El Observatorio de la Universidad Colombiana




La lenta y desapercibida extinción de las instituciones técnicas profesionales

Marzo 26/21 Colombia registra 29 instituciones técnicas profesionales, pero en la práctica sólo 8 superan los 500 estudiantes, y más de una docena tienen serios problemas para sobrevivir.

Ninguna está acreditada institucionalmente y de los 40 pregrados técnicos profesionales que están acreditados en el país, sólo 4 se desarrollan en una sola institución técnica profesional (ITP), los 36 restantes se ofertan en IES que no son técnicas profesionales.

Por su número (29), estas instituciones técnicas profesionales representan el 10 % de todas las IES del país (casi 300), pero por número de estudiantes (44.685) escasamente llegan al 2 % de la matrícula total. Vale aclarar que 36.017 de esos 44.685 estudiantes están matriculados en programas técnicos profesionales, y los restantes corresponden a otros niveles formativos en las ITP, que vía ciclos propedéuticos logran ofrecer programas tecnológicos y profesionales.

A manera de referencia, hace 20 años, en el año 2.001, el país reportó (con cifras entonces del ICFES), 52 instituciones técnicas profesionales (incluidas seccionales). Ninguna de las 29 de hoy registra seccional alguna.

Incluso, la cifra de 29 puede ser mucho menor, no sólo por la situación que se presenta a continuación, sino porque algunas de estas responden al mismo dueño, están cobijadas por una IES de mayor tipología, o por una institución de formación para el trabajo y el desarrollo humano.

Colombia hoy registra 684 programas técnicos profesionales, pero estas Instituciones Técnicas Profesionales (ITP), sólo ofertan el 38 % de ellos. Es decir, la mayoría de programas técnicos profesionales NO son ofertados por ITP.

Visto de otra forma, la mayoría de estudiantes de programas técnicos profesionales los cursan en IES diferentes a las ITP. Los registros indican que son 45.464 estudiantes en 80 universidades, instituciones universitarias y tecnológicas (para un promedio de 568 estudiantes por IES) contra 36.017 en las 29 ITP, para un promedio de 1.254.

En ambos escenarios es claro que los programas técnicos profesionales, y especialmente las ITP, poca salida tienen en la demanda educativa colombiana.

 

Las que sobreviven y las que están pereciendo

De las 29 ITP, hay cuatro que no tienen ningún programa activo, lo que significa que en la práctica no están operando. Estas son:

  • Corporación Educativa Instituto Técnico Superior de Artes – Ideartes
  • Corporación Técnica de Colombia – Corpotec
  • Fundación Escuela Colombiana de Hotelería y Turismo – Ecotet
  • Unidad Técnica Profesional de Sevilla – Uniteps

Además, hay tres ITP con 1 ó 2 programas que no registran, en el SNIES 2019 (el último actualizado), matrícula:

  • Escuela Internacional de Estudios Superiores INTER (antes Fundación Politécnica –Corpo)
  • Fundación Centro de Educación Superior, Investigación y Profesionalización – Cedinpro
  • Fundación para la Educación Superior Real de Colombia

De las 22 restantes, estas son las ocho que superan los 500 estudiantes:

  • Corporación Unificada Nacional de Educación Superior CUN, líder en número de estudiantes, con 30.330 de todos los 44.685 de ese sector y con 152 programas registrados (de los 30 mil de la CUN, 24 mil son técnicos profesionales; los 6 mil restantes los tiene en programas tecnológicos y profesionales).
  • El Instituto Tolimense de Formación Técnica Profesional ITFIP, con 3.991 estudiantes
  • El Instituto de Educación Técnica Profesional de Roldanillo – INTEP, con 2.611 estudiantes
  • La Fundación Academia de Dibujo Profesional FADP, de Cali, con 1.993 estudiantes. Es la ITP que registra los 4 únicos programas acreditados de los 464 que están activos en todas estas IES.
  • El Instituto Técnico Nacional de Comercio “Simón Rodríguez”, en Cali, con 959 estudiantes.
  • El Instituto Técnico Agrícola- ITA, en Buga – Valle, con 888 estudiantes.
  • El Instituto Nacional de Formación Técnica Profesional “Humberto Velásquez García”, en Ciénaga – Magdalena, con 694 estudiantes.
  • La Corporación Instituto de Administración y Finanzas CIAF, en Pereira, con 611 estudiantes.

