El sistema de educación superior y las universidades con ánimo de lucro

“Pareciera que estuviéramos condenados al complejo de inferioridad. Pues no es así, nuestro modelo de educación superior colombiano va ganando terreno y estamos dando muchos ejemplos de progreso, por lo menos en educación superior”, afirma el rector de la UDES y exdirector de Colciencias, Jaime Restrepo Cuartas, con referencia al ruido que genera el debate sobre el ánimo de lucro, en el Periódico Debate.

Este tema  de las Universidades con ánimo de lucro, se viene discutiendo desde el empalme del Presidente Santos con su antecesor el Ex-presidente Uribe, obviamente entre los comisionados de la Ministra anterior, Cecilia María Vélez y los del Presidente entrante. Allí, quien iba a ser la Ministra, la Doctora María Fernanda Campo, propuso el tema en la Comisión, y el ejemplo para fortalecer la discusión fue Brasil, un país que había hecho uso de ese modelo, en tiempos del Presidente Lula da Silva. Se decía que el proyecto había sido exitoso y que se había multiplicado la cobertura en un 500 %, lo cual es cierto, si de hablar de cobertura, se trata.

Esta idea fue de inmediato acogida por el Presidente Santos, quien puso otro ejemplo, el de China, que aumentó un 20% de la oferta con el sector privado, y empezó a divulgarla y defenderla en la reforma a la Ley 30 de 1992, propuesta por el Ministerio. Las reacciones en contra comenzaron de inmediato no solamente en las universidades públicas sino también en las privadas y el modelo fue cuestionado fundamentalmente por el riesgo de deteriorar la calidad de la educación superior, que en Colombia, pese a que los niveles de ella en la educación básica y media son muy bajos, no lo son del mismo modo en la educación superior.

Lo cierto es que fue predominantemente esta idea lo que dio al traste con la propuesta de reforma a la educación superior, e hizo que el Gobierno, en lugar de negociar, retirara primero el articulado correspondiente al tema de las universidades con ánimo de lucro y luego la propuesta completa, que ya había sido radicada en el Congreso de la República, mientras las fuerzas de oposición, de estudiantes, profesores y rectores, crecía, pese incluso a los esfuerzos de la señora Ministra por mantener su propuesta, en múltiples reuniones en donde expertos nacionales e internacionales intervinieron, unos a favor y otros en contra.

El resultado que conocemos es que hay múltiples proposiciones alrededor del tema; unos son delineamientos estratégicos, como los de la Asociación Colombiana de Universidades, ASCUN; existe un proyecto del Movimiento Estudiantil, agrupado en lo que se conoce como “MANE” que agrupa a sectores radicales; otros proyectos que no han salido a la luz pública, del profesorado organizado; cantidades de reuniones de rectores, profesores, estudiantes, empresarios, expertos, muchas de ellas convocadas por el Ministerio de Educación y una sensación que se siente en el ambiente: no habrá reforma, por lo menos en los cuatro años del Gobierno del Presidente Santos.

Lo que hoy se sabe, es que los resultados del Brasil fueron exitosos en cobertura más no en calidad; que el sector privado fundamentalmente piensa en la rentabilidad que puede dar la educación en países en donde las coberturas son aún muy bajas y que, aunque expresan que lo importante para ellos es la pertinencia de los programas para atender las necesidades del país y específicamente del sector empresarial, lo que no estarían dispuestos es a sacrificar las inversiones y no tener utilidades, fenómeno que vemos ocurrió también con la salud en Colombia, donde muchas EPS, haciendo eco a su mayor eficiencia sobre el sector público, se enriquecieron a costa de la salud de los colombianos.

La participación de las Universidades con el sector privado en Colombia ya no es ninguna novedad; las relaciones Universidad-Empresa-Estado se han venido fortaleciendo; las universidades hacen asesorías y consultorías; hay investigaciones apoyadas por el sector privado que se beneficia con los descuentos y exenciones tributarias; en el sistema general de regalías se comienzan a ver proyectos conjuntos; y además, las empresas han aprendido a ver en la ciencia una fortaleza, por eso tienen sus propios centros de I+D y reciben como subsidios la co-financiación de proyectos o los phD, que se les entregan en las convocatorias de Colciencias.

¿Será que tenemos que repetir experiencias malas para desandar nuestros propios caminos, por simple obsecuencia? El modelo colombiano de educación superior combina la educación pública con la privada en proporciones similares, los procesos de acreditación institucional y de programas están llevando a las universidades a rangos muy aceptables de calidad y se nota claramente un proceso de mejoramiento continuo. ¿Por qué lo nuestro siempre tiene que ser malo y cual es la razón para que estemos siempre buscando que modelos copiar de otros países? Pareciera que estuviéramos condenados al complejo de inferioridad. Pues no es así, nuestro modelo va ganando terreno y estamos dando muchos ejemplos de progreso, por lo menos en educación superior.

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