El SENA y la crisis en formación T y T en ed. superior: Víctor Manuel Gómez – abril/22

Victor Manuel Gómez C, Profesor (r). Departamento de Sociología, de la Universidad Nacional de Colombia, plantea cómo el modelo SENA de formación profesional cumple funciones especificas en el sector productivo, pero no debe pertenecer al ‘ethos’ de la educación superior.

Los programas técnicos del SENA acabaron con la matrícula en programas técnicos de IES públicas y privadas (3% de matrícula, ver: universidad.edu.co: La lenta y desapercibida extinción de las instituciones técnicas profesionales’. Marzo /21). Debido a dos razones principales, la gratuidad en programas del SENA y la percepción de mala calidad de programas financiados con matrículas de bajo costo, en IES muy pequeñas y débiles económica y académicamente, sin talleres, instrumentación y dotación requerida para la formación técnica. Algunas de estas IES han demandado la extensión de la política de gratuidad en pregrado en IES públicas, debido a la reducción de su matrícula. (universidad.edu.co: ‘IES privadas, incómodas por no apoyo del Gobierno para gratuidad de estratos 1 a 3’, febrero 7/22).

Muy diciente el análisis de SINDESENA sobre la creciente participación de programas del SENA en la educación superior:

“Entre 2003 y 2018 la matrícula en educación superior en el SENA (tecnólogos y técnicos profesionales), en contravía de su misión, creció en 900%; mientras en las IES la matrícula apenas creció 6 %. En 2003 la Entidad reportó 48.123 matriculados en educación superior, en 2018 aumentó a 485.959. Es tal la inflación de cifras en educación superior involucrando al SENA que, si en 2003 la relación de matrícula entre el SENA e IES (281 IES en 2003) era de 1 a 10, esto es, por cada matriculado en educación superior en el SENA se tenían 10 matriculados en IES, para 2018 esta relación era de 1 a 1 (298 IES en 2018)”. En: ‘TEJIENDO UNA PROPUESTA SENA PARA EL FORTALECIMIENTO DE LA FORMACIÓN PROFESIONAL INTEGRAL’. SINDESENA, 2021 

Esta competencia desigual del SENA también ha afectado fuertemente a los programas tecnológicos ofrecidos en las seis 6 IES T y T públicas y 40 privadas. Lo que ha motivado al gremio ACIET a solicitarle al gobierno que en estas IES privadas se aplique la política de gratuidad en la matrícula de educación superior. (universidad.edu.co: ‘Complejo panorama de la ed. superior privada en Colombia’, enero/22, e ‘IES privadas, incómodas por no apoyo del Gobierno para gratuidad de estratos 1 a 3’, febrero 7/22).

En su momento, 2003, se presentaron fuertes críticas a la intención del gobierno de Uribe de inflar artificialmente matrículas y tasa de cobertura al sumar programas T y T del SENA a los programas y matrículas en la educación superior. Decisión que continúa siendo cuestionada y que ha deslegitimado esa supuesta equivalencia académica entre los programas de las IES y los del SENA.

Los primeros, sometidos a criterios y procedimientos de acreditación y de evaluación de pares, en instituciones pertenecientes al ethos académico de la educación superior formal, con dotación de bibliotecas, centros de estudio y consulta, algunas con talleres y laboratorios, y sobre todo con una planta docente seleccionada con criterios meritocráticos y vinculada a esquemas de remuneración y promoción según productividad académica y titulaciones (Decreto 1279/2002).

Es evidente la desigualdad normativa entre las IES y el SENA, y la competencia desigual por estudiantes dada la gratuidad de los programas del SENA. Con razón las IES de ACIET y otras agremiaciones se quejan de la reducción de la matrícula. Pero en lugar de solicitarle al gobierno la ampliación de la política de gratuidad en IES públicas deberían solicitarle al SENA la financiación de sus programas.

Pero lo más importante de los programas del SENA es la consolidación del modelo ‘ocupacional’ de la formación tecnológica a un nivel intermedio entre el ingeniero y el técnico, en lugar de un campo de construcción del ‘saber tecnológico’, basado en la investigación y la experimentación.