Las siguientes 14 restantes tienen un promedio de 248 estudiantes por IES y 27 estudiantes por cada programa técnico profesional:

  • Colegio Integrado Nacional Oriente de Caldas IESCINOC, con 296 estudiantes
  • Corporación Centro de Estudios Artísticos y Técnicos – Ceart, en Bogotá, con 16
  • Corporación de Educación Superior Suramérica, (antes Corporación Las Mercedes), en Bogotá, con 500
  • Corporación de Estudios Superiores Salamandra, en Cali, con 289
  • Corporación Educativa del Litoral, en Barranquilla, con 310
  • Corporación Instituto Superior de Ed. Social –ISES, en Bogotá, con 392
  • Corporación Interamericana de Educación Superior Corpocides, en Bucaramanga, sin reporte de estudiantes en SNIES a 2019.
  • Corporación Politécnico Colombo Andino, en Bogotá, con 22
  • Corporación Regional de Educación Superior – Cres- de Cali, con 406
  • Fundación de Educación Superior Nueva América, en Bogotá, con 326
  • Fundación Interamericana Técnica -FIT, en Bogotá, con 75
  • Instituto Nacional de Formación Técnica Profesional de San Andrés, INFOTEP San Andrés, con 118
  • Instituto Nacional de Formación Técnica Profesional de San Juan del César INFOTEP, con 467
  • Politécnico Indoamericano, con 2

Algunas de estas ITP se ayudan, en sus finanzas, mediante diplomados y cursos cortos, que no son reportados como programas formales ni de educación superior ni de formación para el trabajo.

Un sector poco definido en sus objetivos y alcances

Según la Ley 30 de 1992, las IES en Colombia se clasifican en universidades, instituciones universitarias, escuelas tecnológicas, instituciones tecnológicas y las instituciones técnicas profesionales (ITP).

Estas últimas son, según el artículo 17, las “facultadas legalmente para ofrecer programas de formación en ocupaciones de carácter operativo e instrumental y de especialización en su respectivo campo de acción, sin perjuicio de los aspectos humanísticos propios de este nivel”.

Esto es, en el entendido del sector, las instituciones “de entrada” o las de más baja escala en el sector de la educación superior.

Generalmente ofertan programas cortos, que han ido bajando en su tiempo promedio de 3 a 1,5 años, y por la ausencia de promoción y cultura de formación técnica en el país, generalmente atienden estudiantes de bajos recursos o que no pueden acceder a programas académicos en universidades, más largos en tiempo o costosos en dinero.

Idealmente ofertan programas concretos en oficios u ocupaciones que no atienden las universidades, pero este no es el criterio que domina a la hora de escogerlos.

Además, paralelo a la formación técnica profesional Colombia atiene la formación técnica laboral, que ofertada por instituciones de formación para el trabajo y el desarrollo humano (ITDH). Aunque se “apellidan” diferente (profesional vs. laboral), se ofertan por entidades diferentes y su orientación curricular es diferente (académica versus laboral práctica), en el fondo el país no tiene claramente definido ni diferenciada la una de la otra.

La formación técnica laboral es, prioritariamente, realizada por el SENA, que se apalanca en las instituciones de formación para el trabajo para titular a más de medio millón de colombianos.

En ese panorama, las instituciones técnicas profesionales enfrentan una competencia muy difícil de asumir: Para sus procesos de registro calificado deben invertir en laboratorios técnicos actualizados, lo cual tiene un alto costo, y para su supervivencia financiera deben cobrar matrícula, pues no tienen los beneficios que el Estado da a las universidades públicas. Mientras tanto, el SENA oferta educación gratuita con modernos laboratorios.

