España avanza en una frustrada ilusión colombiana: Un SNET articulado

Junio 14/21 Mientras Colombia no logra que estudiantes de formación para el trabajo avancen materias y títulos en educación superior, España busca que alumnos de formación profesional cursen materias en la universidad y viceversa.

En el país europeo la formación profesional (o para el trabajo y desarrollo humano, como se reconoce en Colombia), tiene mucha importancia y reconocimiento (en Colombia, no), y por lo mismo, busca potencia la integración de ambos niveles de educación terciaria, o post-secundaria.

Ya hay un proyecto de ley al respecto, que integra un sistema que tiene similitudes con el colombiano.

Si bien Colombia lleva años hablando de esta posibilidad, lo más cercano fue la propuesta de Sistema Nacional de Educación Terciaria SNET, en 2.015, que no se pudo concretar por la dificultad de manejar política y académicamente el tema con todos los sectores. IES, Sena, Estado y sector empresarial lo han abordado, pero más de forma aislada que en colectivo, y aunque el Gobierno lleva tiempo hablando de la propuesta de un Sistema Nacional de Cualificaciones, que sería la respuesta colombiana a lo que España intenta, esto no avanza con la decisión y voluntad política y sectorial deseada, a tal punto que parece más una lucha de intereses entre los ministerios de Educación y Trabajo, así como el SENA y las asociaciones de formación para el trabajo, y con un aparente mínimo o cero protagonismo de la educación superior.

El proyecto español

Tomado del diario El País

El Gobierno de España quiere que los alumnos inscritos en la Formación Profesional (FP) Superior puedan cursar materias optativas en las facultades, y viceversa, que los universitarios puedan desplazarse a los institutos que ofrecen una preparación muy práctica. Así se contempla en el anteproyecto de ley de FP que ultima el Ejecutivo y que pasará pronto por el Consejo de Ministros. Para ello, las universidades y los gobiernos autónomos, que gestionan los centros de FP, firmarán convenios, si el texto sale adelante en el Congreso.

En la actualidad, tras superar el bachillerato, el sistema divide a los alumnos de la educación terciaria ―carrera o grados de FP Superior― en dos sistemas impermeables que solo confluyen en el momento de la convalidación de materias para saltar de una enseñanza a otra. De los 1.309.762 universitarios que ingresaron el curso pasado, el 10,5% (137.525) provenía de FP.

El sistema es actualmente la antítesis de lo que se reclama en una sociedad que requiere conocimientos transversales y multidisciplinares. Por eso la Ley de Formación Profesional ―también la Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU) abordará el encaje― busca tender puentes entre los campus y los institutos, y eso incluye la colaboración entre los profesores, uso compartido de instalaciones o mayores facilidades en las convalidaciones. En Portugal existen, incluso, titulaciones que los alumnos inician en los institutos de FP y finalizan en una facultad. La norma que prepara el Gobierno siembra una simiente, pero no va tan lejos.

El contenido de los estudios de FP es desde 1990 prefijado por el Ministerio de Educación y Formación Profesional. Las autonomías pueden añadir pero no modificar la materia. Con el nuevo currículo, aparecen las optativas acordes al interés de cada estudiante, pero habrá que seguir aprobando las asignaturas nucleares. Estos cimientos, sin los que no se pueden entender las materias de libre elección, son los que permiten que el título de FP sea reconocido en el marco europeo. El International Institute for Applied Systems Analysis calcula que si España quiere ser competitiva debería pasar de tener un 26% de graduados universitarios a un 38% antes de 2050 y en FP Superior, de un 11% al 17%.

Para crear cualquier grado de FP, el ministerio consulta ―por este orden― a los directivos de las empresas, que ponen encima de la mesa sus necesidades; a los trabajadores, que explican cómo y en cuánto tiempo hacen la labor, los gastos o los ingresos; y a los profesores, que deben enseñar las destrezas en el aula. Por tanto, es una enseñanza muy práctica y diferente a la de la universidad, que gravita en torno a los grandes saberes, aunque ya comienza a mirar hacia la empleabilidad por la presión de los estudiantes y el mercado.

Por contra, para los estudiantes de la FP Superior ―que hasta ahora no han tenido oportunidad de elegir materias optativas y pueden acceder también desde un grado medio de FP― puede resultar atractivo profundizar más en un determinado tema en la universidad. Por ejemplo, un alumno del grado superior de Administración y Finanzas tendría la posibilidad de aumentar sus conocimientos en microeconomía; o el de Caracterización y Maquillaje Profesional, sobre dermatología. El articulado de la ley no establece un porcentaje máximo de materias que se puedan cursar en aulas de la otra modalidad.

Cambios en las convalidaciones

La nueva norma pretende crear un “marco de cooperación” con el que se pretende dar seguridad jurídica y el mismo valor a todas las enseñanzas. “Las Administraciones educativas y las universidades promoverán el reconocimiento mutuo, en calidad de créditos (…) para facilitar el establecimiento de itinerarios formativos que reconozcan la formación previamente adquirida en ambos sentidos”, se apunta en el anteproyecto. Aunque con la Ley Orgánica de Educación (LOE, 2006) se estableció que un grado de FP Superior constaba de 120 créditos y una carrera universitaria de 240, la Administración no profundizó en el tema y hoy una facultad puede convalidar seis asignaturas de FP y otra facultad de la misma carrera solo dos.

Exrectores catalanes promueven una nueva fórmula 2+2

Los exrectores de la Universidad de Cataluña, agrupados en Colectivo Laude, promueven desde 2019 que en su territorio se pongan en marcha grados que se cursan durante dos años en el instituto -y se logra un título de FP- y se prolonguen dos años más en una facultad, en la que se obtendría el diploma universitario. Organizaron un seminario que tuvo “muy buena acogida” en las consejerías catalanas de Educación, Empleo e Innovación, los sindicatos, las universidades y los centros de FP, según el presidente de la asociación, Josep Ferrer. “Hace 150 años se perseguía la alfabetización universal y se logró, y ahora en esta sociedad del conocimiento hay que luchar por la universalización de la educación superior”, remarca Ferrer, exrector de la Politécnica de Cataluña. En esta universidad y en las de Girona y Lleida se pusieron en marcha comisiones mixtas para un plan piloto y el proyecto está incluido en el Pacto Nacional por la Sociedad del Conocimiento sellado por el Govern. Pero las sucesivas elecciones y la pandemia han dejado en suspenso sus pretensiones.

Fuente: Diario El País

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