de ciencia y de humanidad.
Ya incluso la crueldad se instaló de tal manera en todos los escenarios de la vida que en la misma Universidad aparece otro tipo de acoso que sanciona a quien no se vincula a las perversidades. El acoso sancionador es un castigo ejercido tanto sobre docentes como sobre alumnos que de una u otra manera cuestionan el “estatus quo”, y una de las manifestaciones más habituales de este tipo especial de acoso consiste en la apertura de expedientes sancionadores. La degradación de las relaciones humanas en la Universidad, en un primer nivel afecta a las nuevas generaciones, ya que los jóvenes ambiciosos tienen mayor facilidad de actuar en este contexto tóxico que los jóvenes con mentes brillantes; La democracia presente en las universidades, basada en consejos y representantes, es la forma de organización ideal para que se instalen y perpetúen los grupos de acosadores, cuando no se hacen elecciones conscientes.
El acoso moral surge cuando ha hecho metástasis la crisis de la Institución con todo tipo de acosos; la emergencia del acoso moral nos ha de servir como luz roja y como alarma para evidenciar el avance, el ascenso y la amplitud de poder acumulado de los “grupos de presión” fuera del control democrático. Las consecuencias del acoso moral en estos espacios de la vida humana, sólo pueden ser interpretadas como la manifestación del éxito psicopático en alcanzar el poder (Galli, 2014).
Combos estratégicos una modalidad de acoso en la Universidad. En la parte final de este escrito, trataré de argumentar las razones por las que la esencia de la Universidad en Colombia, se ha deteriorado no solo por las formas de acoso que en ella se practican, sino por la mutación a la que llegaron los grupos académicos, al terminar convertidos en combos estratégicos. Por lo general, el debate y la producción intelectual no son más que simbolismos o informes en formatos que se construyen juiciosamente para impresionar a los burócratas que el Ministerio envía a revisar programas o Instituciones de Educación Superior, pero no el resultado de un trabajo serio con estudiantes, profesores y sociedad.
Al ser la Universidad una organización en la que habitan dominantes y dominados en relación reciproca desde la racionalidad política, en ella las prácticas son de imposición, dominio y obediencia. El elemento académico se ha disuadido, aunque se pregone y se muestre activismo de programas en páginas web, o en reuniones a donde se llega a escuchar elogios y no a debates académicos. Desde esta perspectiva se ha venido extraviando el horizonte intelectual y académico de la universidad, lo que se percibe con la notoria organización y presencia de estos grupos estratégicos de poder, lo que ha puesto en retirada los círculos de estudio, los grupos académicos, investigadores e intelectuales de la escena universitaria. Se ha extraviado la palabra y el argumento y se ha impuesto la premisa del poder para vencer y permanecer.
Las acciones comunicativas y las posturas racionales que dan vida al mundo académico se han deslucido a tal punto que, aquellos hombres y mujeres con argumentos pasaron al silencio, o fueron reemplazados por personas con alta capacidad de servilismo y mínimo tamiz intelectual. El filósofo de la acción comunicativa, J Habermas nos ilustra en este sentido, la acción comunicativa es aquélla en la que los planes de acción individuales se coordinan mediante un entendimiento intersubjetivo basado en argumentos y convicciones racionales, no según las orientaciones de acción estratégicas de cada cual. Alcanzar dicho entendimiento implica: a) partir de un “mundo de la vida” común de presuposiciones implícitas; b) problematizarlo en alguno de sus aspectos, y c) argumentar sin otras restricciones ni coacciones que la fuerza interna de las razones presentadas por cada cual, para alcanzar (o no) un acuerdo racional” (Habermas, 1987).
Desde la perspectiva habermasiana, se trata no es de lograr cualquier acuerdo que permita coordinar las acciones de los participantes, sino de alcanzar un acuerdo que todos puedan contemplar como válido (basado en buenas razones). En la universidad de nuestro tiempo, no cuentan las buenas razones sino las soterradas estrategias para mantener el poder a como dé lugar. La tesis del ideal comunicativo “libre de coerción” se ha desvanecido cuando no son los mejores argumentos los que habitan en el ideal ilustrado de la Universidad. Es necesario entonces, volver al habla, al debate para ejercer la racionalidad comunicativa
esencia primordial del lenguaje humano y mucho más si hablamos del complejo mundo de la academia. Cuando la fortaleza del poder se acompaña de lo legal y lo legitimo produce efectos positivos y logra la cohesión de grupos y personas para trabajar hacia un fin común.
