Mayo/26 Rodríguez Cuberos, catedrático universitario, señala como la IA se plantea como oportunidad para renovar la pedagogía universitaria, recuperar el rol intelectual docente y construir un proyecto educativo colaborativo nacional.
“La información se obtiene de afuera adentro; la comprensión es un proceso creador en dirección opuesta. Bajo estas circunstancias no hay una vía directa que conduzca de una meta a otra. Se puede saber todo sin comprender nada y esto es precisamente a lo que nuestra educación, que tiende a la acumulación de información, ha llevado a la mayoría” H. Keyserling (1929)
La frase del pensador austríaco referida en el acápite, resulta hoy, casi un siglo después, temerariamente vigente. Por ello, aceptemos primero, la crisis devenida de la velocidad de circulación y penetración de las tecnologías en la vida cotidiana y la exacerbación de la información más que de la comprensión en nuestra existencia individual y relacional. Aceptemos también, que sobreabundan recomendaciones, expertos, diagnósticos e incluso enfoques basados en modelos de negocio que generan más tensiones y divergencias sobre las posibilidades de la implementación y adopción de todo tipo de tecnologías en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Así, sin duda alguna, las más debatidas corresponden al impacto y efecto de las inteligencias artificiales y sus modelos en educación. Son, digamos, las que más llaman la atención y que –preocupan-, a quienes abordan el tema como defensores u opositores de utopías y distopías humanistas y tecno – digitales (según sea la convicción ideológica, política o pragmática) o, dicho sea de paso, según sea su desconocimiento pedagógico (que es, lamentable y contradictoriamente el más abundante en el sistema educativo).
Quizás sea éste precisamente, el primer error interpretativo del asunto y es posicionarse muchas veces polarizando el tema sin una visión amplia de las implicaciones concretas y las condiciones de posibilidad que encuadran el análisis del objeto de estudio en contexto. Aquí, en este breve escrito de divulgación, no puedo profundizar, pero, podemos estar de acuerdo que nuestro país en medio de las transformaciones geopolíticas actuales y los evidentes cambios de centros de poder económico es, como ha sido siempre, un codiciado gran tesoro de recursos, materiales, mano de obra y oportunidad. En otras palabras, las discusiones en este campo muchas veces deslindan el tema económico del educativo lo cual es un error craso, estratégico y prospectivo (Rodríguez, 2011).
Por lo tanto, hace falta una mirada que no nos condene al ostracismo o al perpetuo consumo tecnológico sino, a la oportunidad coyuntural para nuestros pueblos y nuevas generaciones de ser protagonistas y no espectadores de una era que ya da muestras de nuevos paradigmas muy distintos a los que veníamos acostumbrados en términos culturales, políticos, antropológicos y obviamente, económicos. Toda transición de valores deja atrás a algunos y encamina a otros al futuro. Es … así de sencillo.
De tal suerte, la educación en nuestro país (como ideal) tiene la gran obligación de rescatar en todos los espacios y niveles, el valor de las instituciones educativas como centros académicos e intelectuales y, si bien, esto se ha dicho durante años, hoy es una demanda inmediata. Necesitamos la academia reflexiva de vuelta, la universidad inteligente colaborativa posible, necesitamos la intelectualidad para apoyar los fueros administrativos y de gestión de la educación. Requerimos nuevos derroteros (no por modas o tendencias) sino como resultado de nuestra experticia e historia educativa. En síntesis, una forma alternativa de reconocernos en las prácticas docentes de nuevo, como productores de conocimiento, mediadores de aprendizajes, diseñadores de ambientes motivadores para la enseñanza (Rodríguez, 2024, 2025) y acompañantes de procesos (y esto no ocurre simplemente con más tecnología o recursos digitales).
Por lo que no se puede seguir exclusiva y pasivamente en la agenda de los modelos de negocio tecnológico sin más, hay que hacer parte de ellos desde una perspectiva crítica y situada en atención a nuestras necesidades y proyecto de nación. Las inteligencias artificiales muy pronto demandarán (una vez surtido globalmente el enganche de clientes y usuarios) costos y tarifas que aumentarán las desigualdades y los accesos. Entonces, resulta más que urgente que el sistema educativo recupere el sentido y significado sobre el papel y función que le asiste en una sociedad tan maltratada como la nuestra.
Puede ser el momento clave para que las comunidades interdisciplinares trasciendan la atención a rankings, certificaciones y otras visiones de calidad centradas exclusivamente en indicadores y no en procesos. Puede ser el momento definitivo, en el que se demanda, un nuevo enfoque pedagógico o, por lo menos, un proceso organizado federativa pero colaborativamente entre instituciones de educación superior para reorientarlo en función de las nuevas realidades y circunstancias que nos exigen mayor protagonismo desde el sur global. No es ideología, es sentido común.
Esta iniciativa de un movimiento pedagógico colombiano re-imaginado, debe propiciar que las comunidades de las IES estén dispuestas a aceptar y trabajar colaborativa y cooperativamente bajo un Programa (ojalá con la ayuda de los gobiernos de los próximos 4 periodos como mínimo) que articule la política pública y el resultado de la experticia acumulada por las comunidades de base científicas en educación. Evitando, claro, los anteriores vicios propios de una comunidad angustiada por su sobrevivencia y que se adapta a contingencias y ausencia de continuidad en la gobernanza uy gobernabilidad educativa para, por el contrario, recuperar su liderazgo necesario (si en realidad se desea una transformación y cambio frente a los nuevos desafíos del presente y del futuro).
