En Ecuador acaban de cerrar 14 universidades dejando a 38 mil alumnos sin la posibilidad de terminar sus carreras, como consecuencia de la solicitud del Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación (Conea) por considerar que no disponen de una comunidad académica estable y sólo son para llenar los bolsillos de sus dueños. Mientras tanto, en Colombia estamos paralizados para mejorar el sistema de educación superior. Análisis de José Roberto Acosta, en El Espectador.
El Conea pidió eliminar un total de 26 universidades ubicadas en la categoría D, la más baja de cuatro niveles, en un valioso acto de responsabilidad y cumplimiento de la ley.
Mientras tanto, en Colombia no sólo estamos paralizados para mejorar el sistema de educación superior, sino que también se permite el funcionamiento de universidades, dizque sin ánimo de lucro, que producen ‘profesionales’ que sólo alimentan al gremio taxista y de cajeros bancarios, al tiempo que mantienen un profesorado que en muchos casos esconde su mediocridad pedagógica detrás de falsos o inútiles programas de investigación.
Ni las pruebas de Ecaes ni los engorrosos procesos de acreditación han resultado en la necesaria depuración del sistema, pues nadie tiene la autoridad política y menos la autoridad moral de cerrar universidades de bajo nivel en nuestro país, las que todos sabemos constituyen fortines políticos y burocráticos, en muchos casos reconocidos por los miembros de nuestro Congreso con inmerecidas condecoraciones a rectores y dueños. Alumnos mediocremente formados y que sólo son carne de cañón en un sistema de educación universitaria que premia el aguante sobre el talento, el conocimiento teórico sobre las competencias y la domesticación del criterio sobre la beligerancia critica con rigor. Profesionales sin futuro laboral que sólo se suman a “el baile de los que sobran”.
En la bochornosa Cumbre de las Américas pasada coincidieron políticos y empresarios en lo obvio: la importancia de una educación con calidad para el desarrollo económico y la competitividad. No obstante, nuestro gobierno enfatiza en la cobertura y la ampliación de mecanismos mercantilistas para vender a juventudes sin futuro servicios de educación de baja calidad. No faltará quien critique la valiente medida del Conea ecuatoriano, por la animadversión que el presidente Correa genera en muchos, pero es un ejemplo de cómo un país similar al nuestro sí toma la educación en serio y actúa en consecuencia con la exigente competencia internacional.
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