Para el caso que se viene analizando, las luchas por el poder tal como se practican, solo dejan espacio a rencillas, odios y represión, inclinación propia de los combos estratégicos. El poder, si es fuerte, es debido a que produce efectos positivos a nivel del deseo y también a nivel del saber. El poder lejos de estorbar al saber, lo produce, por esta razón la noción de represión, a la que se reducen generalmente los mecanismos de poder, me parece muy insuficiente y posiblemente peligrosa (Foucault, M. 1992).
El lastre histórico de los procesos democráticos que se viven en el país para elegir a sus gobernantes nos muestra un andamiaje estratégico, en el que no son los debates programáticos los que buscan convencer a los electores. Combos de criminales, de
terratenientes, combos de “las oficinas”, combos de compradores de votos, combos de políticos y gobernantes que hacen trampa para robarse los dineros de los mercados de las familias pobres y de las escuelas, combos de congresistas que se organizan en bloque para montar leyes contra la paz y contra la educación para favorecerse económicamente; por ello, no resulta extraño el término “combos” para hacer referencia a formas de organización de grupos por fuera de los cánones de la racionalidad y la honradez en las diferentes esferas de la vida nacional, pero con mayor énfasis en las relaciones políticas que se practican.
Lo que vive la sociedad permea la estructura y la esencia de la Universidad, ya que esta no puede ser una burbuja incontaminable de los ruidos que la circundan. Ortega y Gasset hace muchas décadas en su contundente texto “Misión de la Universidad”, la describió como “el lugar de la enseñanza superior, del profesionalismo y la investigación o, dicho de otra manera, la institución que forma abogados, profesores, capacitados para ejercer su profesión, y juristas, investigadores, filósofos que tengan en la ciencia su meta y su objetivo”. Una sobrecarga de discursos sobre democracia, excelencia, calidad, humanismo, cultura ciencia se escuchan en oficinas y auditorios, como estrategia para impresionar a evaluadores.
La palabra democracia se diluye en boca de los más anti-demócratas que se usufructúan de la política. Cappelletti respecto a la democracia advierte: Si la democracia se basa, como dice Montesquieu, en la virtud, y medimos la virtud de una sociedad por la de sus «representantes» y las maniobras con las que se hacen elegir, es obvio que nuestra democracia representativa carece de base y puede hundirse en cualquier momento. Bastaría con escuchar a dignatarios que se hacen elegir en las instancias universitarias, ya sea en Consejo de Facultad o Consejo Superior. Normalmente llegan los que menos entienden de mundo académico y de relaciones humanas (Capelleti, 2013).
Hace rato vengo sosteniendo que el ethos universitario en su relación con la sociedad se extravió, al equipararse sin recato alguno a los vicios que han deteriorado el sentido de lo político y la política en el país. Se han abandonado mínimos éticos tal como lo escribió Hoyos Vásquez, y esto apunta a las prácticas políticas con las que se gobiernan todos los claustros universitarios. El ethos de la universidad es el de la identidad de cada comunidad académica con sus tradiciones e ideales, y, a la vez, su apertura a otras comunidades, el reconocimiento de la diferencia y la actitud crítica para buscar en el diálogo la verdad, lo correcto y lo auténtico. En esta búsqueda, los mínimos éticos de la convivencia ciudadana son lo primordial” (Guillermo, 2002).
La época de los combos estratégicos en la Universidad: En este campo, acepto con humildad mi autocritica. En las luchas que he vivido en la Universidad, no puedo declararme inmaculado. Con toda seguridad, he participado en prácticas estratégicas cuando se han dado luchas por el poder. No pocas veces se ha abandonado la iniciativa intelectual para abrazar una estrategia política conforme a las dinámicas del poder que se mueven al interior de la universidad. En mi caso, desde que asumí una postura firme, actuando en contravía a las lógicas de quienes ostentan el dominio en los escenarios de Educación Superior en donde me he desempeñado, fui separado de cátedras y ejercicios académicos. Esto me ha reportado alivio y tranquilidad, para trascender mi postura intelectual de contradecir a otros y dar el paso para descubrir mis propias contradicciones. Además, como lector y testigo de procesos electorales y supuestamente democráticos que viven las universidades colombianas, veo que se han distanciado de los mínimos éticos que la han sustentado históricamente.
