Futuro de la Ed. Sup. privada en Colombia: Luis Fernando Vargas – junio/20

Para Vargas Cano el panorama de las IES privadas cada día es mpas complejo.

La educación constituye un valioso activo en el acervo cultural de los pueblos, razón por la cual los estados de derecho a través de los gobernantes de turno apuestan en esencia por lograr cobertura y calidad. Si bien los planes de gobierno incluyen inversiones cuantiosas para hacer realidad lo dicho anteriormente, es claro que en ciertos países latinoamericanos, no siendo Colombia la excepción, las necesidades sociales convierten los presupuestos de inversión y operación en salidas para dar solución a lo urgente y necesario. En otros casos, concretamente los de la cartera de educación, pasan a convertirse en comodines para la manipulación de intereses políticos egoístas que solo benefician a algunos pocos.

El modelo de educación superior colombiano, si así puede llamarse, ya que en esencia responde mejor a un macro sistema donde convergen estamentos educativos públicos y privados se encuentra regido y orientado por el Ministerio de Educación Nacional. Busca, de acuerdo a su naturaleza jurídica, mejorar el acceso al nivel superior de la educación, lo que traerá, según lo manifiesta, que el país cuente con “ciudadanos productivos, capacitados, y con oportunidad de desarrollar plenamente sus competencias, en el marco de una sociedad con igualdad de oportunidades”; sin embargo, solo el 22% de la población en Colombia cuenta con un título universitario. Para la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) el país debería estar en un 39%.

Aunque las cifras del país pueden resultar bajas en comparación a las del resto de países que conforman la OCDE, el tema no es únicamente de cobertura, ya que las IES privadas aportan con un número significativo de estudiantes matriculados en sus diferentes programas. Su objetivo se centra en contribuir a la esencia misma de la educación y las metas de planes de desarrollo previstas para el cuatrienio del presidente de turno.

Si bien podría pensarse que existe cierto equilibrio entre las metas de cobertura del gobierno, instituciones públicas que reciben miles de estudiantes, e instituciones privadas, la realidad es diferente. Las instituciones no oficiales (privadas) deben lograr rentabilidad para operar en igualdad de condiciones que las instituciones públicas. La normativa nacional para el sector no hace diferencias al momento de entrar en funcionamiento los programas, ya que aunque el sector privado tiene ritmos de administración académica diferentes, en esencia la reglamentación es igual para todos los actores educativos. Las inversiones en la obtención de registros calificados, puesta en operación de los programas, inversiones locativas y propias de laboratorios, contratación de personal docente, inversiones para investigación e internacionalización, por mencionar algunas, desfavorece claramente al sector privado.

Ahora bien, la calidad es un factor que encarece la educación. No es lo mismo administrar un programa que requiere pocos recursos para su operación, que otro que requiere laboratorios especializados, equipos de última generación, software de simulación, y campos de práctica administrados eficientemente. El estado colombiano logra a través de los presupuestos anuales de inversión y operación dotar a las instituciones públicas de todo lo que requiere; por tanto, el sostenimiento y la búsqueda de calidad en las instituciones privadas es diferente. Si la matrícula disminuye por efecto de la economía, la mayor afectada es la institución privada, ya que tendrá que buscar los recursos económicos para competir en igualdad de condiciones que las instituciones públicas.

En cuanto a la acreditación de calidad de instituciones de educación superior privadas que finalmente buscan el sello de calidad para hacerlas más llamativas, el asunto se convierte en el mejoramiento de programas e instituciones con un alto costo de inversión; sin embargo, aunque en el pasado se argumentó que dicha acreditación tendría como resultado un aumento en el número de estudiantes inscritos y matriculados para las instituciones, la realidad viene mostrando que el factor económico supera a la alta calidad. Quiere decir lo anterior, que las personas están pensando más en el valor de la matrícula, que en los factores asociados a la calidad educativa.

