Abril/26 Cárdenas, columnista de El Observatorio, advierte que la universidad debe superar el enfoque racionalista, usando la inteligencia artificial para el conocimiento objetivo y la experimentación humana para lo subjetivo.
La infusión universitaria: experimentación dialógica como generadora de formas de vida.
Tuve un biólogo amigo en la Universidad de los Andes, que durante su pregrado se la pasaba probando plantas aromáticas que el campus de la universidad tenía:
─Felipe, ¿qué quiere probar hoy, manzanilla o limonaria?─.
Su interés era captar sabores, aromas y formas de preparación de las flores, los tallos y las plantas. Parecía una labor sin relevancia práctica. Con los años, comprendí la notabilidad de un ejercicio de experimentación sobre lo que se puede definir como las propiedades medicinales de la biodiversidad. En el campo de la medicina biodinámica, dicho proceder define la experimentación pura y es uno de los caminos para identificar las propiedades medicinales de toda sustancia existente en los diversos reinos de la naturaleza. Un tema sobre el que hemos avanzado poco como instituciones en Colombia. Y somos uno de los países que cuenta con las mayores biodiversidades del mundo. Todo un campo para la experimentación pura que hemos desechado dadas las huellas hiperracionalistas que se tomaron el mundo de la educación en sus discursos dominantes.
Las universidades a menudo corren el riesgo de padecer el síndrome enciclopédico racionalista. Desde el ideal del conocimiento objetivo, aspiramos a estar bien dateados, pero es poco el conocimiento donde este se caracteriza por involucrarse con su objeto de estudio, de conocerlo, de dialogar con él, de respetarlo. Nos pasa a todos dada la mentalidad hiperracionalista y objetivista que marca la experiencia de orden de las sociedades de la modernidad.
En muchas ocasiones existe el profesor o la profesora que parece una enciclopedia caminante. Si se habla de métodos cuantitativos, el profesor o profesora, pongámosle un nombre, Claudio, habitualmente sorprende con cifras y conocimiento de las fuentes teóricas o metodológicas que definen un tema, método o procedimiento. Claudio conoce de fechas, autores y escuelas de pensamiento. Ahora, el rey del conocimiento objetivo lo definen hoy los diferentes programas, aplicaciones o softwares de inteligencia artificial. Con el advenimiento y evolución de la inteligencia artificial, el conocimiento objetivo desplaza al profesor enciclopédico que nos hacía creer que todo lo sabía. Sin duda, eran seres necesarios, cercanos y hasta un poco antipáticos. Con la aparición en sociedad de la IA, la universidad tendrá que volver a explorar y reconocer otras formas de conocimiento que no manejan las máquinas, los bots o agentes de IA. Por ejemplo, la experimentación pura. Me refiero a ese conocimiento como la infusión universitaria, marcado por la exploración que ha realizado mi amigo biólogo de las aromáticas del campus universitario. Aludo con ello a los sabores, experiencias y sentidos tanto objetivos como subjetivos que no puede experimentar ni desplegar un bot, programa o aplicación de inteligencia artificial.
Estamos en el campo de la tensión entre el conocimiento realista e idealista, lo que le brinda a la universidad un campo de conocimiento infinito para proyectar nuevos espacios formativos, que desde luego tendrán que convivir y dialogar con las superinteligencias que manejará la IA.
La infusión universitaria
Me encantan las infusiones. Siembro limonaria, manzanilla, cidrón, albahaca, menta, hierbabuena. Mis preferidas, la albahaca y la limonaria. Son plantas generosas. La limonaria puede considerarse como perenne y, además de aromática, sus gajos sirven para combinarse con arroz, carnes y pescados. Para la albahaca, ella se tiene que sembrar regularmente cada dos o tres meses. No voy a introducir o comentar sobre las propiedades medicinales de estas plantas. La IA puede hacerlo mucho mejor que yo. Ese es el conocimiento objetivo del que yo no estoy en capacidad de competir en la actualidad. Un <<prompt>> que establezca: <<Actuarás como experto en plantas medicinales aromáticas y consultarás todos los textos sobre sus propiedades en los últimos 10 años>> es sorprendentemente muy potente en lo referido a los datos que me puede arrojar. Me es imposible competir con un bot o agente que está en capacidad de consultar millones de libros y artículos en pocos minutos. Ahora, el bot no puede competir con mi capacidad de saborear o contar historias ligadas a los objetos con los que yo de manera personal me relaciono. Pueden ser incluso anécdotas triviales sobre mi experiencia con las plantas aromáticas o con las capacidades de indexación icónica que tiene la vida en todos sus planos sobre la conciencia del ser humano. Campo de conocimiento del que solo dispone de manera experiencial el conocimiento acumulado durante ya casi doscientos años la medicina homeopática o el conocimiento vernacular de los pueblos aborígenes del mundo y que se refiere a un conocimiento anclado en las filosofías de la vida.