Llamaré en este caso combo en la Universidad a aquellos grupos, de docentes, profesores, estudiantes y/ o empleados que movilizan toda su capacidad de intriga para escalar espacios de poder o para mantener privilegios. Cuando se pierde la esencia académica, científica, humanística y cultural de los debates en la Universidad se está dando el peligroso paso para hacer de esta un simple auditorio de masas irreflexivas que actúan movidos por la ambición.
Etimológicamente este término viene del sustantivo «comba» y del quechua «k’umpa» que significa mazo de piedra. También, se le dice combo a un lote de varias cosas que vienen juntas o que se venden por el precio de una, o a un grupo de personas que realizan una misma actividad. Así se agrupan los combos estratégicos desde ideas totalmente contrarias a lo que significa la educación para la sociedad, así mismo en contradicción con el significado de democracia del cual debe ser garante la Universidad.
¿Para qué entonces la democracia? Tal como lo expresé anteriormente, no soy un puritano en la vida política. Tampoco un ingenuo en el acontecer de la vida universitaria. Por ello más que un señalamiento a los vicios que se practican es una invitación a la autocrítica sobre la forma como hemos sido permeados por los desenfrenos de la vida política nacional, pero además por ser cómplices silenciosos para que estas perversiones de la democracia y la política se apoderen de la Universidad. Si al menos llegamos a advertir la transformación inicua de los grupos académicos a combos estratégicos en el ambiente universitario, ya hemos ganado algo. Podríamos decir que el ethos hace referencia a los modos de comportamiento comunes, hábitos, tendencias e incluso convicciones que, sin ser tematizados, determinan el comportamiento de una comunidad. Si no nos atrevemos a pensar al menos en hacer las cosas de otra manera en cada acción propia de la Universidad estaremos dando toda la razón a la advertencia perentoria y pesimista que nos hizo Nietzsche en su momento: “Una vida dedicada radical y auténticamente a la verdad no es posible en la universidad. Y en particular, algo que fuera auténticamente innovador no podría tener aquí su punto de partida” (Hoyos, G.).
La Universidad post-pandemia: repensando el poder. La contingencia que vivimos en todos los ámbitos de la sociedad por la pandemia del Covid19 no tiene comparación en la historia reciente de Colombia. Y para el caso de la educación y de las relaciones académicas en la Universidad el tema es mucho más complejo. Los reglamentos académicos verticales, con los que muchas universidades sustentaban su razón de ser se derrumbaron, y los profesores con sus prácticas evaluativas, se vieron sin el poder que les otorgaba su omnipotencia discursiva. El profesor con su cátedra como látigo para sustentar poder perdió vigencia y los mismos programas verticalmente estructurados por semestres, prerrequisitos sin la flexibilidad curricular y el fundamentalismo bilingüe podrán desaparecer. Habrá que pensar en programas novedosos que vinculen de manera rápida a la vida laboral.
Las relaciones de poder que se movilizaban en la universidad de antes de la pandemia pierden también vigencia, y es de los asuntos mas complejos para superar, ya que con la formación académica que se tiene, no se alcanza a llegar al menos a intentos para cambiar radicalmente esa relación pesada que hemos hecho entre “saber y poder”. Lo que no lograron años de trabajo académico con intentos de ejercicio investigativo, lo logró el coronavirus al romper en mil pedazos las tradiciones de poder que parecían inamovibles en la Universidad. Pero la gravedad está en la persistencia por ignorar los desafíos de la época.
El poder con su trama hace creer a la gente que todo está siendo gestado desde acuerdos que favorecen a las grandes mayorías, sin embargo, los supuestos hechos consensuados ante todo favorecen el poder. En el poder político el legitimador, suscita el consenso tanto de los dominadores como de los dominados, construye el mundo en cuanto supone la capacidad de imponer la visión legítima de las divisiones sociales de éste; se apoya en la violencia simbólica y en el carisma que se ejerce sin coacción física, a través de diferentes formas que configuran las mentes y le dan sentido a la acción. Dentro de este marco estructural- reproduccionista, se reconoce como producción social y simbólica, en lo concreto, el poder de hacer ver y hacer creer. (Bourdieau, 1983)
En la universidad sucede lo mismo, el poder se impone, aunque se arrope de algunas diapositivas que hablan de libre pensamiento, de inclusión, democracia y libertad de expresión. Aquel que no marcha de manera sumisa ante la batuta del poder es declarado
sospechoso. Los Magister, Doctores Pos-doctores que llegan a trabajar, parece que hubieran recibido una formación en sumisión y silencio. Llegan a obedecer y a repetir y avalar la estructura de poder que les dio cobijo para ganar el pan.