El principal aparente beneficio de la formación técnica profesional, a diferencia de la técnica laboral, es que sus egresados pueden ascender, vía reconocimiento de títulos y homologación de contenidos, hacia una formación tecnológica y universitaria. Es decir, un graduado como técnico profesional tiene posibilidades de ascender más fácilmente en la escala educativa hacia un programa tecnológico y profesional universitario.

No obstante, en ejercicio de su autonomía (pero sobre todo por necesidades de mercado) son muchas las IES, grandes universidades entre ellas, que han decidido reconocer plenamente la titulación técnica laboral como si fuera técnica profesional para que los egresados de este nivel puedan continuar sus estudios.

Basta solo con ver los convenios que tiene el SENA con estas grandes IES para confirmarlo.

Además, las ITP también enfrentan la dura competencia de IES de otra tipología que también ofertan programas técnicos profesionales.

Tipología institucional Porcentaje de estudiantes en programas técnicos profesionales
– Universidades 10,54 %
– Instituciones universitarias y escuelas tecnológicas 34,99 %
– Instituciones tecnológicas 10,27 %
– Instituciones técnicas profesionales 44,20 %

 

La esperanza que creó la Ley 749

Como una forma de ganar espacio sectorial y de mercado, el lobby de algunos rectores de IES técnicas y tecnológicas, logró, en 2002, que el Congreso y el saliente presidente de entonces, Andrés Pastrana Arango, aprobaran la Ley 749, que organizó el servicio público de la educación superior en las modalidades de formación técnica profesional y tecnológica.

En dicha norma, conocida como la ley de ciclos propedéuticos, se dio una nueva definición de las ITP, y se señaló, en el artículo 1, que éstas son IES “que se caracterizan por su vocación e identidad manifiesta en los campos de los conocimientos y el trabajo en actividades de carácter técnico, debidamente fundamentadas en la naturaleza de un saber, cuya formación debe garantizar la interacción de lo intelectual con lo instrumental, lo operacional y el saber técnico”.

Pero lo realmente novedoso allí fue el segundo párrafo: “Estas instituciones podrán ofrecer y desarrollar programas de formación hasta el nivel profesional, solo por ciclos propedéuticos”. Hoy en día continúa la discusión sobre cómo debena articularse los programas técnicos profesionales con los tecnológicos y estos últimos con los profesionales, para llamarse propedéuticos, y cómo debe surtir el registro y la acreditación, pero ese es tema de otro informe.

Es decir, ya no era necesario todo el lobby que hacían estas IES para intentar ser reconocidas como instituciones universitarias o universidades, sino que al ser técnicas profesionales podrían, vía una denominada “redefinición institucional”, seguir siendo técnicas pero con la posibilidad de ofertar programas tecnológicos y universitarios.

Eso potenció algunas IES, tales como la CUN, Infotep e ITA, que -como otras que consiguieron el aval ministerial para operar por ciclos propedéuticos (también IES tecnológicas)- pudieran aumentar sus estudiantes y titular en otros niveles, auncuando su ropaje institucional siguiera siendo el de técnico profesional.

 

¿Por qué se ha llegado a esta situación?

En los ocho años del gobierno del presidente Alvaro Uribe, con su ministra de Educación, Cecilia María Vélez, se hizo una importante apuesta por la formación técnica y tecnológica, y una década después se puede confirmar que académica, cultural, organizacional, administrativa y financieramente este nivel de formación responde a una necesidad de una población cada vez más pequeña (porque el aumento de auxilios educativos gubernamentales han favorecido la matrícula en las universidades y no en las técnicas) que a una vocación de país.

La Asociación Colombiana de Instituciones de Educación Formación Técnica Profesional, Tecnológica o Universitaria – ACIET es, tal vez, la entidad que más conocimiento tiene de la realidad de estas ITP, por su naturaleza, auncuando entre sus agremiadas sólo reúne a 5 de las 29 ITP existentes.