Ahora, la infusión universitaria se refiere al idealismo-realismo que no puede realizar la máquina y que nunca podrá ejercer. Me voy a sentar a degustar la infusión universitaria y sus sabores. Puedo comprar una porción de la infusión en el mercado. Un puñado de infusión universitaria tiene un costo monetario. Compro en el mercado la infusión universitaria; durante algunos años la saboreo. ¿Qué es lo propio de la infusión universitaria? ¿Cuáles son los sabores originales y únicos que no me proporcionan otros conocimientos o vías de acceso al conocimiento que solo están en la infusión universitaria? Saboreo la universidad. Contacto existencial con estudiantes, profesores, padres de familia, administrativos, colegas de otras universidades. Lectura de libros, ocio, contemplación. Y desde luego la aceleración de la historia que se vive como efecto de la infusión universitaria. La infusión se calienta o recalienta en ocasiones demasiado. Hierve, todo el mundo corre, se distrae. Se vencen los plazos para las publicaciones, para la gestión de los proyectos. La infusión se enfría. Es una infusión de muchos sabores. Hemos pagado por una buena infusión. Vale la pena. Sin embargo, entonces, además de comprar la infusión universitaria, la podemos sembrar nosotros mismos. Podemos obtener la semilla o las plántulas; nos la proporciona el proyecto fundacional. Hay que preparar el terreno. Le tiene que dar el sol a la plántula. Antes, durante y después de la siembra, hay que trabajar el terreno, abonarlo, deshierbarlo, aporcarlo. La mata se tiene que cuidar y consentir. En este proceso entran en juego mis conocimientos, mis ignorancias, mis sentimientos, el sentido común y mis intuiciones. Debo saber algo, un poco de agronomía, hidrología, biología, microbiología. Todo muy desde el sentido común, pues son pocos los que han leído o estudiado estas ciencias de la Tierra. Finalmente, pasados unos días, semanas o meses, la planta está lista para ser recogida y cosechada. La infusión la preparamos como el buen té; toda infusión tiene su ritual. Puede ser un ritual en solitario o en compañía. Degustamos en soledad, con la pareja, los hijos, estudiantes o los amigos. La degustación es un pretexto para socializar. Aparecen conversas, debates y diálogos trascendentes e intrascendentes. Es el mundo de lo cotidiano en todo su esplendor, donde nada es ordinario y donde todo lo extraordinario es ordinario Claudio se sienta junto a uno. Su conocimiento enciclopédico lo sigue definiendo, pero ahora le podemos contestar con ChatGPT, Perplexity o Grok. Es como si la vida nos dijera que las claves de sentido de la infusión universitaria ya no están en el conocimiento enciclopédico, sino en otras dimensiones, sentidos o planos de la realidad. Los nuevos sabores de la infusión universitaria nos llaman a otros deleites; quizás es el tiempo para que el idealismo pueda jugar otra partida en la realidad material de las instituciones universitarias. Esa partida se encuentra en relación con la identificación y el reconocimiento de todo aquello que en la realidad no puede hacer la máquina y que pertenece de manera exclusiva al ser humano. Jugar, deleitarnos, reír, llorar, sentir, amar. Si un <<prompt>> de IA nos puede escribir capítulos de libros, libros o tesis doctorales en minutos, el académico que degusta la infusión universitaria, a diferencia de las alucinaciones de la IA (la IA también alucina), tendría que potenciar su capacidad para la idealización de mundos más hermosos.
De la universidad o escuela del desencanto estamos llamados a descubrir otros encantamientos. La infusión de albahaca, hierbabuena o limonaria, como experiencia nutricia y medicinal, tiene que ocupar el lugar en la siembra propia de la universidad. Sembrar con nuestras manos y corazones. La infusión universitaria como proyecto idealista en contacto con la Tierra y toda su biodiversidad. La infusión universitaria para el caso de Colombia a diciembre de 2024 tiene a su disposición inspiradora unas 80.346 especies observadas y se estima que el total real de la biodiversidad podría estar entre 200.000 y 900.000 especies que nos interpelan en términos de nuestras capacidades perceptivas como humanos (Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia -SiB Colombia, 2024). Toda una realidad desconocida y poco respetada.
