¿Qué es el SNET y cómo llegamos a esta encrucijada?

¿Qué es el SNET y cómo llegamos a esta encrucijada?

La profesora de la Universidad Nacional Lucy Gabriela Delgado, y vocera de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales-ACCEFYN, señaló, en el debate promovido por la representante Olga Lucía Velásquez, sobre el SNET, los errores conceptuales y estratégicos de la actual propuesta del Gobierno. Este es su discurso:

La Comisión de Ciencia, Tecnología y Sociedad Innovadora de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales-ACCEFYN ha analizado con detalle la propuesta del Sistema Nacional de Educación Terciaria-SNET. Es relevante conocer el contexto, para entender de dónde surge esta idea y el por qué vacíos conceptuales, llevaron a planteamientos confusos que soportan una propuesta de decreto, que como política pública será por lo menos, difícil de implementar. Para comenzar, una política educativa, se construye con la participación de expertos, miembros del Sistema y demás interesados. El Gobierno ha hecho oídos sordos a las propuestas, a las críticas y a los planteamientos que han enviado los distintos actores, limitando la participación a asesores y a consultores que han elaborado documentos –muchos de estos- con base en experiencias foráneas, que teniendo como es lógico, marcos conceptuales comunes, no han considerado la realidad colombiana, ni siquiera en los aspectos administrativos y legales. El SNET surge como uno de los 10 grandes temas, el número 5, del “Acuerdo por lo Superior 2034” en los cuales el país debía avanzar en 20 años. Dicho documento recogió las conclusiones y algunos consensos, logrados luego de una amplia y participativa discusión liderada por el Consejo de Educación Superior-CESU, luego que fallidamente el Gobierno Nacional en el 2011, intentará reformar la Ley 30 de 1992. El punto 5, propuesto en el 2014 señalaba que se pretendía la “Articulación de la educación superior con la educación media y la educación para el trabajo y el desarrollo humano: hacia un sistema de educación terciaria” justificado en el requerimiento de “una educación articulada de la básica y media a la terciaria y superior, pasando por Investigativa aplicada;  diseñando y organizando los componentes del sistema de educación superior y de la formación para el trabajo y el desarrollo humano y analizar la conveniencia de avanzar hacia un sistema de educación terciaria”.  Además, en este documento se propuso un Sistema caracterizado “por ser cohesionado, autónomo y con claros niveles de articulación”. Ese era el objetivo máximo planteado en el 2014: lograr una verdadera articulación del Sistema, enfatizando en los programas educativos ofertados por las distintas Instituciones de Educación Superior-IES (Universidades, Instituciones Universitarias, Instituciones Técnicas y Tecnológicas, entre otras), de cara a las necesidades laborales, sociales, cívicas, económicas y políticas del país, incluyendo por supuesto, pero no exclusivamente, los requerimientos empresariales. Desde aquella óptica, era indispensable “Diseñar currículos integrales y flexibles con modalidades y metodologías pertinentes a las particularidades de las diversas poblaciones estudiantiles y a los contextos regionales”, con proyección a currículos internacionales cuando fuera el caso, fortaleciendo la educación pública y atendiendo las demandas de la globalización. En resumen: Un Sistema de Educación Terciaria busca promover la articulación, favorecer la movilidad entre programas e instituciones, el reconocimiento de títulos a nivel nacional y en el exterior y, la acreditación de competencias y aprendizajes, entre otros.

Al inicio del segundo periodo del actual Gobierno, el “Acuerdo por lo Superior 2034” con los derroteros propuestos fue archivado, rescatando la idea del SNET, incorporado además al Plan Nacional de Desarrollo-PND sin un sustento técnico sufiente, y con errores conceptuales y estratégicos, de los cuales solo me referiré a tres:

1. Perdió de vista el proceso previo, desdibujando sus objetivos y amplificando su foco en la Educación para el Trabajo y el Desarrollo Humano-ETDH. La Educación Terciaria debe reconocer la diversidad de la oferta educativa nacional y articularla, no unificarla. La educación superior, ni la educación terciaria, pueden o deben tener el modelo SENA. Cada IES, cada Institución para el Trabajo y el Desarrollo Humano-ITDH, incluido el SENA, deben cumplir sus funciones misionales, sin sobrelapos, sin suplantaciones. Menos de un año después de haber publicado el “Acuerdo por lo Superior 2034”, y sin analizar aquello planetado para reflexión: “la conveniencia de avanzar hacia un sistema de educación terciaria”, en Julio de 2015, se socializó el primer borrador de las bases conceptuales del SNET, un documento con muy buenas intenciones, pero descontextualizado y superficial. Un

ejemplo: la nueva denominación de “maestrías técnicas” no representa solución a la evidente desarticulación del Sistema, ni promueve la reestructuración de currículos para que técnicos y tecnólogos tengan las competencias esperadas, entre otros por el sector empresarial. En la propuesta de decreto para el SNET considerado para aprobación por fast-track, se concluye que “para alcanzar un alto nivel de la formación profesional en el País es necesario promover el acceso a una oferta dotada de una institucionalidad sólida, liderada por el sector trabajo y en coordinación con el sector educativo, con elevados y sostenibles estándares de calidad”. ¿Cuándo cambió el horizonte y es el Ministerio de Trabajo y no el Ministerio de Educación Nacional el que debe liderar la política educativa de Colombia?.