El concepto de ‘tecnólogo’ como nivel ocupacional intermedio entre el ingeniero y el técnico, herencia de la Ley 30, generó los siguientes problemas:

a) El concepto de nivel ocupacional intermedio implica una formación un poco más amplia, o especializada, que la del técnico, no una diferencia cualitativa entre ambas, lo que a su vez generó el conjuntivo Y entre la formación técnica y la tecnológica, como una secuencia natural de formación (secuencia legitimada por la Ley 749 de ciclos propedéuticos), por lo que los fundamentos y requerimientos intelectuales y metodológicos de la segunda (la tecnológica) son los de la primera. Esta formación muy básica y limitada es la que caracteriza actualmente a la mayoría de los programas TyT del SENA y de muchas IES TyT. Y este tipo de formación es muy poco lo que puede aportar al desarrollo tecnológico. En el mejor de los casos a adaptaciones sencillas y mantenimiento de sistemas tecnológicos en la producción. En esta concepción de nivel ocupacional intermedio la formación tecnológica perdió su relación natural con la tecnología moderna; con sus bases científico-tecnológicas; y quedó reducida al segundo ciclo de la formación técnica

b) Esta formación es muy limitada en las bases matemáticas, metodológicas y de ciencias naturales, además del bilinguismo, requeridas en la investigación y experimentación en áreas específicas de las tecnologías modernas.

De acuerdo con convenciones internacionales de Unesco y OECD, este modelo de formación corresponde a la denominación de ‘técnico superior’, mientras el de ‘tecnólogo’ existe en algunos paises como ‘engineering technologist’ o ‘ingeniero técnico’; refrendando la estrecha relación entre Ingeniería y Tecnología.

c) Por otra parte, desde una perspectiva socio-cultural la mayoría de los egresados de programas tecnológicos desean mejorar su estatus ocupacional y social ingresando a programas de Ingeniería, lo que ha generado el esquema curricular de un primer ciclo de formación tecnológica seguido de un segundo ciclo de formación en Ingeniería. Es decir, ‘ingenieros’ de segundo ciclo, de formación mucho más corta que los programas universitarios y con el interrogante de la calidad e intensidad de su formación básica en fundamentos matemáticos, de ciencias naturales y de investigación y experimentación. Algunos de estos programas de ‘ingeniería por ciclos’ se ofrecen en la misma institución o mediante convenios con otras instituciones. ¿Se configura así una pirámide de ciclos de formación con bases de arena?

Por esta razón algunos analistas afirman que la formación tecnológica en Colombia se acabó pues son muy pocos sus egresados con identidad y trayectoria ocupacional en el nivel laboral intermedio que ofrece esta formación. La formación tecnológica como el primer ciclo de la formación en ingenierías. La gran mayoría aspira a convertirse en ‘profesional’. Una pregunta importante al respecto es cuántos han sido los egresados de formación tecnológica en los últimos 10-20 años, según programa e institución, y cuántos actualmente se han convertido en ‘ingenieros de segundo ciclo’ u optado por otras carreras y diplomas profesionales?.  

La Investigación y Experimentación Tecnológica

En otros países la investigación y experimentación tecnológica es la función natural de las ingenierías y ciencias aplicadas, y cada vez más de instituciones especializadas en alguna área tecnológica.

La educación tecnológica moderna, expresada en Institutos y Universidades Tecnológicas, altamente valorada en los rankings internacionales de educación superior, está basada en actividades de investigación y experimentación de objetos tecnológicos, con propósitos de innovación, solución de problemas, y avance de la ciencia misma a través de instrumentos tecnológicos.

El saber tecnológico no se ‘enseña’ de manera tradicional, se descubre y renueva continuamente pues nunca es estático, está en continua evolución. Requiere ‘formación por proyectos’, en lugar de la estructura tradicional de curriculum y docentes, y depende de una relación estrecha y proactiva con el sector productivo público y privado.

La tecnología moderna es un cuerpo cada vez más sistemático y complejo de conocimientos basados en la ciencia. Mientras más moderna o avanzada sea la tecnología (informática, robótica, biotecnologías, nuevos materiales, IA…), más evidente aparece la estrecha relación simbiótica entre los conocimientos científicos y los tecnológicos.