La infusión universitaria como proyecto idealista
El dato enciclopédico se tomó y terminará de tomarse la universidad por la vía de la IA. Un hecho fáctico que ya viene sucediendo. La infusión universitaria como metáfora de los sabores propios de la vida académica tendrá que justificarse de manera seria como programa de investigación en las universidades. Las universidades que quieren sembrar, cosechar y degustar sus propias infusiones deberán estar atentas a desarrollar sus propias marcas autobiográficas creativas. La autobiografía creativa como expresión de la infusión universitaria nos coloca en el campo de las nuevas ciencias de la concienciación. En dicha cartografía, la estructura metafísica de la realidad, con la ayuda del conocimiento enciclopédico de la IA, tendrá que estar atenta a captar todas las formas constitutivas del espacio semántico (objetivo/subjetivo) de la experiencia consciente, tanto humana como no humana. Las formas simbólicas como expresión consciente y sintiente deberán hacer parte de los espacios y tiempos del mundo percibido por parte de algunos de los degustadores de la infusión universitaria.
Las emociones, texturas, colores y dimensiones del mundo de lo cotidiano harán parte de la nueva infusión universitaria. Estas emociones, texturas, colores, dimensiones y acciones cotidianas no hacen parte del universo de la IA; son propias del mundo perceptivo de la vida. Estas exploraciones sintientes, desde luego, harán parte de las necesidades de los diseñadores y programadores de la IA, pero son un espacio-tiempo multidimensional donde los signos adquieren sentido por proximidad o distancia semántica, similar a un mapa vectorial en procesamiento del lenguaje natural (PLN), donde palabras cercanas en el “espacio” comparten contextos. Como mapas semánticos o redes, el despliegue de infusiones de conocimiento debe facilitar el análisis y el despliegue pedagógico o hermenéutico en educación y filosofía en clave cognoscitiva o de despliegue noético en la comunidad universitaria y en los sectores de la sociedad interesados en hacer del mundo un lugar más bello, justo y amoroso.
El espacio semántico de la infusión universitaria deberá proporcionar el sustrato simbólico y cultural que brinde profundidad y contexto cultural a las relaciones de significado puras del espacio de la terceridad semiótica. Entiéndase por terceridad semiótica (Peirce) el espacio de los grandes argumentos sapienciales (pasados, presentes y futuros de la humanidad), generativos, simbólicos, políticos y culturales que la infusión de sabores universitarios debe proyectar en la realidad de nuestros pueblos.
Como una arqueología del saber y un poco siguiendo las formas simbólicas de E. Cassirer, las infusiones universitarias, como despliegue de experiencias, experimentaciones, sensaciones, vivencias, deberán posibilitar la conservación y fortalecimiento de todas las disciplinas (antropología-historia) que estudian y median con rigor en la experiencia humana. No como disciplinas fosilizadas, sino como disciplinas atentas a generación, transformación y configuración de los “universos simbólicos” en clave alquímica: La trasmutación de lo simple a lo complejo, del egoísmo al amor pleno como expresión de servicio. De las pedagogías de la competencia a las pedagogías del corazón.
La infusión universitaria estará cargada de sentidos culturales y sociales, donde sus espacios semánticos e informacionales están en capacidad de articular lo real, simbólico e imaginario como flujos de sentido que ayudan a conservar y preservar el espacio abiótico y biótico de la vida mediante mediaciones políticas, éticas, estéticas y culturales. Es decir, la infusión universitaria identifica, valora y despliega sabores o capas míticas, artísticas, espirituales y religiosas para una comprensión holística del significado de la vida humana y no humana. Por lo tanto, los sabores de mi infusión de albahaca ganan en potencia semántica como expresión lingüística e informacional. Estamos ante un campo-espacio-tiempo cultural y generativo, que tiene que ser enriquecido por contextos simbólicos amplios de orden biográfico y existencial. El más humilde elemento material de la Tierra se constituye en dimensión experiencial en el orden del ser, de la generación de riqueza material y espiritual. Como señala Tim Ingold, la similitud entre antropología y educación —son, en mis palabras- mentefactos fundamentalmente equivalentes—: ambas, la educación y la antropología, son formas de “estudiar” y de “llevar la vida con otros”, más allá de la transmisión de conocimiento o de las meras etnografías académicas, que quizás hoy no le interesen a nadie. La infusión universitaria experiencial tiene que ser crítica de las agendas educativas “corrientes mainstream (educación por competencias)”, proponiendo la educación como un proceso de atención, crecimiento y descubrimiento compartido (en lugar de solo enseñanza-aprendizaje).
