La articulación entre la educación para el trabajo y la educación superior: tejiendo puentes

La socióloga Liliana González ha trabajado en varias IES acompañando  analizando procesos de articulación de la educación superior con la media, y también conoce los procesos de interventoría que desde la Secretaría de Educación se ha hecho a los esquemas de semi-vinculación de los estudiantes que terminan bachillerato a programas técnicos profesionales. En este ensayo se pregunta si , con roles como los del SENA y la formación para el trabajo, ¿es posible una integración curricular y pedagógica entre estos dos niveles para garantizar el aprendizaje a la largo de la vida?

 

 

Cuando se habla de articulación siempre se piensa en la posibilidad de engranar la educación media con otros niveles de formación, bien sea la Educación Superior o la Educación para el Trabajo y el Desarrollo Humano (ETDH). Sin embargo la articulación no es más que la posibilidad de integración entre los diferentes niveles del sistema educativo y una muestra de la flexibilidad del mismo, donde se permite por diferentes vías y a ritmos diferentes llegar a los niveles máximos de educación de acuerdo con las expectativas y capacidades de los estudiantes, por lo tanto no es un tema que concierne solo a media sino a todos los niveles educativos.  La existencia de articulaciones entre los niveles significa un sistema abierto a las posibilidades de movilidad por los diferentes programas y modalidades de formación lo que contribuye a la igualdad social de oportunidades educativas, especialmente para aquellas personas que por diferentes circunstancias desertaron del sistema o no pudieron ingresar a él una vez terminaron el bachillerato.

La evolución de la política educativa en torno a la ETDH – antes llamada servicio especial de educación laboral y posteriormente no formal -, no deja claro el papel que cumple este nivel de formación dentro del sistema de educación superior. La normativa ha dejado vacios e incongruencias que confunden a la hora de considerar las posibilidades de articulación y mecanismos de acercamiento entre estos niveles.

En el decreto 1860 de 1994 aparece por primera vez la intención de integración de la ofertas de formación “La educación preescolar, la básica, la media, la del servicio especial de educación laboral, la universitaria, la técnica y la tecnológica, constituyen un solo sistema interrelacionado y adecuadamente flexible, como para permitir a los educandos su tránsito y continuidad dentro del proceso formativo personal. Los procesos pedagógicos deben articular verticalmente la estructura del servicio para hacer posible al educando el acceso hasta el más alto grado de preparación y formación. Además deben facilitar su movilidad horizontal, es decir el tránsito de un establecimiento educativo a otro, para lo cual se podrá hacer uso de los exámenes de validación, de acuerdo con la reglamentación que expida el Ministerio de Educación Nacional.”

Sin embargo dos años después, en el decreto 114 de 1996, se separaran las ofertas de formación y se delimita el campo de acción de las instituciones de educación no formal[1] y esta separación continua en la ley 115 del 1994 y en la ley 749 de 2002. Es en el 2004 con la expedición del Conpes 81, cuando se vuelve a hablar de interrelación entre las ofertas de formación ofrecidas en diferentes instituciones sin importar su carácter formal o no formal, a través de la creación del Sistema de Formación para el Trabajo (SNFT)[2] que reconoce la dispersión, heterogeneidad y no equivalencia entre los planes de estudio de la formación técnica laboral y la técnica profesional, lo cual dificulta la trasferencia de estudiantes entre los dos niveles. En consecuencia, su principal propósito es la creación de sinergias entre las diferentes ofertas de formación para garantizar la continua recalificación de los trabajadores a través de programas de calidad, actualizados y pertinentes, es decir adecuados a las necesidades del sector productivo.

Este parece un propósito que resulta afín al contexto actual de los cambios acelerados en las estructuras productivas y los mercados de trabajo, sin embargo su implementación puede presentar problemas administrativos y académicos al considerar las diferencias en el desarrollo curricular de las ofertas de formación y sus referentes de comparación, mientras en la educación superior se habla de asignaturas y créditos académicos, en la EDTH se habla de normas de competencia laboral.

Dentro del sistema de educación superior los inconvenientes administrativos que tienen las transferencias de estudiantes entre programas e instituciones, demuestran que la organización de los planes de estudio por créditos académicos no ha contribuido a compatibilizar la oferta. Mientras en el Espacio Europeo de Educación Superior el sistema de créditos o ECTS (European Credit Transfer System) se convirtió en el principal referente de homologación y transferencia, donde incluso es posible conseguir los créditos por fuera del contexto de la educación superior por ejemplo a través de la experiencia laboral siempre que sea referida a la titulación correspondiente (Díaz y Gomez: 2002), en Colombia los créditos solo son una medición del trabajo académico del estudiante definida por cada institución y no constituyen una evidencia de los conocimientos adquiridos previamente por el estudiante, ni son referencia para las transferencias entre instituciones y/o programas.