Muy pocos profesionales con títulos distinguidos aplican la racionalidad discursiva de la libertad de pensamiento en sus espacios de investigación o de cátedra. La estrategia de ser parte del combo se impone. En el accionar estratégico de los combos que se tomaron la Universidad, fungiendo un proyecto académico encajaron perfectamente en lo que Foucault ha llamado “Microfísicas del poder” a partir de una red soterrada de relaciones estratégicas que terminan falseando el tejido social universitario.
Lo paradójico es que esos combos estratégicos con sesgos ideológicos que han luchado por la inclusión en cada espacio de la vida, al tomarse espacios en la Universidad, practican con más radicalismo la exclusión, y transforman programas o nombran docentes conforme a sus inclinaciones intimas. Un amplio debate debe abrirse en esta materia para que estos combos antiacadémicos se asuman en el contexto de lo que es la Universidad en relación con la sociedad. En esta tarea, deben estar en primera línea los rectores para develar las causas por las que los grupos académicos fueron desplazados por los combos estratégicos marchitando el fin de la Universidad en los campos: intelectual, académico, científico, cultural y social.
Los debates en torno a currículo, prácticas evaluativas, investigación y docencia, antes que obedecer a realidades sociales, por lo general se matizan con los intereses propios de los combos estratégicos cuyo papel es ante todo conservar privilegios por encima de cualquier acción que busque darle un sustento intelectual a los programas. Pregrados, posgrados, maestrías y doctorados, está permeados en gran medida por combos estratégicos que antes que motivar el amplio debate en diferentes esferas de la vida con el estudiantado, se imponen líneas de trabajo académico o se obstaculiza la construcción de trabajos de grado cuando no obedecen a las líneas ideológicas de los asesores. A partir de esta visión general, el principio más importante a reconocer es que el currículo es una construcción social, cuya forma y objetivos están determinados por intereses humanos fundamentales, lo que presupone que
cada contexto educativo es al mismo tiempo social, por lo que en el currículo quedan registrados los restos de las disputas por el predominio cultural (Kemmis, 1993).
En este sentido, sustento y sustentaré la Universidad como lugar para el desarrollo del humanismo, desde el cual elevamos nuestra inteligencia hacia la comprensión de nosotros mismos, así como de nuestro aquí y nuestro ahora. En palabras de Salomón Lerner Febres en su bello texto: Humanismo y Universidad, (UDUAL México 2010): “La Universidad lo cultiva para dar consistencia a la formación de la persona y de este modo se erige en escuela de ciudadanía. El humanismo es un depósito de saberes siempre vigentes; debo agregar que es también una forma de vida, una actitud ante el mundo, una manera de interpretar la presencia nuestra y ajena. Es así que el humanismo es una profesión de fe en el hombre como ser ético, animal dotado de palabra”. Por ello cualquier tipo de tiranía que se geste en la Universidad va en contravía de su esencia histórica y quienes desde sus cargos o representaciones la utilizan para
manipular y llevar adelante sus estrategias e intrigas siempre terminan en el lodazal de la historia.
Bibliografía
Bourdieau, P. (1983). Campo del poder y campo intelectual . Buenos Aires: Folios.
Capelleti, A. (2013). Falacias de la democracia . Bilbao : CNT de Bilbao P 3-4.
Galli, G. (2014). El acoso en escuelas y universidades. Argentina: Ministerio de Educación Nacional.
Guillermo., H. V. (2002). Nuevas relaciones entre la Universidad , el Estado y la sociedad. Bogotá.: Colciencias .
Habermas, J. (1987). Teoría de la Acción Comunicativa. Madrid.: Taurus.
Kemmis, S. (1993). El Curriculum: más allá de la teoría de la reproducción . Madrid: Morata.
Piñuel, I. (2010). El maltrato psicologico en la universidad . Madrid: U Complutenese .
Weber, M. (2007). Socioologia del poder . Madrid: Aliuanza Editorial
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