El Observatorio de la Universidad Colombiana




El error de pensar en la U. para ganar dinero: Omar Raya – feb/21

El comunicador mexicano Omar Raya León cuenta cómo, en ese país (muy parecido a Colombia), se creó el mito de que para ganar dinero había que ir a la Universidad, y cuál es la realidad actual. No descarta la Universidad, pero para fines más elevados.

No tienes que ir a la universidad para ganar más dinero

El mito financiero con el que fuimos engañados los jóvenes tiene un trasfondo histórico.

Si tú como yo invertiste tiempo y dinero yendo a la universidad pensando que tendrías un futuro brillante al egresar, muy posiblemente fuiste víctima de una trampa histórica, como muchos jóvenes de nuestro tiempo.

¿De dónde viene el mito?

De los años 40 a los años 60, México vivió una importante expansión económica, producto del boom de las materias primas y una industrialización producto de que la industria en Europa y Estados Unidos quedó destruida luego de la Segunda Guerra Mundial.

Como producto de esta situación, muchos trabajadores emigraron del campo a la ciudad en toda América Latina, consolidando una nueva clase industrial. Esa generación baby boomer era en una parte importante campesina, que al llegar a las ciudades se dedicó a labores como ser policías, albañiles, jardineros, comerciantes, conductores, y muchas profesiones que no requerían calificación.

Quienes somos nietos de esos migrantes, crecimos con la idea de que era necesario estudiar la universidad, porque ellos vieron las diferencias salariales que había con la mano de obra calificada.

Pensemos que la educación universitaria si hoy no es mayoritaria entre los mexicanos, en los años del milagro mexicano tampoco lo era, pero eran tan pocos que sí podían colocarse como trabajadores en el mercado laboral.

A su vez, los boomers más jóvenes que comenzaron a incorporarse al mercado laboral en la década de los 70, que eran universitarios y pudieron colocarse en el gobierno, pudieron acceder a puestos públicos bien remunerados. Esto se debió a que el gobierno de Luis Echeverría expropió miles de empresas en las que pudo emplear a los jóvenes con salarios estratosféricos.

Aunque estos jóvenes no fueran mayoría, también enviaron la señal de que ser universitario era muy redituable. Durante ese sexenio también se permitió que los estudiantes de la UNAM se incorporaran al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), se creó el Conacyt, y también se creó el Infonavit. Estas acciones las llevó a cabo el gobierno para resarcir su deuda histórica por la tragedia en Tlatelolco y para incorporar a los jóvenes al partido oficial.

Con una extensión de las becas de investigación y para ir al extranjero,  préstamos  hipotecarios y empleos bien remunerados a costa de las arcas públicas sostenidas por los estratosféricos precios del petróleo en esa época, no sorprende que las siguientes generaciones vivieran con la idea de que era necesario ir a la universidad para ganar más dinero.

Este modelo terminó quebrando al gobierno mexicano en 1982, que era un Estado obeso y sobregirado en sus funciones, que al caer los precios del petróleo no pudo mantener el mismo ritmo de gasto público.

¿Qué nos toca a los jóvenes?

Dos generaciones después, los jóvenes en México somos parte de un bono demográfico que no vive el crecimiento económico que los años noventa nos prometieron. Mucho peor, nos están dando el modelo que llevó a la quiebra a nuestro país en 1982, con la diferencia de que no hay precios del petróleo que nos avalen.

Estudiar la universidad tampoco es rentable, porque muchos fuimos a estrellarnos con la realidad de que no hay un mercado laboral que esté dispuesto a contratarnos.

Mucho más importante, lo que no aprendieron las generaciones pasadas (o no nos enseñaron) fue que en los mercados no se paga por cuánto sabes, sino por lo que eres capaz de hacer, innovar o eficientar en los procesos productivos, y eso no necesariamente se enseña en las universidades. Tampoco se nos dice cómo manejar nuestro dinero.

Por ejemplo, al 2020, 70% de los alumnos en la UNAM eran los primeros de la familia en ir a la universidad. Ir a la universidad no es negativo por sí mismo, pues en las familias ricas esto se ve como una oportunidad para hacer contactos para el mundo empresarial.

Para quienes somos de familias pobres, ir a la universidad es vista como una oportunidad para hacernos de un trabajo estable y una única fuente de ingresos. Lo peor es que no son necesariamente habilidades que requieran los mercados; es decir, el prójimo. Te lo prometo como egresado de sociología.

Después de esto, no debería sorprenderte que una persona que tiene un puesto ambulante de comida gane más que tú como egresado en letras, estudios de género, filosofía, letras  portuguesas o antropología. Para la gente vale más comerse un consomé de borrego que tu tesis y análisis sobre el patriarcado o las formas de dominación que supone el panoptismo,  porque estamos saturados de licenciados.

Esto es lo que escritores como Antonio Escohotado han conocido como los enemigos del comercio, porque desde una posición intelectual que se asume como elevada se desprecian estas cualidades, que en realidad son útiles para la sociedad. ¿Y por qué son útiles? Porque ahí donde se pone dinero se están dando señales para que ciertos negocios y servicios sigan existiendo.

Nadie dice “voy a ver al doctor en historia”, a no ser que sea un programa de análisis en televisión o una universidad contratando personal, pero muchas personas necesitan de un médico (aunque en las becas del gobierno actual, como Jóvenes Construyendo el futuro se paga más que a un residente).

Y yo sé que el conocimiento es muy valioso, pero la cantidad de investigadores ha crecido en forma exponencial a nivel mundial. Ser egresado de mútliples carreras es como una estafa piramidal, porque prácticamente solo puedes dedicarte a esto enseñando en la universidad a otras personas que como tú enfrentan un panorama difícil.

En conclusión, para ganar más dinero hay que trabajar en cosas que demanden los mercados y no necesariamente en lo que a ti te gusta. Ir a la universidad es costoso en términos de tiempo y dinero, pero es muy útil en términos de construir contactos y mejorar tus  relaciones  personales.

Así, no te estamos diciendo que no vayas a la universidad. Si vas a ir, trata de que sea algo útil para el mercado, pensando en que las necesidades pueden cambiar. Las energías  renovables, la biotecnología o el área tecnológica están en boga y prometen mucho a futuro. Si estudias lo que tu corazón te dicta, trata de construir buenas relaciones y de pensar en diversificar tus opciones de empleo para que no vivas de uno solo.

Publicado en el portal oinkoink.com.mx

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