Gilberto Cardozo Barreto, Magíster en Educación con énfasis en Gestión y Evaluación Educativa (Univ. Externado de Colombia) y Magíster en Pedagogía de la Tecnología (Universidad Pedagógica Nacional), ha sido investigador en Formación para el Trabajo y en Gestión del Conocimiento para la Innovación en Educación, y cuestiona en el diario La República las prácticas poco académicoas que, según él, se vivencian en el SENA y el preocupante silencio de la actual administración al respecto.
Esto fue lo que sucedió con un artículo hallado en la red: Y al Sena, ¿cuándo le toca?, cuyo contenido, sumado al de otros dos publicados por el Sindicato de Empleados Públicos del Sena: La contratación en el Sena para el segundo semestre 2011, más de lo mismo y ¿Cómo se fabrican convocatorias públicas para ayudar a un amigo?, dejan muy mal parada a la anterior y a la actual administración del Sena, o por lo menos generan ciertas dudas alrededor de tanta belleza pregonada a través de los medios.
Si bien es cierto su actual administración no es responsable de muchos de los males denunciados, sí es necesario que le cuente al país cómo ha encontrado esta institución. Por ejemplo, cómo y en qué circunstancias se encuentran los convenios y contratos con diferentes empresas e instituciones, discriminando cuantía de cada uno y estableciendo la tasa de retorno social y productivo de tan cuantiosas inversiones. Y sería de gran provecho que se indagara el incremento patrimonial de los responsables de firmarlos.
¿Cómo es eso de que los centros de formación certifican en programas que no son de su competencia? ¿Por qué existen dudas frente al número de fichas de matrícula firmadas por aspirantes y la cantidad de certificados expedidos? ¿Por qué la duda en lo relacionado con “las horas asignadas a los instructores de contrato con las que realmente se pueden desarrollar en un periodo académico y con las que humanamente un instructor puede laborar en una jornada de trabajo”?
En lo que tiene que ver con materiales e insumos dedicados a la formación parece que los centros van al garete como ruedas sueltas, según se desprende de su lectura. Y ¿qué es eso de los alimentos con fecha vencida que se les suministra a funcionarios y aprendices?
Otro tanto sucede con la apertura de cursos, que, a pesar de ser una institución pública, cada centro decide motu propio cómo y cuándo ofrece tales cursos. ¿No debería ser permanente la oferta educativa? Además, parece que algunos de estos cursos no se ajustan a las necesidades del aparato productivo; por el contrario, el nivel de expectativa que despiertan sus rimbombantes nombres va en proporción inversa a las posibilidades de ubicación laboral de sus egresados.
Es necesario igualmente que la actual administración revise los vínculos regionales y de familiaridad de los funcionarios con los responsables de su contratación, pues si bien es cierto no existe una prohibición expresa si despierta inquietudes cuando se excede en el número de dichas contrataciones.
Otra cosa que deja un saborcito raro al leer los documentos es eso de que la institución mantiene en su nómina a personas que cumplieron con edad y tiempo de servicio para jubilarse o pensionarse. Eso suena a detrimento patrimonial al Estado y harta falta hace que los organismos de control revisen y le pongan coto a esta situación por demás anómala.
Lo hasta aquí descrito tal vez no sea de la total responsabilidad de la actual administración del Sena, como ya se afirmó, pero eso de la nómina paralela con funciones fuera de lo establecido y funcionarios de planta con funciones de segunda sí amerita una rápida explicación.
¿Cómo así que en las tres convocatorias pasadas no establecieron un perfil para cada cargo a llenar y, por el contrario, cada subdirector de centro lo fijó a su antojo, con lo que se volvió a incurrir en lo que ya el país conocía, o por lo menos intuía: clientelismo y nepotismo?
Por último, respetado señor Director, ¿qué le aporta al crecimiento económico del país convertir esta institución en Universidad Corporativa? Respuestas concretas a estos interrogantes despejarían las dudas, conjurarían las suspicacias y les quitarían piso a los chistes de mala leche que se escuchan en voz baja en oficinas, pasillos, patios y corredores de esta institución.
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