Juan José García Posada cuesiona en el diario El Colombiano, de Medellín, la apatía de los candidatos a la Presidencia por el tema de la Universidad.
Me parecen flojas, trasnochadas e insustanciales las propuestas de los candidatos sobre la cuestión universitaria. Comprendo que los problemas del país son tan complicados y abrumadores que no puedan esperarse programas integrales, completos, que resuelvan la totalidad de las expectativas de los ciudadanos. Pero si la educación es tema prioritario, como todos lo han enfatizado, lo obvio sería que le asignaran la importancia justa, más todavía aquellos aspirantes a la Presidencia que pretendan encontrar mayor acogida entre las nuevas generaciones estudiosas.
Todos coinciden en preconizar de modo repetitivo y abstracto el mejoramiento de la calidad y la ampliación de la cobertura, el abaratamiento de costos y la financiación de la universidad pública, la acreditación institucional y otros lugares comunes. Son casi los mismos asuntos del siglo pasado. ¿Qué valor le agregan a la discusión? ¿Qué dicen de la universidad siguiente, siquiera qué proponen para los quince años próximos y qué plantean para que las instituciones colombianas de educación superior se pongan al ritmo del mundo?
El debate actual sobre la educación superior que necesita este país no debe marginarse de las corrientes globales. Hay cuestiones trascendentes y de fondo, inherentes a la filosofía universitaria, que no deben soslayar quienes compiten por la dirección educativa estatal. En Europa está a la orden del día la controversia sobre el Tratado de Bolonia, que empezará a aplicarse a fines de este año en medio de protestas y aceptaciones. Ni una sola palabra les he oído o leído a los candidatos acerca de ese tema que tiene por qué afectar a las universidades colombianas en vías de internacionalización. ¿Qué piensan de la homologación de carreras, la doble titulación, la flexibilidad curricular y los créditos, la movilidad estudiantil y docente y, en fin, tendencias que incluso ya están discutiéndose en comunidades académicas nuestras?
En Latinoamérica, uno de los puntos neurálgicos del debate es la inclusión. No es democrática una sociedad que no garantice igualdad de oportunidades educativas. Muy poco, también, se han detenido los candidatos en esa cuestión nuclear. La tratan de modo tangencial, así como tangencial ha sido su relación con la vida universitaria, al menos en años recientes. En estos meses de campaña han visitado universidades. Pero han pasado cual ráfagas. Es comprensible que la apretadísima agenda les impida volver a los campus y sentirse jóvenes como hace treinta o cuarenta años.
Es inaceptable esa precariedad de las ideas de los candidatos sobre la educación superior, más en el caso del Profesor , que, aunque ha despertado simpatías en el entorno universitario, envuelve en consignas elementales unas propuestas flojas, trasnochadas e insustanciales como las de sus colegas. Todos siguen pensando en la universidad que les tocó de muchachos. Ignoran la actual y la futura.
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