Gonzalo Palau Rivas valora, en el Diario Portafolio, la manera como el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario realizó la elección, nuavemente, de Hans Peter Knudsen.
En solemne ceremonia realizada el pasado martes 7 de los corrientes, se llevó a cabo en la Universidad del Rosario el acto de elección del Rector del Claustro para el periodo 2010-2014.
Aunque este acontecimiento ha tenido amplia divulgación en los medios de comunicación hablados y escritos, me tomo el atrevimiento de hacer algunos comentarios adicionales con el fin de resaltar las características muy peculiares y casi que únicas, que en esta Universidad rodean la designación y elección del máximo dignatario de la misma.
De acuerdo con la voluntad del fundador Fray Cristóbal de Torres, inspirado en los procedimientos aplicados por las universidades europeas tradicionalmente a la vanguardia en el campo de la educación como Bolonia y Salamanca, el Rector del Rosario es escogido por votación secreta de los llamados quince colegiales, quienes conforman el grupo selecto de entre todos los estudiantes, que acceden a la distinción de la Colegiatura en función de sus calidades académicas, personales y de liderazgo.
Esta distinción conlleva la honrosa misión y responsabilidad de escoger al Rector. El número de quince obedece a que en 1653 el censo estudiantil era de quince miembros, o sea que todos los estudiantes participaban en la votación. Hoy en día, la Universidad tiene más de diez mil alumnos, pero el número de estudiantes electores sigue siendo de quince, para mantener la tradición y respetar la voluntad del fundador.
La Colegiatura es una distinción que se mantiene de por vida, pero para fines de elección del Rector sólo está vigente mientras el estudiante es alumno regular y activo. Quien haya sido Colegial en su etapa estudiantil, conserva el honor, pero no vuelve a participar en procesos electorales. Quiere ello decir que la elección está en cabeza de quince ilustres varones o mujeres que todavía no han culminado sus estudios.
Más democracia es imposible imaginarla. Así ha sido por más de trescientos años, con la excepción de dos largos periodos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando la Universidad estuvo regentada por los recordados monseñores Rafael María Carrasquilla y José Vicente Castro Silva. Ello ocurrió como consecuencia de la pérdida de autonomía universitaria con respecto a los gobiernos de turno, que imposibilitaron la plena aplicación de las normas estatutarias.
Alguien podría especular acerca de que quince jóvenes en la flor de la vida, pero no dotados aún de la plena madurez, puedan llegar a tomar una decisión que eventualmente no sea la más conveniente; para minimizar este riesgo una reforma introducida en los años 90 hace que en la votación participen también los cinco Consiliarios (el Consejo Directivo de la U), todos ellos personas expertas y formadas que hacen de contrapeso, puesto que la persona escogida por los colegiales debe recibir al menos dos votos de estos Consiliarios. En la misma sesión pública y abierta a toda la comunidad, cada uno de estos dos estamentos vota en urnas cerradas y separadas.
Con este procedimiento claro y transparente y con un escrutinio de once votos a favor por parte de los estudiantes colegiales y cuatro por parte de los consiliarios, el doctor Hans Peter Knudsen Quevedo fue reelegido por última vez para un tercer periodo rectoral. Los estatutos vigentes no permiten la consolidación de monarquías como ocurre en otros respetados claustros.
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