Aunque las cifras de cobertura pasaron del 27% al 51% entre los años 2013 a 2017, se viene presentando un fenómeno de disminución en las matrículas debido a factores económicos, de competitividad, de virtualidad internacional, entre otras. Estadísticas de varias instituciones de educación privadas muestran un alto número de inscritos en sus programas; sin embargo, el resultado de la matrícula viene decreciendo peligrosamente. Las personas no logran conseguir los recursos para el ingreso a los programas; de igual manera, la deserción en los mismos crece semestre a semestre. De otra parte, muchas instituciones con asiento en una determinada región en la cual son líderes, vienen migrando a otras regiones con el objetivo de mantener y crecer el número de programas y población estudiantil activa. El resultado final es un mayor nivel de competitividad entre instituciones, lo que no significa necesariamente, calidad. Finalmente, en cuanto al crecimiento de oferta de programas bajo metodología virtual, son muchas las instituciones internacionales que presentan ofertas de programas que compiten en calidad y precio con las nacionales. El Ministerio no logra aún controlar la avalancha de instituciones y programas que realizan su oferta a través de internet.

El panorama para las instituciones privadas es altamente preocupante debido a la disminución de número de matriculados. Se suma a ello la preocupación nacional en cuanto a que muchas personas jóvenes eligen la certificación de servicios y productos por encima de una formación profesional. Vargas (2019) asegura en el portal de prospectiva educativa que: “Las certificaciones de producto tienen un efecto diferente a la formación universitaria. Por una parte, la construcción de contenidos se orienta únicamente al objetivo del producto en conjunto, y no se centra en el
diseño de una compleja estructura educativa propia de los niveles universitarios. De otra parte, los tiempos y costos de capacitación serán inferiores con relación a los de la educación superior en casi todos los casos, salvo excepciones en productos de reconocida trayectoria y valor de implementación para las organizaciones”. Así las cosas, muchos aspirantes a carreras profesionales están optando por el acceso a certificaciones de corta duración que dan posibilidad de empleabilidad. Los programas tradicionales que en promedio pueden durar entre cuatro y cinco años no aseguran la consecución de un trabajo.

El sector educativo colombiano empieza a observar algunos movimientos en cuanto a la creación de nuevas instituciones privadas. Algunas cajas de compensación familiar, gremios de la producción, entre otras, vienen creando instituciones que se apalancan en su población activa (familias completas). De otra parte, instituciones extranjeras ingresan al país y adquieren instituciones de reconocida trayectoria, con lo cual, capitales a veces de dudosa procedencia están llegando sin el menor control por parte del estado. De igual manera, se empieza a observar que instituciones privadas se convierten en públicas.

Lo anterior muestra escenarios complejos a la luz de un sector sensible a los resultados económicos del país. La educación superior en Colombia es afectada constantemente por la economía de los hogares que tienen que elegir entre lo estratégico y lo urgente. Las necesidades puntuales de compromisos financieros, la alimentación, la salud, y las eventualidades que se presentan todos los días, siempre estarán por encima de la elección por la formación profesional. Así las cosas, surgen varias preguntas acerca del futuro de las instituciones de educación superior privadas en Colombia. ¿Será que muchas de las instituciones privadas tendrán que conformar holding de universidades para lograr subsistir (unión de varias universidades por afinidad ideológica)? ¿Será que el estado colombiano llegará a estatizar la educación superior acabando con la educación superior privada? ¿Es posible que el estado siga buscando instituciones privadas para llegar a acuerdos y convertirlas a públicas?

Las instituciones privadas tienen la posibilidad de transformar sus rancios e institucionales programas de educación superior en innovadoras propuestas para contribuir a la apropiación y desarrollo de la industria 4.0. Es el momento para que las instituciones privadas constituyan alianzas estratégicas con organizaciones en lo referente a investigación y desarrollo. La supervivencia de las instituciones de educación superior privadas en Colombia depende necesariamente de la innovación, la extensión, la investigación, y la asociación con la empresa.

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Luis Fernando Vargas Cano: Ingeniero de Sistemas, Magister en Tecnología Educativa de la Universidad de Buenos Aires. Especialista en Planeación Estratégica de la Universidad Javeriana.

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