Mayo 16/25 Pese a los esfuerzos institucionales, los números no ayudan a la Fundación Universidad Autónoma de Colombia FUAC a superar su crisis. La pérdida de registros, la dramática reducción de estudiantes y las demandas la tienen contra la pared.
Ese es el muy difícil panorama institucional que debe enfrentar el nuevo rector (desde febrero pasado), Luis Carlos Guzmán Rodríguez (foto), excandidato a la rectoría de la Universidad Distrital en 2016 y muy cercano a los fundadores de la Autónoma.
Desfile de rectores
En enero pasado terminó su rectoría Adelsabel Chamorro Ramírez, pariente de uno de los fundadores y quien tras haber pasado por varios cargos en la Universidad, renunció irrevocablemente por problemas de salud, y después de año y medio en el cargo, lidiando los problemas y dialogando con el Ministerio de Educación Nacional para que éste comprendiera las dificultades de la FUAC para cumplir con el plan de mejora, y lograr que extendiera los institutos de salvamento hasta mediados de este año, para tratar de evitar un mayor déficit financiero.
Antes de Chamorro hubo cuatro rectores desde que Ricardo Gómez Giraldo, quien renunció para ir a dirigir la Corporación Universitaria Iberoamericana, cedió la rectoría al entonces vicerrector Luis Guillermo Muñoz, pero por unas diferencias internas y con la inspectora in situ por la firma de unos convenios, el Consejo Superior nombró a Clemencia Bonilla Olano (quien ya había sido rector), quien por circunstancias familiares debió dar un paso al costado como rectora, y ahí apareció Chamorro.
Es decir, cinco rectores en cinco años, lo que puede verse como la dificultad de manejar las deudas, responder a los fundadores, atender a inspección y vigilancia del Ministerio y manejar las tensiones con el sindicato y los empleados a quienes no se les ha cumplido con el pago de prestaciones sociales, salarios, vacaciones, primas legales y convencionales, seguridad porque, sencillamente, el dinero no alcanza para cumplirles, así como tampoco para responder por algunos compromisos impositivos y mucho menos de infraestructura, bienestar y calidad.
Desde hace varios años la Universidad tiene desatendida una deuda con la DIAN, que se acerca a los dos mil millones, que representan un valor impagable en este momento.
¿Es viable la FUAC?
El pasado 11 de abril, Darwin Ariza Castañeda, Revisor Fiscal de La Fundación Universidad Autónoma de Colombia, señaló en su informe a la Asamblea General de la Fundación que: “La Universidad tiene pérdidas acumuladas por $83.958 millones al 31 de diciembre de 2024, adicionalmente, el resultado del ejercicio de los dos últimos años fue negativo. Estas condiciones indican la posible existencia de una incertidumbre que puede generar dudas de la Universidad para continuar como negocio en marcha”.
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¿Y Mineducación?
Desde 2019, la Universidad tienen medidas de Inspección y Vigilancia previstas por la Ley 1740 de 2014, tras la Resolución No. 005766 del 06 de junio de 2019.
Desde entonces el Ministerio de Educación tiene asignada una inspectora in situ -actualmente Angélica María Lozano-, pero en la práctica el Ministerio tampoco cuenta con mayores herramientas para evitar que la Universidad se hunda.
El Observatorio de la Universidad Colombiana conoció documentos internos, tras el empalme de las últimas dos rectores, comunicaciones con el Ministerio y actuaciones de la asamblea de fundadores, que indican que el plan de mejora solicitado a la IES por parte del gobierno no se ha podido cumplir, en virtud de la cantidad y complejidad de llevar a cabo 657 acciones pedidas desde el año 2021. Dicho plan ha sido varias veces devuelto por el Ministerio.
Una aparente ayuda del Ministerio ha sido la de extender varias veces el plazo de los institutos de salvamento para proteger a la IES frente a posibles embargos e intervención de personas jurídicas a la que se les debe dineros, entre otros.
El panorama en el inmediato plazo
Más allá de las gestiones que puedan hacer sus directivos, la Universidad como tal no ha tomado una decisión radical que pueda impactar su futro.
El afán por mejorar el mercadeo y dialogar con el Ministerio y los empleados no se traduce en mejoras significativas. Pasan los meses y los salarios y las prestaciones sociales no dan espera, mientras que el estudiantado cae, así como los registros calificados. Sobra decir que la Universidad no tienen ningún programa acreditado.
La Universidad cerró 2024 con 510 estudiantes en pregrado, 184 en especialización y maestría y 272 en educación continuada. En sus mejores épocas, la FUAC llegó a tener 10 a 12 veces más esa población.
A su vez, de 14 registros calificados en pregrado solo hay 5 vigentes, de 16 registros en especialización hay 12 vigentes y de 6 maestrías hay 3 registros vigentes. La renovación de los registros le implica tener la cabeza, dedicación y recursos que, por lo visto, también se van perdiendo, auncuando ya hay varias visitas programadas.
En enero de 2024, a raíz de un informe y solicitud de la Universidad, el Ministerio decidió no suspender todos los registros calificados de la Universidad, lo que hubiera sido un golpe definitivo.
Entre tanto, cada vez hay menos empleados, la mayoría de los directivos tienen contratos de corta duración, en encargo y con alta rotación, y hay representaciones vacantes ante los órganos colegiados.
El número de trabajadores activos a comienzo de año era de 47 administrativos y 47 docentes, entre planta de tiempo completo (17), medio tiempo (9) y cátedra (21), para un total de 94, aclarando que algunos profesores continúan sin carga de clases porque sencillamente no hay estudiantes.
Además, al interior de la asamblea de fundadores se mantienen posiciones encontradas en torno de qué hacer y cómo enfrentar las negociaciones y litigios laborales.
El edificio que era de la Facultad de Derecho fue negociado y ahora lo tiene la Universidad Pedagógica Nacional, y el patrimonio de la FUAC cayó, entre 2023 y 2024, en un 43%. Muy complejo panorama.

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