¿Cuál revolución educativa?

La representante a la Cámara, Angela María Robledo, cuestiona -en el diario La Patria- el programa de as 10 mil becas del Gobierno Nacional, dice que esto no es una revolución educativa y es excluyente.

Hace muy pocas semanas vimos cómo el gobierno nacional en cabeza de la ministra Gina Parody lanzó un plan de 10 mil becas para los estudiantes pobres "más pilos" del país: "Ser pilo paga". Esta es la gran revolución educativa de Colombia. Este titular, por decir lo menos, puede resultar ofensivo, o al menos un chiste de muy mal gusto.

Basar una revolución educativa en 10 mil becas es no haber entendido el término revolución. Una de las acepciones etimológicas de revolución es insurrección de un pueblo, no necesariamente violenta, para remover el orden político establecido. Otra, la usada por Copérnico por ejemplo en su libro De Revolutionibus Orbium Coelestium, es aquella que acuñaron muchos astrónomos para referirse al giro completo de los astros o las esferas celestes.

Las dos interpretaciones son muy pertinentes: una revolución educativa es la que se sueña la Mane y no la ministra: hay que remover, de manera no violenta y sí creativa, la política que guía la educación y, en especial, la educación superior: basada en créditos, en subsidiar la demanda, en no fortalecer la Universidad Pública y en favorecer una minoría, excluyendo de tajo la mayoría de estudiantes pobres de este país. Hay que cambiar el orden establecido para garantizar la educación como un derecho fundamental.

Por otro lado, hay que darle un giro completo a la educación, el enfoque debe cambiar totalmente, debe superarse. Debemos transformar la idea del estudiante-cliente adoctrinado para producir y pensar en la competitividad racional, al estudiante-ciudadano formado para fortalecer la democracia y la paz.

Pues bien, esta propuesta del MEN no da un giro a la política educativa y tampoco remueve el enfoque privatizador de la educación superior. Es más, esta propuesta no es una política pública, es un programa aislado que no garantiza la educación pública y de calidad.

"Guillo" Hoyos decía muy bien "La educación para la perfección es perversa". Una educación basada en matrículas de honor o en becas para "los pilos" termina mal porque "los que pretenden que unos saquen 5 son los mismos culpables de que otros [la mayoría] saquen 2[…] la responsabilidad de la educación no es con el premio nobel, él es autodidacta, la educación es para la mediocridad". Hay que rescatar el Aurea mediocritas o la dorada mediocridad de Horacio, ese término medio que hay que trabajar y construir a partir de allí.

"Ser pilo paga" tiene, al menos, dos problemas: i) ahonda el déficit de las universidades públicas que según el Sistema de Universidades Estatales asciende a 11 billones de pesos, porque le quita cerca del 6% de recursos a este sector. Recordemos que, según el MEN y cálculos hechos por la doctora Carmenza Saldías, en los últimos 10 años los aportes de la nación por cada estudiante de universidad pública han bajado en un 28%. ii) Este programa favorece exclusivamente a los exitosos, no asume el reto de promover a los que no son pilos, de garantizarles oportunidades, educación y proyectos de vida. Recordemos por ejemplo que solamente uno de cada tres estudiantes que entra a la Universidad Nacional de Colombia se gradúa.

La solución, ministra, no es regalar premios sino garantizar derechos. Premio que entre otras ya se ve que no está funcionando: el portal Las 2 Orillas aclaró el 31 de enero del presente año que: "el Ministerio a hoy 29 de enero no les ha cumplido con el primer desembolso y la información que tienen los beneficiarios de estas becas es que tendrán que esperar ya que esta les llegará a partir del 16 de febrero". El Espectador el 30 de enero tituló "Seis 'pilos' aplazan semestre y otros se quejan porque no tienen plata".

Ministra, hay que apostar con recursos públicos a fortalecer la Universidad Pública, sin intervenir su autonomía universitaria y aumentando los aportes a estas instituciones, para superar el déficit y para que éstos, al menos lleguen a ser tan importantes como lo eran en 1992, antes de la Ley 30.

A los estudiantes de la Mane les invitamos a persistir con sus movilizaciones pacíficas, con sus propuestas y protestas. La tarea es compleja pero necesaria. Podemos hacer la verdadera revolución educativa, creativa, masiva y contundente.