Esfuerzo conjunto para superar protestas universitarias: Daniel Mera – sept/19

Evitar desmanes del Esmad es fácil, pero contener influencia de Farc rearmadas y Eln, no. Se necesita estrategia, afirma Mera Villamizar en El Espectador.

No es normal que grupos de estudiantes gasten dinero en insumos de explosivos artesanales, los preparen sabiendo que es delito, y sean capaces de salir encapuchados a agredir bienes públicos y a la Policía con serio riesgo de su propia integridad física. Es una anomalía social de graves repercusiones que resulta necesario enfocar como un problema público a resolver y no como un hecho endémico con el que debemos convivir.

En el pasado, cuando el clima intelectual en las universidades era abiertamente favorable a la violencia revolucionaria, los estudiantes “tropeleros” se daban silvestres. Hoy la radicalización que lleva al uso de la violencia y a su apoyo de opinión por parte de una pequeña fracción del alumnado es un proceso distinto. Se produce deliberadamente, aunque no de forma aislada en un vacío cultural.

Los gobiernos y las universidades han hecho mal al no tener estrategia conjunta frente al proceso de radicalización y violencia estudiantil. En el periodo Santos se desaprovechó la negociación con las Farc para “desmovilizar” a una parte de los grupos radicales en los campus. Un profesor valiente en la Nacional le pidió públicamente al rector que suspendiera la colaboración institucional con los diálogos si las Farc en La Habana no desautorizaban la violencia en la universidad. No pasó nada.

Hoy, con el llamado de alias Iván Márquez en el manifiesto de las Farc rearmadas, la situación es más compleja. Rodrigo Londoño (Timochenko) y los congresistas de la Farc tendrían una conversación muy difícil con los encapuchados de la Nacional, UniValle, U. de Antioquia, U. Pedagógica y U. Distrital, donde este año ha habido disturbios especialmente violentos.

La ruptura simbólica, política y moral con la violencia no se dio en los campus por el acuerdo con las Farc, y el nuevo alzamiento de Márquez, Santrich y cía. criminal vino a disipar las dudas de justificación de la violencia que pudieran haber surgido. Márquez cuenta con una parte de los radicales en las universidades. El Eln cuenta con otra. Más los anarquistas y otros grupos violentos que no son orgánicos de “proyecto” de alcance nacional.

Esto representa un desafío para el Estado, el gobierno de turno y las universidades, con sus rectores a la cabeza. Los campus no pueden seguir siendo indefinidamente fuente de “violencia política” porque esta atenta contra nuestro proyecto de nación, y las universidades son (o deben ser), ciertamente, cabeza pensante de nuestro proyecto de nación. Una cabeza con trastorno de inclinación a la violencia daña todo el cuerpo.

El gobierno, motu proprio, debe asegurar que el Esmad no incurrirá en extralimitaciones. En la estrategia multidimensional que se necesita, esa es la peor manera de enfrentar el problema. En seguida, el MinDefensa y el MinEducación deben acordar la inteligencia estratégica y los términos en que se trataría la supuesta “extraterritorialidad” de las universidades, y el MinEducación negociar su aplicación con los rectores y persuadir a la opinión pública. La ley rige para todos. Y la sociedad necesita pedagogía aplicada de la legalidad.

Sin embargo, lo más importante es el proceso de educación y deliberación pública sobre el problema que se lleve a cabo en cada campus, animado por acciones generales para el subsistema. Iconografía de la violencia política en las universidades es un primer tema. Intimidación de grupos encapuchados sobre el pluralismo de pensamiento, otro. Nada de esto es normal. Ni inevitable. Necesitamos también recuperar la voluntad de agencia y de cambio en la educación y en tantos otros sectores.