¿Quién vela por la suerte de la Distrital?

Editorial de El Tiempo, en el que se hace un llamado a que, de una vez por todas, las autoridades que están detrás de la Universidad Distrital actúen para evitar que siga el desangre de esta institución.

A pesar de que en su consejo superior tienen asiento representantes del Presidente de la República, el Alcalde Mayor y el propio Ministerio de Educación, la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, una de las más tradicionales de Bogotá, atraviesa hoy por una de sus peores crisis académicas y administrativas en más de 60 años de historia. Algo injusto para una entidad que ha tenido que recorrer un largo camino con el fin de consolidar los 40 programas de pregrado con que cuenta y las 10 sedes que ofrecen educación profesional y tecnológica a cerca de 30.000 jóvenes de escasos recursos.

Por estos días, precisamente, los estudiantes realizan un cese de actividades en rechazo a las reformas académicas que promueven las directivas del claustro y que, según los muchachos, buscan fusionar facultades e imposibilitar que los tecnólogos puedan profesionalizar sus carreras con más años de estudio.

Las protestas, que ya completan varias semanas, ponen en riesgo a la comunidad estudiantil, que puede ver suspendido el semestre si se mantiene el actual estado de cosas.

A esto se suman los hechos irregulares denunciados por este diario sobre la forma como fue licitada y adjudicada la construcción de una nueva sede en Bosa. Aunque el rector (e) congeló el anticipo de recursos para evitar que arrancaran los trabajos, los contratistas no se dieron por aludidos y han comenzado a edificar sin que nadie lo impida.

Buena parte de los problemas que arrastra la Distrital tienen que ver con el modelo de gobierno que impera desde hace décadas. El cúmulo de intereses que se ciernen sobre la institución ha terminado por convertir a la universidad en un fortín burocrático y político, lejos de su misión formadora. Las luchas internas están a la orden del día. Ya hay denuncias en la Fiscalía por lo que viene sucediendo.

Es hora de que los gobiernos nacional y distrital –que aportan el grueso de los recursos para su funcionamiento– se hagan sentir y pongan algo de orden, empezando por el desmantelamiento de aquellos poderes oscuros que se han enquistado en su interior. De lo contrario, los únicos perdedores serán, como siempre, los estudiantes y sus profesores.

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