El desafío de las maestrías “The Power MBA” al modelo tradicional

El desafío de las maestrías “The Power MBA” al modelo tradicional

Oct 15/19 Por menos de 2 millones de pesos y 15 minutos al día por 10 meses logra un máster. No lo acepta el sistema educativo, pero sí la empresa.

Así funciona el modelo “The Power MBA” (www.thepowermba.com), que se presenta como una Escuela de Negocios que ha cambiado las reglas. Se basa en presentar en “clases” de 15 minutos diarios, resumidos en videos, testimoniales y material audiovisual en redes sociales y otras plataformas, “los contenidos teóricos más importantes de los mejores MBAs del mundo (Estrategia, Marketing Digital, Contabilidad…) y ligados al análisis de decenas de casos de éxito (startups, corporaciones y empresas locales), todo ello sintetizado en 250 clases de 15 minutos, a partir de las mejores herramientas y modelos (business model canvas, cuadro estratégico y curvas de valor, Porter, Ansoff, etc.) y del análisis de numerosos casos de éxito”.

Según la publicidad de la empresa,  ya han tenido “más de 10.000 alumnos de España, México, Perú”.

En su publicidad son claros que los programas que ofrecen no están reglamentados por los sistemas de educación superior y no les interesa. “Los máster reglados tienen que atenerse a Planes de Estudios que te hacen perder la flexibilidad”, dicen. Su valor -señalan- está en el reconocimiento del mercado laboral.

¿Tiene calidad?, ¿vale la pena?. Habría que consultar testimonios de estudiantes y empresas que trabajan con estos para validarlo. Lo cierto es que resulta poderosamente atractivo para profesionales que les importe más la práctica, economía y rapidez, aunque eso -tal vez- les quite rigor académico y no lo puedan hacer valer como un título oficial de posgrado.

Otro campazano para el sistema de educación superior.

¿Se puede aprobar un máster estudiando sólo 15 minutos al día?

A propósito de este modelo, el diario español El Mundo, hace un análisis sobre este modelo de aprendizaje, así:

Este modelo de microaprendizaje, más conocido por su nombre en inglés, microlearning, es un viejo conocido de educadores y pedagogos (cabe recordar el famoso «Aprende inglés en 15 días» o el «Toca la guitarra en tres meses») que ha visto cielo abierto con la llegada de las tecnologías y, especialmente, con la mejora de la conectividad móvil. Cualquier contenido comprimido en menos de 20 minutos (vídeos, infografías, o incluso texto) es susceptible de llamarse microlearning: una vídeo-receta de cocina, una aplicación móvil con un juego para aprender las banderas del mundo, cursos de piano online, tutoriales sobre programas informáticos o peluquería, podcasts con charlas inspiradoras, blogs educativos… cualquier temática es apta para esta metodología de enseñanza con tendencia a la gamificación (la mecánica de los juegos trasladada al ámbito educativo-profesional)

«Microlearning también puede ser una búsqueda rápida en Google», Ingrid Mosquera, profesora de la Facultad de Educación de la UNIR. «Twitter, canales de YouTube, blogs…, son todas herramientas educativas que fortalecen los recursos de aprendizaje en abierto, el entorno personal de aprendizaje y la accesibilidad», añade. Esta experta confía en la famosa red social de 280 caracteres como vehículo de contenidos a partir de hilos, debates, encuestas o simplemente para conectar con los alumnos.

En cualquier caso, ¿esta nueva metodología educativa es apta para cualquier perfil de estudiante? La respuesta es rotunda: no. El microlearning requiere de un alumnado con un gran manejo de la tecnología, una sólida preparación para el autoaprendizaje, una gran motivación y que entienda que esta modalidad exprés es limitada. Es decir, que sea consciente de que para conseguir un nivel de experto le hará falta una ampliación de los conocimientos, maduración, reflexión y evaluación. Y que, por tanto, a los 15 minutos de vídeo diarios deberá sumar unas cuantas horas de afianzamiento.

Otra duda frecuente es cómo identificar si la receta milagrosa que venden estos nuevos masters son buenas o puro humo. «Hay que examinar las competencias que proporcionan, chequear que tengan una buena secuenciación temporal y un buen feedback para saber si van a chequear nuestro aprendizaje», respondeÁngel Sobrino, profesor de Tecnología Educativa de la Universidad de Navarra.