Así, el título de esta comunicación advierte: La Inteligencia artificial como pretexto ideal para redimensionar el enfoque pedagógico de la práctica docente en educación superior, es decir, un llamado oportuno para vitalizar a las comunidades académicas del país para proponer y debatir un nuevo contrato social en educación. Se sabe por supuesto, de las dificultades, de los intereses mezquinos que pueden aparecer en el proceso y, sobre todo, de la renuencia por parte de algunos a aceptar que estas tecnologías “no nos reemplazan” (Monsalve, 2026) y que, por el contrario, nos hacen pensar en otras dimensiones antropológicas, ojalá todavía humanistas y no instrumentalizadoras, no totalitarias y aún vinculadas a un futuro sostenible, equitativo y pacífico (Xueqin, 2026).
Entonces, existe una realidad que debemos anticipar para poder manejar a tiempo estos retos. Estamos a tiempo aún. Con la IA, muchos procesos de diseño instruccional se están “automatizando” en la actualidad sin entender su alcance. Así, como suele suceder, algunos quieren vendarse los ojos, otros, sencillamente disfrazar esta realidad que viene decididamente a hacer parte de las dinámicas educativas del sistema, algunos otros, simplemente se “rasgan las vestiduras” como si se tratase esta advertencia de un relato de ciencia ficción.
Sin embargo, existe una disciplina que nos permite imaginar escenarios futuros ¿Lo recuerdan? Sí, se trata del famoso foresight, y sí, es filosofía de la tecnología aplicada que debe implementarse con urgencia en las instancias de toma de decisiones de las IES. No hacerlo o posibilitarlo es sencillamente una condena, un descuido inaceptable si consideramos además que cada IES alberga a cientos de académicos profesionales capaces.
Por lo tanto, si las grandes compañías tecnológicas ocupan este nicho y capturan la información de por lo menos 6 años (de pandemia hasta acá) de miles de horas de grabación de docentes en diferentes asignaturas y que hacen parte de la bigdata para, potencialmente, entrenar máquinas y estructurar avatares (el sueño ingenuo del financista de la educación y del burócrata que añora mayor control y vigilancia del profesor del cual se desconfía permanentemente) la pregunta clave, ahora sí es y ¿qué harán los docentes? Sencillo, es una oportunidad como ninguna otra para dignificar la labor como nunca antes ha sido posible. Pues, como dice Monsalve (2026): “la IA no tienen contexto emocional, no tienen olfato pedagógico, no tiene historia con ese estudiante específico”.
Por lo tanto, si lo queremos, aun así se desarrolle este “apoyo” de las asignaturas asistidas por IA, son los profesores académicos e investigadores quienes pueden diseñar ambientes propicios para el aprendizaje como experiencias posibles y no como sumatorias de gamificaciones (sin sentido de la lúdica), recursos y objetos virtuales preestablecidos…se cierne sobre nosotros la gran oportunidad para ocupar un nuevo rol, un nuevo papel en la dinámica de la producción de conocimiento para pasar de lo declarativo y contenidista a la dimensión cooperativista del conocimiento.
En otras palabras, de acompañar, ser tutores, liderar, sospechar, preguntar y aprovechar la información para trabajar en dinámica de laboratorios pedagógicos con nuestros estudiantes y superar por fin el asunto de la calificación dentro de la evaluación que pervierte la noción de aprendizaje. Pero para ello, es urgente generar reinducciones y capacitaciones docentes con otro enfoque, con otra perspectiva, con otra visión de futuro y es aquí donde este movimiento que sugiero pueda renacer para construir sus lineamientos, sus enfoques propios, sus métodos, estrategias y batería de herramientas coherentes con su propósito. Para los equipos de planificación, currículo, calidad, de docencia institucionales y demás, una posibilidad de valorar y articular su capital intelectual y aprendizaje organizacional con otros sentidos y articulación misional y visional.
Entonces, al final, como citó también nuestro filósofo de referencia inicial desde un proverbio chino en relación a anteriores revoluciones centradas en el uso y no en la trascendencia: “Si el hombre incorrecto utiliza los medios correctos, los medios correctos funcionan de manera incorrecta”
Y ustedes colegas ¿Se animan a pensar y trabajar de otra forma? ¿seremos capaces de dar este salto en medio de las tecnologías emergentes en pro de la humanización?
Nota: Este texto hace parte de una investigación personal en curso (CC By-NC-SA). Las ideas expresadas no implican o comprometen a ninguna institución.
Referencias:
Keyserling, Count Hermann (1929) Creative understanding. Perlego epub 2012. https://www.perlego.com/book/3457842/creative-understanding-pdf
Rodríguez Cuberos, E. G. (2011). ¿Educando para, desde o en la economía? Transiciones, tensiones y esperanzas de una relación problemática. Revista Virtual Universidad Católica Del Norte, 1(17). Recuperado a partir de https://revistavirtual.ucn.edu.co/index.php/RevistaUCN/article/view/215
Rodríguez Cuberos, Édgar G. (2024). Diseño de Ambientes de Aprendizaje (DAA) como Praxis Investigativa Educativa Multidisciplinar: Diseño de Ambientes de Aprendizaje (DAA) como Praxis Investigativa Educativa Multidisciplinar. Shimmering Words: Research and Pedagogy E-Journal, 13(1), 9-21. Recuperado a partir de https://revistas.santototunja.edu.co/index.php/shimmering/article/view/3007
Rodríguez Cuberos, Édgar G. (2025). Philosophy of technology as a pedagogical criterion for the application of artificial intelligence in educational contexts. Modelos Educativos Innovadores En Educación Superior. https://doi.org/10.33132/27449394.2506
Monsalve, María Camila (2026) Tecnología transforma papel del profesor contemporáneo. Portafolio. 15 de mayo de 2026 pag 6.
Xuequin, Jiang (2026) Entendiendo la educación desde la teoría de juegos. https://www.youtube.com/watch?v=7_o8j7uFaRU
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