La revisión de los rankings internacionales de educación superior muestra un rápido posicionamiento de Institutos y Universidades ‘Tecnológicas’ en los niveles más altos de los rankings. Ejemplos sobresalientes: MIT, Caltech, University of Science and Technology (China); Delft University of Technology (Holanda), Tokyo Institute of Technology, Instituto Federal Suizo de Tecnología, Universidad Tecnológica de Munich, Royal Institute of Technology (Suecia), Instituto Technológico de Sinpapur, entre otras muchas instituciones similares. Muy pocas son las instituciones colombianas con identidad y capacidad de investigación y experimentación en tecnologías modernas. Colombia carece de capacidad institucional, además de intelectual, de Investigación y Experimentación en Tecnologías modernas, lo que limita seriamente la capacidad de innovación y productividad, y genera una alta dependencia tecnológica, por tanto económica, de importaciones de alto costo.

¿A quién le importa la actual formación tecnológica colombiana?

Le importa a un reducido número de académicos, docentes y estudiantes; un grupo pequeño y autoreferido… No le importa a la clase política de este país. Tampoco al sector productivo que importa la tecnología que requiere. No le importa a ningún candidato en estas elecciones. Durante los 30 años de vigencia de la Ley 30 no le ha interesado al sinnúmero de Ministros(as) de Educación. 

Este desinterés político en gran parte ha sido generado por la hegemonía del neoliberalismo y su carencia de políticas de innovación tecnológica y a la desindustrialización generadas por la apertura indiscriminada a las importaciones de todo tipo de bienes tecnológicos. ¿Para qué generar avances tecnológicos aquí cuando todo se puede comprar en el mercado? Mejor seguir formando técnicos del SENA y desentenderse de la formación tecnológica, cuyas instituciones y docentes tampoco han generado propuestas curriculares alternativas. 

Con excepción de temas de financiación (desde el 2011), la mayoría de IES, incluidas las facultades y programas tecnológicos, se han sometido pasivamente a las normas y decisiones del MinEducación: acreditación, registro calificado, gobierno universitario, elección de rector, participación de estamentos, etc. Muy escaso ha sido el pensamiento alternativo sobre éstas y otras dimensiones de la política de educación superior. Nos merecemos lo que tenemos.., en gran medida por omisión e inacción. En el caso particular de la formación tecnológica, los principales pronunciamientos y críticas son de gremios de IES privadas (ACIET) reclamando beneficios para sus afiliados. Ver: ‘Complejo panorama de la ed. superior privada en Colombia:‘ H. A. Porras. ACIET. Enero 2022. www.universidad.edu.co. 

Pero silencio o indiferencia en las IES y programas públicos. Su problemática nunca ha sido elaborada y divulgada con el fin de lograr apoyo político, no se conocen redes o asociaciones públicas que puedan acordar propuestas específicas de reforma al estado actual de la formación tecnológica. En este vacío de ideas y propuestas, se requiere una nueva visión critica y propositiva de la formación tecnológica.

¿Conviene continuar con el esquema institucional vigente de ‘facultades y programas’ tecnológicos separados curricular y pedagógicamente de las Ingenierías y las Ciencias aplicadas? 

¿O continuar con el modelo actual de ‘tecnólogos’ como ‘técnicos superiores’? Siguiendo el modelo del SENA?

¿Enfatizar la formación de competencias laborales en lugar de una sólida formación científica y metodológica para la experimentación e investigación?

¿Cuáles son las áreas tecnológicas modernas en las que es viable una formación basada en ‘investigación y experimentación’?

Varios importantes efectos negativos de la incorporación de programas T y T del SENA en la educación superior colombiana:

  • Inflación artificial de la tasa de cobertura, ¿30% o más?
  • La competencia desigual con programas TyT de IES públicas y privadas, la drástica reducción de matrícula en programas técnicos, y también en programas tecnológicos, con numerosas IES privadas en riesgo de cierre (Ver: ‘Complejo panorama de la ed. superior privada en Colombia:’ H. A. Porras. ACIET. Enero www.universidad.edu.co.
  • La consolidación del modelo de ‘tecnólogo’ como nivel ocupacional intermedio entre el técnico y el ingeniero, con los efectos ya señalados, en lugar de formación en áreas tecnológicas modernas mediante proyectos de Investigación, Experimentación y Diseño, bases del desarrollo tecnológico.

Las necesidades de modernización y productividad de la economía colombiana exigen una nueva política de educación superior que atienda los cuatro interrogantes planteados sobre el futuro de la formación tecnológica.

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