La cuidadosa decisión de ordenar el retorno masivo a la presencialidad en las IES

Julio 13/21 Si Usted, señor rector, está afanado por ordenar el regreso presencial de sus estudiantes, para reducir la deserción, si acelera la decisión y no la planea bien, muy posiblemente causará un efecto contrario y alimentará la inasistencia.

Si bien los colegios estén regresando a las aulas físicas, hay presiones, situaciones de salud pública y de necesidad de los padres de que estos salgan de sus casas (para poder trabajar con tranquilidad), pero en el caso de los universitarios la situación varía de forma importante.

El Ministerio de Educación ha insistido en el regreso a las aulas de los niños, pero no de las instituciones de educación superior. Respeta a las que lo hagan, pero aún no ha expresado la intención pública de que esto sea así.

A diferencia del retiro de las aulas, en marzo del año pasado, presionado por la llegada de la pandemia y la oleada de suspensión de clases presenciales, cuando toda la sociedad venía acostumbrada a una dinámica rutinaria, hoy la situación es muy diferente y formalmente la pandemia no ha terminado, por lo que no hay seguridad ni mandato que ordene volver a “como estábamos” antes de un momento a otros.

Además de que los jóvenes en su inmensa mayoría y gran parte del personal de apoyo no ha sido vacunado, y los riesgos de contagio se mantienen (especialmente para estudiantes que, por su edad, guardan menor atención a los cuidados que los niños, por los desplazamientos masivos en sistemas de transporte urbano y por relaciones sociales, entre otros aspectos), tanto los estudiantes universitarios, como los docentes y muchos de los propios directivos han rediseñado sus rutinas, hábitos y formas de vida, a tal punto que ordenar el regreso a las IES, de forma inconsulta ni planeada, puede llevar a que muchos opten por rebelarse, renunciar o aplazar.

Aunque ya hay IES que gradualmente han ensayado el regreso,estas decisiones están condicionadas a nuevas alertas sobre contagios y picos de los mismos, lo cual puede llevar a las propias IES a perder muchos de los esfuerzos e inversiones por adecuar sus aulas para el regreso.

Los defensores del regreso argumentan, entre otros aspectos, que la conviencia en el campus y la interacción presencial son elementos determinantes para favorecer el aprendizaje; que la virtualidad sirvió como emergencia pero que no puede quedarse más tiempo; que hay actividades propias de las IES que no pueden seguir suspendidas por más tiempo, como eventos de bienestar, de educación continuada, movilidad académica, préstamos de servicios y venta de productos, entre otros aspectos

Los que no alimentan la idea de regresar (por lo menos mientras que oficialmente el riesgo latente desaparezca), estiman que la virtualidad sí ha demostrado su potencialidad y beneficios; que gracias a esa tecnología se han podido suplir casi todas las actividades universitarias y, sobre todo, que la pandemia ha permitido descubrir y valorar una nueva forma de vivir, estudiar, relacionarse y plantearse objetivos de vida.

La realidad es que a partir de la pandemia y de la obligada virtualidad (o como quieran llamarle, quienes no quieren identificarse como tal) muchos estudiantes (también docentes y administrativos), encontraron que (aunque sus rectores y jefes duden de su productividad) desde la casa u otro escenario, a distancia, pueden trabajar igual o mejor que antes; que se están ahorrando importante tiempo al día en transporte; que encontraron paz en su retiro y no la congestión de las calles; que las reuniones virtuales de trabajo se volvieron más eficientes; que tienen más tiempo para su familia y gustos personales; y que la tecnología permite llevar mejor los controles y registros, entre otros aspectos.

Y, sobre todo, que sí es posible estudiar – trabajar sin necesidad de cumplir un horario de oficina sentado en una silla.

Por lo mismo, ordenar el regreso no planeado ni concertado a la presencialidad de todos o casi todos los empleados, docentes y estudiantes corre el riesgo no sólo de encontrar malestar entre ellos, sino de que algunos no puedan, con el impacto en trabajo o ingresos de matrícula.

Muchos docentes – estudiantes encontraron que podían seguir realizando normalmente su actividad con la IES, y se fueron a vivir con sus familias a otra ciudad, país o al campo; por lo mismo, las condiciones y expectativas económicas y de calidad de vida han cambiado, y el regreso a la presencialidad no es como pasar de un fin de semana y volver a la oficina el lunes.

No se puede ordenar ni siquiera de una semana a otra. Las condiciones socioeconómicas y familiares han cambiado, mayoritariamente de forma negativa. Muchos han perdido a seres queridos, los recursos y ahorros se han gastado, apenas tienen para vivir y menos para los gastos adicionales que demanda el estudio, y la prudencia frente al momento que vive el país con la pandemia no recomienda que las IES contribuyan con las aglomeraciones en sus propias aulas, restaurantes del sector y transporte público.

La virtualidad también permitió a muchos encontrar contacto con académicos, universidades y programas que antes no conocían y que ahora tienen a un clic de distancia; e incluso consideran la posibilidad de renunciar al estudio actual para reiniciar con otras condiciones de tiempo, espacio, flexibilidad y hasta costo; y que el solo pensar en tener que regresar a las mismas rutinas, con (seguramente) algunos profesores que duermen a los estudiantes en clase presencial y a la inflexibilidad de ciertos horarios, protocolos y decisiones institucionales, causa rechazo.

El sector, mayoritariamente, anhela y espera regresar a clases presenciales, pero indudablemente de nada sirve, para su propio crecimiento y sostenimiento de su “modelo de negocio”, regresar exactamente a lo mismo.

Presencialidad, sí o sí, con virtualidad y nuevas rutinas, programas, motivaciones y alternativas que se complementen con nuevas expectativas de vida son la opción para “regresar” sin sufrir afectaciones, y en ese escenario más que la imposición de un rector, consejo superior, directivo…. lo que vale es la concertación.

La situación no se reduce al dilema de presencialidad plena o no, sino de presencialidad cómo.

Las IES que tengan en cuenta esto y desde ya lo estén trabajando (más allá de adecuar aulas y poner termómetros y alcohol en todo el edificio), serán las que saldrán adelante.

A manera de referencia vale la pena ver el video en donde el vicerrector académico de la Universidad de Medellín, Alejandro Arbeláez Arango, anuncia que esa IES, regresará a la presencialidad, y cómo arrasan los comentarios de crítica de parte de los estudiantes con argumentos como los aquí presentados.

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