Las fracturas universitarias
La IA, con todo su potencial, hace evidente que la universidad, como fábrica de títulos (Ortega y Gasset) o fábrica de conocimiento (Ingold), está condenada al colapso. Es una infusión vacía que se estructura desde el autoengaño. La universidad contemporánea, como negocio de la industria académica, se ha convertido en un proveedor mercantil de títulos, empleabilidad e innovación, medido por rankings e “impacto” económico. Puede ser hoy una institución que reproduce desigualdades al presentar el estudio como escalera de ganadores y perdedores que beneficia solo a una élite cosmopolita desarraigada incluso de las necesidades, valores y principios de las sociedades donde están ancladas. En muchos casos, ha abdicado de su misión educativa y democrática: la enseñanza sigue siendo “bancaria” (Freire), la investigación es extracción de datos o innovación patentable (se visitan las comunidades simplemente para validar un instrumento), y la “libertad académica” se reduce a una libertad volitiva elitista (libertad de restricciones, no libertad en el riesgo y la diferencia).
La universidad que yo conocí, donde mi amigo biólogo probaba mediante infusiones los aromas y sabores de las plantas, era una universidad abierta para todos. Tenía uno en el salón de clase, estudiantes-maestros que nunca habían pagado la matrícula, pero que el amor al conocimiento los llevaba a cursar semestres interminables. Eran arquetipos del conocimiento. Respetados por profesores y alumnos. Muchos de ellos, ya adultos, podían entrar y se les permitía asistir a clases en la universidad sin carnet. Hablo ya de hace más de 40 años. Todo esto desapareció ante las violencias que hemos vivido como sociedad, donde las universidades ubicaron estrictos puestos de seguridad en las entradas de sus planteles. Pareciera un hecho trivial, pero es significativo para la universidad del siglo XXI porque refleja con claridad un enunciado teórico: La universidad tiene que estar abierta a todos y al servicio de los demás: así se constituyen en universidades para el bien común. Estaríamos ante universidades no sectarias donde el que tiene “hambre” de estudiar puede hacerlo, y lo puede hacer en cualquier momento de la vida. Las jerarquías sociales (estatus, ventaja, desventaja, credo, afiliación religiosa, género) se suspenden en la puerta.
Colombia es uno de los países más megadiversos del mundo. También somos una nación marcada por la diversidad regional y cultural. La Universidad Infusión tiene que reconocer esas realidades y proponer modelos experienciales y experimentales que nos permitan ir más allá del espíritu clasificador y taxonómico de la ciencia positiva. La ciencia como infusión universitaria tiene que proyectar la complejidad ambiental del territorio y de las culturas en sus programas de estudio, renovando colectivamente la vida social e incorporando el sentir y el campo perceptivo de todas las formas de vida que constituyen nuestros círculos educativos, cuya particularidad refiere programas de estudio e investigación cuya nota es “estudiar con” en lugar de “estudiar sobre”. Necesitamos retomar la misión educativa y democrática (superando los esquemas de la enseñanza bancaria o la investigación extractiva). Toda la literatura sobre colonialidad y decolonial señala que las universidades siguen siendo cómplices de mecanismos de segregación y desigualdad social.
En suma, la crisis de la universidad contemporánea es una crisis ontológica que se supera convirtiendo a la universidad en un gran espacio de conversación, atenta a generar círculos de estudio, círculos de la palabra, donde se respire aire de región, de patria, de cultura local. Un tejido de diferencias infinitas que se corresponden desde la generación de formas de vida, cuyo núcleo es el bien común, que se construye con la participación de saberes, desde escenarios de diálogos culturales, donde la voz de los ancestros vivos y no vivos tiene cabida y representación en nuevos campos normativos y constitucionales que están por desarrollarse desde mecanismos legales que podemos definir como espacios de consulta cultural.
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Felipe Cárdenas Támara es director del Observatorio Iberoamericano de sociopolítica, cultura y ambiente, de la Universidad de La Sabana
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