Paralelamente la ETDH ha avanzado en la conformación de una oferta que como lenguaje común tiene las competencias laborales. La organización de los planes de estudio a partir de las competencias estandarizadas no solo permite cierta adecuación de la oferta con la demanda laboral, sino que ha contribuido a marcar parámetros y criterios claros para medir y elevar la calidad de esta oferta de formación y diferenciarla de la Educación Técnica Profesional. La acreditación de calidad de las instituciones de ETDH significa que existe una homogeneidad en la organización curricular lo permite avanzar en el reconocimiento por parte de las IES de los títulos, créditos y/o aprendizajes previos que traen sus estudiantes de este nivel a través de la homologación y validación de las competencias laborales dentro de la Educación Superior.

Si bien la educación superior no es formación por competencias laborales, muchas IES han iniciado una revisión de la estructura y diseño de sus programas incorporando el enfoque de las competencias, para facilitar la transición de sus egresados al mercado de trabajo. “Si antes era prácticamente inexistente, ahora las demandas y necesidades del sector laboral empiezan a hacer presencia en las reflexiones, análisis y revisiones que hace la educación superior de sus políticas, y ya comienzan a incidir en la transformación de no pocas instituciones de educación superior” (MEN: 2005)

En este sentido se puede pensar que, a falta de otros referentes de comparación, las competencias pueden ser la base para viabilizar la articulación de la Educación superior con la ETDH. Al respecto vale la pena dejar algunas ideas sobre las implicaciones y posibilidades del proceso de engranaje entre los dos niveles:

  • Separar la educación técnico laboral del resto de la oferta de ETDH: El campo de acción de la ETDH es muy amplio y va desde cursos por horas hasta programas de formación complejos y no todos podrían ser objeto de articulación. Para evitar estigmas y confusiones sería importante distinguir el tipo de programas que cumplen los criterios de acreditación, tienen una estructura curricular comparable con la educación superior y por la vía de la articulación pueden ofrecer continuidad en el proceso de aprendizaje.
  • Unificar los entes y mecanismos de inspección y vigilancia: Para garantizar el cumplimiento de los  criterios mínimos de calidad institucional y académica de la ETDH, es necesario que las labores de inspección y vigilancia sobre los programas de formación técnico laboral sean realizadas por los mismos entes que la Educación Superior para la unificación de requisitos, criterios y niveles de exigencia[3].
  • Validar los créditos como parámetro de homologación: Ya que la normatividad vigente para los dos niveles permite la organización de los planes de estudio por créditos académicos, es posible que puedan convertirse en una referencia en los procesos de homologación y transferencia entre instituciones y programas.
  • Creación de un componente propedéutico para que se articulen los dos niveles: Dado que los objetivos de formación y modelos pedagógicos son diferentes entre los dos niveles, conviene crear un espacio de nivelación o complementación adicional que fortalezca el desempeño académico de los estudiantes y los prepare para la continuidad en la educación superior.

En resumen, es posible la integración curricular y pedagógica entre estos dos niveles de formación, siempre y cuando las IES internamente inicien un proceso de trabajo y reflexión sobre las estrategias de articulación a falta de una normatividad clara sobre el tema. La consolidación de puentes entre la ETDH y la educación superior garantizan la continuidad en el sistema educativo ofreciendo a los estudiantes la posibilidad de construir una ruta de formación adecuada a sus necesidades, oportunidades, intereses y expectativas de formación y quizá su práctica frecuente permita avanzar en la estandarización de los procesos de movilidad estudiantil similares a los utilizados en otros países.

Bibliografía

Díaz villa, Mario y Gómez, Víctor Manuel (2003): “Formación por ciclos en la educación superior” Serie calidad de la educación superior No 9. ICFES

Ministerio de Educación Nacional (2005): “Competencias y reformas en la educación superior” En: Boletín informativo Educación Superior No. 5, oct-dic.


[1] Se define como educación no formal los programas de formación, complementación, actualización o supletorios de duración variable en las áreas laboral, académica, preparación para la validación de niveles y grados propios de la educación formal y la participación ciudadana y comunitaria.

[2] Dentro del SNFT se articula e integra a los gremios, empresas, centros de educación y desarrollo tecnológico, instituciones educativas técnicas, tecnológicas y de formación profesional y al Estado.

[3] Actualmente esta labor la realizan las Secretarias de Educación bajo los lineamientos del decreto 4904 de 2009 que básicamente busca limitar la oferta y diferenciarla de la formación del nivel técnico profesional. En este sentido se impide que se ofrezcan y desarrollen directamente o a través de convenios programas de educación superior, que la denominación coincida con los programas de nivel técnico profesional y que las competencias correspondan a los niveles de cualificación C y D definidas por el SENA. Sin embargo en el mercado siguen presentando ofertas que no respetan estas limitaciones lo que evidencia la falta de control y preparación de los funcionarios de las secretarias en estos temas.