Marzo de 2023 – Hernández, profesor de la Universidad Pedagógica Nacional reflexiona sobre la relación y los roles entre el docente y el investigador.
El modelo universitario humboldtiano de 1820 centrado en la investigación, con el célebre “seminario alemán”, tenía entre sus propósitos sustituir la cátedra magistral propia del modelo universitario medieval y napoleónico. Así se comenzó a pensar que la universidad debía dedicarse principalmente a la producción de conocimiento. Con el tiempo se fueron consolidando algunas ideas derivadas de ese propósito, como creer que la investigación es más importante que la enseñanza, y dar por sentado la supuesta superioridad del profesor que investiga sobre aquel que “solo” enseña.
Esto se refleja hasta nuestros días, ya que según parece hay más prestigio académico en presentarse como “docente investigador” que solo como “profesor”. Suponemos que alguien que investiga es alguien que sabe enseñar; sin embargo, esa presunción no siempre se cumple. En un hecho inédito, hace unos años en una universidad privada colombiana los estudiantes bloquearon los edificios para exigir mejores clases. Su consigna era la siguiente: “¡queremos menos doctores y más profesores!”. Para aquellos estudiantes era claro que alguien con formación académica de alto nivel no necesariamente es alguien que sabe enseñar. Lo experimentaban diariamente en sus clases.
Desde luego que la investigación es importante, pero eso no implica minimizar la relevancia de la enseñanza. La investigación permite comprender y explicar conceptualmente el mundo, además de sentar las bases para la fundamentación tecnológica que eventualmente mejora nuestras vidas. Las universidades han perfeccionado centros de investigación que promueven el análisis de los fenómenos circundantes, y sin ella, no viviríamos como lo hacemos en la actualidad. Por su parte, la enseñanza permite el acceso a nuevos conocimientos y a la producción de ideas sobre áreas específicas de pensamiento. La imagen de que la enseñanza es la transmisión de ideas, perteneciente a la década de 1960, dejó de operar hace tiempo, razón por la cual hoy consideramos que la enseñanza es mucho más que eso. Tal vez estamos tan preocupados por la investigación que descuidamos la enseñanza.
Quizá con excepción de los licenciados, en Colombia la mayoría de los que nos dedicamos a la enseñanza universitaria no estábamos preparados para hacerlo. En nuestros pregrados no nos enseñaron a hacer una clase, por lo que podemos decir que lo fuimos aprendiendo en el camino ¿recuerdan su debut como profesores y profesoras? Los estudios sobre este tema muestran que lo primero que hacemos es replicar los modelos de enseñanza de nuestros profesores más significativos, y que con el tiempo vamos desarrollando estilos más o menos personales, aunque no siempre sean los más adecuados.
Hoy en día existen varias comunidades académicas que están preocupadas por mejorar su enseñanza. Profesores y profesoras universitarias de ingeniería, derecho, medicina, psicología, biología, etc., están preguntándose por la manera más conveniente para resolver las dificultades en su trabajo pedagógico y didáctico. Se trata de una iniciativa que debe apoyarse de la misma forma como se apoya -y se exige- la producción académica derivada de la investigación. Enseñar es una actividad que requiere mucho esfuerzo. Diseñar un curso, evaluar, actualizar la bibliografía, elegir recursos, explicar un tema, etc., implican varias horas de trabajo y dedicación.
Una buena idea es que las universidades promuevan espacios institucionales para que los profesores y profesoras reflexionen sobre la enseñanza de su profesión, y donde aprendan unos de otros a partir de sus experiencias. Quienes estén interesados podrían incluso estudiar algunas teorías y aplicaciones recientes de las ciencias de la educación y de la pedagogía para pensar en su propio trabajo. Además, podría compensarse la producción de manuales de estudio o libros con fines didácticos, así como se compensan los libros resultados de investigación. Probablemente existirán otras buenas ideas.
La enseñanza también tiene cierta mística. La profesora y astronauta Christa McAuliffe dijo en 1982 que enseñar era como tocar el futuro, dándonos a entender la belleza que veía en su trabajo. Quizá por eso es por lo que recordamos con tanta admiración y respeto a nuestros profesores y profesoras más significativas, aquellos que nos enseñaron con entusiasmo; aquellas que nos ayudaron a aprender con entereza. Ojalá todas las universidades vieran a sus profesores de la misma forma, y valoraran la enseñanza tanto como la investigación. Ser un “profesor enseñante” merece la misma admiración que un “docente investigador”.
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