«Ahora bien, no hay que caer en la idea de que el microlearning vale para todo», añade Mosquera. «Hay que ser consciente de que esto es para coger nociones, para abrir el apetito. Un aperitivo de un tema al que luego te tienes que acercar de otra manera».

Lo cierto es que esta nueva metodología es una modalidad más del creciente aprendizaje líquido que Zygmunt Bauman requería como necesario para la educación de una sociedad postindustrial caracterizada por un cambio constante y una presencia omnipotente de las nuevas tecnologías. Sorbos de conocimiento para no perderse en medio de un baile sin fin. «Hemos pasado de hacer todo de una forma muy rígida, creyendo que las cosas sólo se podían enseñar de una manera, a creer que vale cualquier cosa», denuncia Mosquera.

A su juicio, la memoria debe seguir siendo base del aprendizaje, que es clave para el desarrollo de nuestro cerebro y nuestra futura forma de pensar. «¿O es que acaso Google es suficiente para todo? Está claro que no ¿No nos aprendemos las capitales de Europa?», señala.

El más importante de los pros del microaprendizaje es la atención. La curva de atención/concentración en un adulto no supera los 20 minutos de media. «Una cosa es atender y otra concentrarse», aclara José Ramón Gamo, neuropsicólogo y cofundador de la Fundación Educación Activa, que explica que podemos seguir durante una hora a un partido de palas que unas personas juegan a la playa, pero eso no quiere decir que estemos concentrados en ello. La atención-concentración tiene unos bloques de entre 15/20 minutos en adultos, y el microlearning se ajusta a estos tiempos. «Los estudios aseguran que de una charla de dos horas es fácil que solo recordemos el 5%, así que es bueno reducir el tiempo de transmisión de contenidos», dice Gamo.

DOSIS DE MOTIVACIÓN

Igualmente, dosificar el contenido en píldoras mantiene al alumno motivado de cara al aprendizaje, y la emoción es clave como punto de partida, según la neurociencia. Ana Fernández-Pampillón, profesora de Lingüística de la Complutense de Madrid y experta en e-learning, y Amelia Sanz, coordinadora del Máster en Letras Digitales de la misma universidad, creen que este modelo de parcelación es eficaz porque nos permite tener acceso a los contenidos según el tiempo disponible. «Si ahora tengo un mes con menos trabajo, puedo aprovechar a hacer el módulo de un curso, o de un máster, parar, y continuar en unos meses», dice Fernández-Pampillón.

Otras ventajas de este método, que son comunes al resto de enseñanzas online, son la posibilidad de repetir los contenidos tantas veces como requiera el alumno y poder asistir a clases de profesores que de otra manera habrían sido inaccesibles, aunque sea por una cuestión de distancia. ¿Pero basta con ver una receta de cocido para saber cocinarlo? No, hay que ponerse el mandil, encender fogones y mancharse las manos. Con el resto de materias pasa lo mismo. En neurociencia, explica José Ramón Gamo, para que un aprendizaje sea eficaz se necesitan tres cosas: transmisión de contenidos, ampliación y afianzamiento de los mismos; y práctica, en la que se reta a los alumnos a implementar los contenidos aprehendidos. Muchos de estos cursos basados en microlearning recurren a foros de debate online entre los estudiantes para sustituir el afianzamiento y la práctica, que en los cursos más tradicionales era orientada y corregida por el profesor;y para la ampliación sugieren lecturas u otros vídeos.

Ángel Sobrino remarca que estas metodologías se llaman de aprendizaje, pero él las ve más bien de enseñanza. «Atomizar de este modo algunos contenidos de información puede ser beneficioso, por ejemplo, para adquirir vocabulario de otro idioma, pero para los aprendizajes más arduos, los que requieren habilidades complejas, no podemos confiar en el microlearning», apunta.

En ese sentido,Jesús Guillén, profesor de Neuroeducación de la Universidad de Barcelona, piensa que a veces se crean ilusiones de competencias: «Creemos que hemos almacenado ciertos contenidos en la memoria a largo plazo, pero luego no es así, no tienen la suficiente solidez para ponerlos en práctica», remarca. Conclusión: el aprendizaje requiere tiempo, esfuerzo cognitivo y reflexión. «Igual no hacen falta 10.000 horas para ser un experto, pero el aprendizaje no se puede disminuir todo lo que queramos», advierte Jesús Guillén, también autor del libro Neurociencia en el aula: de la teoría a la práctica.

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