Es una obligación nuestra pensar la universidad que queremos y decírselo al país



Entrevista del periódico Alma Mater, de la Universidad de Antioquia, al ex integrante del Consejo Nacional de Acreditación y estudioso de la educación superior, Luis Enrique Orozco Silva. Entre otras reflexiones, indica que en Colombia no ha habido una universidad que pueda realmente resolver el problema de la relación investigación-docencia, y que la universidad colombiana debe tener claridad para sí misma, independientemente de las normas y de los gobiernos, sobre su compromiso con el país, con el conocimiento y con la formación humana de la juventud.

¿Cuál es su opinión sobre la contradicción entre la docencia y la investigación, que está afectando la calidad, porque en la práctica los profesores con mayor formación se están dedicando a la investigación y la docencia está manejada por profesores de cátedra?

—Si esa hubiera sido la única pregunta me iría muy contento, porque ese es uno de los problemas básicos de la gestión académica en el mundo, en América Latina y específicamente en las universidades Los Andes, Nacional, Industrial de Santander, Valle. Es decir, las universidades más grandes y consolidades tienen ese problema. La unión investigación-docencia es una díada que desde el modelo de Humboldt, desde 1811, se pensó como una cosa inseparable. El buen investigador es el buen docente. Y un buen docente que tiene infarto intelectual ‘mortuus est’, o sea, un docente que no lee, que no está al día ni siquiera debiera estar en la universidad. Pero el único que se opuso a esa tesis de Humboldt y de Fichte fue Ortega y Gasset, quien en su libro “La misión de la universidad” decía que había que distinguir entre la docencia y la tarea de la investigación. Y el cardenal Newman, el gran ideólogo de la universidad inglesa, en su libro “La idea de la universidad”, tiene un dicho que parece escrito en Colombia. Decía Newman: la universidad no se hizo para escribir libros, la universidad es para formar al gentleman. Napoléon lo primero que hizo cuando llegó al poder fue cerrar la universidad y llamar a los profesores oscuros metafísicos, que en lugar de formar la elite que necesita el Estado, llena la cabeza de los jóvenes con ideas metafísicas. Dos años después la volvió a abrir, con una idea muy clara: formar la burocracia que el Estado francés necesita. Entonces, ahí tienen ustedes unas ideas sustantivas: la universidad investigación, la universidad enseñanza y la universidad napoleónica, y nosotros somos un tutti frutti.

Desde la segunda guerra mundial, la masificación de la matrícula obligó a que las universidades de investigación tuvieran que volverse centros de capacitación profesional, y por eso el modelo de Humboldt no tuvo vigencia, ni siquiera en Alemania. En la práctica no ha habido una universidad que pueda realmente resolver el problema de la relación investigación-docencia. Entre nosotros, la investigación universitaria comienza a desarrollarse a partir de la creación de los posgrados, de 1980 para acá. Hoy en día, las universidades en América Latina y en Colombia hemos comenzado a entender el investigador profesional, hemos comenzado a institucionalizar la investigación y la Universidad de Antioquia es el mejor ejemplo en el país de la manera como organizó la investigación científica y tecnológica. A eso se agrega el hecho de que las formas de producir conocimiento cambian y, por tanto, las formas de publicar y dar a conocer el nuevo conocimiento.