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Para Javier Duván Amado Acosta, director ejecutivo de esta Asociación, la disminución en la institucionalización de estas IES, y que las tiene en crisis, obedecen, entre otros aspectos, a que:

  1. Denotaron un atraso significativo en el desarrollo de sus procesos de Transformación Digital Organizacional, a pesar de contar con programas y escenarios de formación relativos a Tecnologías Aplicadas.
  2. Su bajo número de estudiantes puede responder al nivel de percepción que socialmente se tiene de la formación TyT, especialmente en regiones y territorios descentralizados.
  3. La inversión requerida en términos financieros, para desarrollar con alta calidad sus procesos de formación, contrasta con el nivel de ingresos que las matrículas pueden proveer, aunado a la inversión creciente que demandan los procesos de acreditación de alta calidad.
  4. Los anunciados programas de fomento a la formación TyT no siempre pasan por la institucionalidad de las IES que los ofertan, sino que se entremezclan con la creciente y a veces descontrolada oferta de programas de las ITDH, generalmente más cortos (en su duración) y con menos costo, gracias a la mayor flexibilidad en los procesos de aprobación de oferta, sumado a la oferta un poco indiscriminada que el SENA tiene en la actualidad en este nivel de formación y a costo cero para los estudiantes.
  5. Los programas de becas, ayudas financieras, fomento a la formación TyT, fondos de apoyos financieros y demás rubros disponibles dentro del sistema educativo colombiano, no tienen una real alineación con las necesidades de formación desde la perspectiva TyT, especialmente en las regiones y territorios, sino que cubren áreas geográficas que pueden desaprovechar tales estímulos en detrimento de regiones y territorios donde su impacto podría ser excepcional.
  6. La representatividad de las ITP dentro los entes estatales de toma de decisiones y la normatividad asociada a la institucionalidad de la educación superior, tradicionalmente considera que sus acciones y academia se desarrollan con exclusividad en el seno de las Universidades.
En desarrollo del último punto enumerado por Amado, es significativo que el sistema de educación superior colombiano poco o nada se enfoca en desarrollar políticas focalizadas para la educación técnica, que el último esfuerzo al respecto fue el frustrado SNET (Sistema Nacional de Educación Terciaria) que intentó potenciar el reconocimiento de la formación técnica, mas no de las ITP, y que curiosamente en el Consejo Nacional de Educación Superior CESU, hay un vocero de las 29 IES técnicas profesionales (que ahora es la rectora del Inst. Nac. de Formación Técnica Profesional de San Andrés, Silvia Elena Montoya Duffis– foto) mientras que las instituciones universitarias privadas, que son más de 100, no tienen representación.

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Consideraciones para el urgente y necesario debate

  • ¿El sistema va a dejar que el mercado desparezca estas IES de forma indolora?
  • ¿Qué responsabilidad social y legal tiene el Estado por las pérdidas financieras y cierre de ITP que, a diferencia de las ITDH, se aprobaron y desarrollaron como IES sin ánimo de lucro, para contribuir con el servicio público de la educación superior?
  • ¿El concepto, la utilidad para el país y la operacionalización de la formación técnica va a seguir navegando en las aguas de la ausencia de un diálogo nacional al respecto y las tensiones entre las ITP, las ITDH, el Sena, y los desacuerdos entre Mineducación y Mintrabajo?
  • ¿Cuál es el proyecto de país, y análisis desde Mineducación de la formación técnica profesional y su relación con la técnica laboral, y la ausencia de oferta significativa de formación técnica profesional en la mayoría de municipios del país?
  • ¿La flexibilidad curricular, la tecnología, los ofertentes extranjeros, el esperado y no desarrollado marco nacional de cualificaciones y la distancia entre lo que ofrece la educación superior y espera el mercado, no estarán dando paso a una revisión completa de los niveles y tipologías de todo el sistema de educación superior colombiano?
  • Finalmente, dos preguntas que hace en sus análisis Victor Manuel Gómez, experto en el tema, ¿es posible una educación técnica moderna en instituciones privadas financiadas con matrículas de pobres?  ¿Es posible la oferta pública de calidad y pertinencia en condiciones de desfinanciación de las entidades y pobreza de los aspirantes? No hay que olvidar que la educación técnica moderna es mucho más costosa que la académica tradicional.
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