¿Sergio Fajardo en el MEN?

Luis Fernando Páramo Jiménez, Observador de la Educación Superior, reflexiona sobre las implicaciones de la posible llegada del candidato Sergio Fajardo al Ministerio de Educación. El Observatorio irá presentando las diversas posiciones al respecto en esta época pre-electoral.

Esa utopía de antaño sobre que la educación es un gran motor del desarrollo nacional, puede empezar a funcionar si el Ministerio de Educación deja de ser el Ministerio del relleno político o el de los compromisos familiares. El candidato presidencial Antanas Mockus es el único que se ha pronunciado concretamente sobre la importancia que tendrá el Ministerio de Educación en su gobierno, hasta el punto de anunciar que su Vicepresidente ejercerá sus funciones desde el Ministerio de Educación, porque en éste se orientará la transformación social y cultural que sustenta su política de Legalidad Democrática.

El Dr. Fajardo es no sólo su compañero de fórmula sino su aliado en la lucha por la educación de calidad, democrática en el acceso, de cubrimiento nacional y en especial vinculante con la formación de individuos capaces de involucrarse en los cambios sociales y económicos que el país requiere.

Para el Observatorio de la Universidad Colombiana este hecho no puede pasar desapercibido, en especial cuando,  tanto el candidato a la Presidencia como el posible Ministro de Educación, tienen su mayor experiencia en la Educación Superior, y nada menos, que en la Universidad Nacional y en la Universidad de Los Andes.

Los primeros pronunciamientos de ambas personas, demuestran la claridad conceptual que tienen al respecto de los principales aspectos que tienen hoy en jaque al Ministerio de Educación Nacional, en especial las que atañen a la problemática de la Educación Superior. Para poner un ejemplo, al opinar sobre la Calidad, ya han dicho que los esfuerzos realizados hasta el momento no arrojan resultados satisfactorios pues basta con conocer la posición de las universidades colombianas frente al contexto internacional, por lo tanto dedicarán su empeño a armonizar el logro de la calidad pero con estándares que puedan darnos competitividad.

Los estándares Colombianos de calidad para la Educación Superior, han sido talvez la mayor equivocación, hasta el punto que hay que preguntarse si dichos estándares tienen o no calidad, en vez de afirmar que con ellos se puede medir y lograr la calidad.  Poco a poco las inquietudes y sugerencias de la comunidad académica universitaria van a resolverse y con seguridad este viraje le conviene al Ministerio y a la Educación Superior Colombiana.

La tan cacareada cobertura tiene también una expresión congruente en la política de Legalidad Democrática, de una parte porque la aspiración primaria es la democratización del acceso, es decir, ampliar la cobertura poblacional incluyendo a los mas pobres, porque la cobertura geográfica es cuestión de estrategias metodológicas y de alianzas estratégicas entre las instituciones, sin violar la independencia de las mismas.

Fomentar la creación de instituciones y programas no parecen ser una solución ni a corto ni a largo plazo, pero hacer eficientes y eficaces los existentes, sí es un escenario posible a corto plazo, claro está sin descuidar la generación de programas que se deriven del desarrollo científico o tecnológico.

Para terminar me permito sugerir al Observatorio un análisis de los planteamientos de éste o cualquier otro equipo político que se pronuncie sobre la educación y sobre la educación Superior, para que nos vean como sus colaboradores y no como sus adversarios.

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