Yo soy doctorado y en mi tiempo la forma como nosotros dábamos a conocer lo que investigábamos era a través de libros y capítulos de libros, y nos parecían muy extraños los profesores universitarios en 1975 que eran muy buenos, pero nunca habían publicado nada. Nos parecían como un epifenómeno. Hoy en día, para los jóvenes investigadores con doctorado los epifenómenos son los que escribimos libros y lo normal son los que escriben papers. Hay una discusión muy fuerte, y en esto tienen que ver las acreditaciones internacionales que dicen cuántos papers publican sus profesores. Los nuevos profesores con doctorado me preguntan en cuánto tiempo escribo un libro y respondo en promedio dos años, según la complejidad. Se quedan pensando porque la concepción que tienen es que un paper es una cosa muy seria, que un libro es una cosa menos seria. Si lo importante es escribir papers para estar en línea en el mercado internacional del conocimiento y para acreditarse internacionalmente tanto las universidades como los escribidores de paper le están dando mucha importancia al paper, que se demora seis meses en promedio y, según ellos, se requiere tal consagración que no pueden dar clase, no pueden asistir a reuniones del departamento porque se despistan, no pueden dar clase en los primeros semestres porque eso es muy sencillo. Yo les digo, ojo, la universidad no es un centro de investigación, la universidad es universidad y el profesor universitario es antes que todo profesor universitario, un académico, alguien que ha dedicado su vida al estudio, a la vida intelectual, a la formación de jóvenes talentos, eso es mucho más que ser escribidores de paper. Mi opinión es que en la universidad hay que buscar un equilibrio, para lo cual no hay una fórmula a priori, entre docencia, investigación y formación, proyecto institucional lo llamamos nosotros, es decir, apoyo a lo que significa la expresión hacer universidad. La respuesta a la pregunta es que no hay respuesta mecánica. Es un problema de gestión académica, con gran sabiduría, para encontrar un equilibrio, pero ambas cosas debe hacer un profesor universitario. Un profersor universitario debe investigar, un profesor universitario debe enseñar y ambas cosas con calidad.

A veces pienso que las universidades colombianas, después de 1970, después de la revolución estudiantil, por no formar comunistas estamos formando malos capitalistas; es decir, no volvimos a enseñar pensamiento crítico por temor a que se vuelvan izquierdistas y lo que estamos formando es esta clase de dirigentes desteñida y corrupta, ante la cual la universidad parece silenciosa.

¿Cuáles deben ser las funciones de la universidad que sirvan para apalancar los puntos que permitan el desarrollo del país?

—Tremenda pregunta. Darcy Ribeiro, quien ideó la Universidad de Brasilia, en el libro “La universidad necesaria” señala la orientación teórica que debe tener la universidad que él considera para Brasil y sus formas de organización y su estructura académico administrativa. Pienso que la universidad, como los militares y la iglesia son las instituciones que cambian más lentamente. Es decir, quien quiera hacer la revolución desde la universidad creo que se apuntaló mal, porque si algo hay tradicional es la universidad. Y es muy cierto que la universidad no es muy inteligible en el mundo, si no entiende la sociedad en la que funciona. En gran parte, la universidad que tenemos es una resultante histórica de los procesos sociales. Quien hace cambiar realmente la universidad es la sociedad. Cuando uno mira la historia de la sociedad colombiana nota que después de 1935, en la medida en que el país fue pasando de una sociedad rural a una sociedad moderna la universidad comenzó a cambiar. Y si antes era una universidad colonial, que respondía muy bien a una estructura social y política colonial y a una cultura tradicional, la universidad comienza a emerger como una institución moderna. Si antes las carreras eran derecho, filosofía, teología y medicina, de 1935 para acá comenzó a entrar economía, contaduría, arquitectura, ciencias básicas. Sin embargo, en el caso nuestro y en América Latina, la universidad como institución no ha sido tan consciente de los cambios que la sociedad le pone, sino que trata de responder poco a poco y de irse adaptando a los nuevos escenarios.

Burton Clark dice que las universidades se encuentran hoy en un vértigo de adaptación, porque saben que como era no es, pero no saben muy bien cómo debe ser. Yo digo, la universidad colombiana debe tener claridad para sí misma, aun independientemente de las normas y de los gobiernos, de cuál es su compromiso con el país, cuál es su compromiso con el conocimiento y cuál es su compromiso con la formación humana de la juventud. En esas tres cosas nosotros como universidad debiéramos tener una respuesta muy clara, expresable en estrategias de intervención y en proyectos estratégicos definidos, medibles y con plata.