2. Desconoce el consenso mundial que a través de la Clasificación Normalizada de la Educación-CINE de la UNESCO, indica que los objetivos de aprendizaje – aún los de la educación vocacional- deben propender por “el mejoramiento de conocimientos, competencias y destrezas dentro de un contexto personal, cívico, social o laboral”, no exclusivamente laboral, por lo que es una falla estratégica dejar en manos del Ministerio del Trabajo y del SENA una reforma educativa. Ahora bien, no importa quien haga el trámite legal, éste, debe ser el resultado de un proceso liderado por expertos, de consultas, de discusiones y de consensos. ¿Cuáles son las cifras, el sustento para delegar los temas de educación con una mirada restringida al oficio?. Gracias a estamentos internacionales tan consultados como la OCDE, el Banco Mundial o el Foro Económico Mundial, documentos de calidad elaborados por expertos nacionales (“nuestra Misión de Sabios”), como el titulado “Colombia al filo de la oportunidad” han recobrado actualidad luego de 20 años. Todos los expertos incluidos los colombianos, coinciden en que Colombia tiene un retraso de varias generaciones en recurso humano con alta formación, incluido el nivel técnico. Nos faltan obreros bien calificados, pero sobre todo mucha masa crítica. Si bien los estudios coinciden, los análisis nacionales superan, en probable impacto, a los derivados de las consultorías internacionales –muy bien pagas por cierto- puesto que proyectan sobre la realidad nacional las

potenciales capacidades, que catalizarán los cambios con los que hemos soñado las últimas generaciones. Los consultores internacionales, nos brindan consejos y recomendaciones que por momentos lucen desenfocados y diseñados para otras naciones, pues ellos, han estructurado sus análisis con datos, documentos e información provista por nuestros propios tomadores de decisión, la que no siempre es precisa. Otro ejemplo: la OCDE nos expone basado en un único ensayo, que el SENA, es quien lidera la oferta educativa a nivel técnico, lo que no es preciso; dudamos que sea así.

3. Atribuir a las dificultades de la gobernanza, la mala remuneración por falta de reconocimiento social de los técnicos y no a las deficiencias del currículo, es un error. Ni el SENA, ni muchas, por no decir la gran mayoría, de las instituciones técnicas y tecnológicas –TyT- no cuentan con sólidos currículos soportados en ciencias básicas como matemáticas y física, e ingeniería; por ende, la solución al problema no estaría en apurar el paso para otorgar títulos de técnicos o en el mejor caso “magísteres técnicos”, sino en repensar currículos e invertir en infraestructura y tecnología, para que las IES, en particular las TyT formen recurso humano con competencias superiores. El reconocimiento social se logra con el tiempo. Dentro de esas competencias sería fundamental considerar algunos de los consejos del Foro Económico Mundial, que en su proyección para el 2020, resalta que aspectos socio-humanísticos y científicos, deben ser habilidades características del recurso humano en el mundo laboral. Entre estas, la capacidad de adaptarse al mundo cambiante (oficios que surgen o desaparecen por la globalización), por lo cual no para todos los oficios, labores u ocupaciones aplica el Marco Nacional de Cualificaciones-MNC -vinculado tan integralmente al SNET-. Unir dos estructuras indefinidas como el SNET (sin claridad en su oferta educativa) y el MNC, aplicable a 11 sectores, que nadie ha podido explicar cómo los definieron, es por lo menos irresponsable. Suena risible, pero es real, uno de los sectores “identificados” para promover la articulación entre la educación y el sector productivo es el de “macrosnacks”. No hemos logrado imaginar qué competencias o habilidades tendría en este caso, un egresado como “magíster técnico en macro-snacks”. Mucho más

serio ¿Cómo valoraría este MNC la capacidad de resolver problemas complejos, el pensamiento crítico, la creatividad, la inteligencia emocional, la flexibilidad cognitiva?, todas habilidades críticas en un mundo laboral con capacidad industrial sólida (habilidades descritas como fundamentales por el Foro Económico Mundial).

Finalmente, como Sistema Educativo de cara a la enorme responsabilidad que debemos asumir como Académicos, en la nueva Colombia del post-conflicto, es necesario convocar a los Empresarios para nos presenten sus sueños y propósitos, para que nos indiquen en qué ha fallado la educación nacional desde su perspectiva y por qué no, para que analicemos conjuntamente también, si esa es la empresa que requiere Colombia, si podemos soñar con una industria que valore el conocimiento más que el intercambio comercial y, con un Gobierno que lidere una política pública, ciertamente participativa.

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