En segundo lugar, si es así, debemos exigirle al gobierno que su contribución a la construcción de sociedad vía universidad es creer en que la universidad es estratégicamente un puntal del desarrollo del país y, en consecuencia, asegurar mecanismos de financiamiento que permitan que cumpla con sus objetivos. O sea, las universidades son empresas modernas, las universidades son empresas del conocimiento, las universidades deben estar ancladas al mundo externo y ser, por tanto, menos autorreferenciales, menos ensimismadas, menos irresponsables socialmente hablando y por tanto tener un proyecto ético político, porque los estudiantes vienen a la universidad no solamente a entender la ciencia, sino también a entender la sociedad en la que viven, a formar su inteligencia, pero también a educar su sensibilidad, sus afectos, y a tener un proyecto de vida digna.

Entonces me parece fundamental replantear a qué país le queremos servir, cuál es nuestra relación con la ciencia, qué tipo de investigación vamos a hacer. Y cuando digo que debe tener un proyecto ético político no quiero decir que la universidad sea un espacio de política partidista. Karl Jaspers decía que la universidad no debe ser el arén (!) de los partidos. El único partido de la universidad es el de la inteligencia, y [debe] tener tres compromisos básicos: con el conocimiento, con el país, con la formación de los estudiantes, y tener un proyecto ético político crítico, que le permita articularse creactivamente con los escenarios nuevos, sin temor a cambiar, asumiendo los retos que tiene hoy.

Y para mí el reto más clave es el siguiente: si este país quiere posicionarse con dignidad en la economía mundial, que está agenciada fundamentalmente por la incorporación de nuevo conocimiento a los procesos productivos y a la generación de nuevos productos, es decir, que está jalonada por la dinámica de la innovación, hay que cambiar las políticas de formación y capacitación del talento humano, hay que hacer una revolución metodológica de la enseñanza con base en los aportes de las nuevas tecnologías. Segundo, siempre hemos tenido por historia cuarenta, cincuenta carreras. De esas, cuántas tienen vigencia con el desarrollo que han tenido las profesiones, las disciplinas, los mercados laborales, la sociedad global que favorece el manejo de la información. Crear una carrera es muy fácil, pero cerrarla es un problema de orden público. Pero esas son las decisiones de compromiso histórico que tiene que asumir la universidad. Hacer ese tipo de preguntas nos permite despertar una cultura de cambio estructural, no por fuerza de la norma sino por maduración intelectual y por compromiso de la universidad con el país, lo cual no quiere decir que se vuelva funcional a los modelos de desarrollo, o a las exigencias de la norma o a las dinámicas de los mercados.

Ser universidad es tener la capacidad de formar los mejores profesionales en los campos que el país necesita, ser espacio de investigación básica o aplicada con base en las necesidades que requiere el país, y ser capaz de formar con carácter y personalidad a la clase dirigente del mañana que son nuestros estudiantes de hoy. Mientras no tengamos la capacidad de impregnar en el carácter y la personalidad de los estudiantes una visión de la vida, una educación de su personalidad y una visión de futuro a mi me parece muy peligroso que nuestra juventud crezca sin esperanza y que la universidad diga que forma integralmente, pero en el fondo desatiende lo más fundamental que es la estructura de su personalidad. Yo le agravé la pregunta, pero le trato de mostrar un horizonte de reflexión que debiéramos hacer las universidades, porque no lo van a hacer los gobiernos, si no que es una obligación generacional nuestra, de los que estamos como profesores, de pensar la universidad que queremos y decírsela al país. Yo no veo una propuesta de las universidades y por eso ante las propuestas del gobierno quedamos como defendiéndonos de la norma, echando piedra. Hay que elaborar una propuesta de universidad, porque creo que es un vacío muy fuerte que tenemos en Colombia. 

Fuente: Periódico Alma Máter, de la Universidad de Antioquia – junio 2012