La importancia de la educación en el desarrollo regional

El Ingeniero Sigifredo Satizábal G., analiza los retos del gobierno de crear más universidades oficiales o impulsar el crecimiento de las existentes, para favorecer la cobertura, y señala que "llegó el momento de exigirle a la Universidad Nacional de Colombia que su sede de Palmira amplíe sus áreas de conocimiento y ofrezca nuevos programas a los potenciales estudiantes con la finalidad  de hacerles entender que el progreso de hoy puede ser mejorado para lograr un futuro prominente".

El sistema educativo en Colombia funciona mediante una oferta combinada de establecimientos oficiales y privados. Para la educación básica y media, que conlleva a títulos de bachiller[i], con una cobertura de once millones de dicentes o estudiantes distribuidos en un 84.1% en establecimientos oficiales, localizados en zonas urbanas (90.11%)  y rurales (9.88%) y de un 15.9% en establecimientos privados; estos últimos con mejor infraestructura.  Un poco menos de dos millones de estudiantes están  matriculados en la educación superior en todos sus niveles: pregrados que conllevan a títulos de técnico profesional, tecnólogo y profesional y posgrados que conllevan a títulos de especializaciones, maestrías o doctorados; con un porcentaje ligeramente mayor, sin ser relevante, en las en las instituciones oficiales, por lo tanto, la cobertura y responsabilidad de formación está compartida en porcentajes similares, e igualmente, destacándose en número las instituciones privadas de educación superior.

Lo ideal, es lograr un equilibrio entre oferta y demanda en la educación, pero en nuestro país no se convierte en realidad ese deseo porque al evaluar el sistema de educación básica y media las estadísticas muestran un 9.6% de analfabetas y un 15.24% de analfabetas funcionales, que son aquellas personas clasificadas como las que tienen menos de tres años de estudios[ii]. Respecto al sistema de educación superior se manifiesta que el número total  de estudiantes matriculados es bastante bajo respecto a la población Colombiana y la cantidad de jóvenes que se gradúan en el bachillerato y están en disposición de vincularse al sistema de educación superior. Estar matriculados implica que los estudiantes terminen satisfactoriamente sus estudios lo cual no se cumple porque la deserción por corte, es del 45,3%, según informe del Ministerio de Educación. El sistema de educación superior tal como está funcionando, no responde a las expectativas creadas porque su cobertura para formar profesionales está muy por debajo de los niveles que nuestro país necesita y debe tener para impulsar una transformación en beneficio social.

Paralelamente a la cobertura se debe recapacitar en la equidad, dado que Colombia, un país con un alto porcentaje de pobreza y pobreza extrema distribuida en todas las regiones y con este panorama muchos de los estudiantes que son matriculados en las escuelas y colegios tienen un entorno familiar y económico bien difícil, lo que dificulta su aprendizaje y concentración, no permitiendo que avancen dentro del sistema, quedando un gran porcentaje de ellos en mitad de camino y solo una mínima cantidad de los mismos llegan al segundo nivel  denominado de educación superior . No se encuentra una política clara de apoyo y recuperación de personas que por sus dificultades económicas abandonan sus estudios los cuales se ven obligados a distribuirse en los espacios sociales y culturales dentro de sus regiones, buscando con mucha dificultad medios de subsistencia, pues el sistema social no responde adecuadamente a sus necesidades.

Si evaluamos la equidad dentro de la educación superior la pregunta que surge es: ¿por qué el Estado solo atiende un 50% de los estudiantes matriculados en el nivel de la educación superior, teniendo presente que Colombia es un país donde casi la mitad de Colombianos son pobres y que de esa cantidad, casi el 30%, están en la extrema pobreza? Un desafío del gobierno nacional,  departamental y local es crear más universidades oficiales o impulsar el crecimiento de las existentes, con la finalidad de revertir la proporción existente, buscando una oferta mínima del 80% de las universidades oficiales contra un 20% de las universidades privadas. El Estado debe incrementar la oferta para que todo aquel que tenga capacidad y deseos  pueda consumar sus aspiraciones. Adicionalmente, debe descentralizar la ubicación de estas, fundamentalmente las de mayor reconocimiento, hacia aquellas regiones con poblaciones de bajos recursos.

Nuestra Constitución Nacional  estipula: “la educación es un derecho de la persona y un servicio público que tiene una función social…”[iii]  y como tal debe ser de calidad. La calidad no se implanta por medio de una ley, ni por entidades reguladoras del sistema, a pesar de que con ellas se impulsa en algo esa idea. La calidad debe surgir dentro de las instituciones como filosofía y en consecuencia, dentro de ellas se debe establecer todas las exigencias que permitan consumar su misión, apoyadas con el proyecto educativo institucional determinado internamente, y cumplir con sus funciones sustantivas y esenciales. Al analizar los resultados obtenidos en las pruebas PISA divulgadas por la Organización para la Colaboración y el Desarrollo Económico (OCDE) sus resultados nos dejan en los últimos lugares tanto en competencias básicas como en sus aplicaciones. A la vez, si buscamos qué universidades Colombianas aparecen entre las cuatrocientas mejores del mundo, solo encontramos la Universidad de los Andes en el puesto 351[iv]. En América Latina, para las diez mejores, solo encontramos  la Universidad de los Andes y  la Universidad Nacional en el cuarto y noveno lugar respectivamente. No es fácil lograr esos niveles y Colombia está con estas universidades por lo menos siendo representada en este campo. Pero si analizamos como un todo el sistema educativo colombiano, según estos rangos clasificatorios a nivel mundial, nuestro sistema educativo está bastante lejos de ser referente internacional en el campo de los saberes. Pero al aplicar los procesos de evaluación desarrollados por el Ministerio de Educación, Pruebas Saber y Sistema de Acreditación, encontramos resultados positivos: lo que indica que somos buenos entre nosotros mismos. Sumado a lo anterior el IPES, índice que mide  progreso de la educación superior en las regiones, encontramos que las instituciones mejor acreditadas están en la capital de la nación, o en las capitales de los departamentos.

 El Valle del Cauca caracterizado por tener un gran número de ciudades intermedias, región premiada por la naturaleza, en la cual vivimos y buscamos oportunidades, no tiene un sistema de educación superior diferente al mostrado en los párrafos anteriores. Sus ofertas académicas, en lo oficial, están atravesadas por un acceso limitado, cuya responsabilidad mayor recae en la Universidad del Valle con sus diferentes sedes alternas y sus ofertas académicas y con una menor participación la Universidad Nacional. En lo privado, están cruzadas con costos muy  superiores lo que impide mantener una equidad en la oferta de educación superior e igualmente, delimita su oferta a aquellos que tienen recursos o que pueden con grandes esfuerzos económicos lograr una educación de nivel superior. Es de resaltar que en el Valle del Cauca, en la ciudad de Palmira, está ubicada una sede de la Universidad Nacional, cuya característica principal o actividad fundamental es ofrecer conocimientos en unas áreas determinadas del saber, cuando su responsabilidad como alma mater de Colombia es ofrecer los programas que desarrolla en su sede principal en la cual trabaja con áreas del conocimientos variados. Se podría pensar que esta universidad tiene apropiados la totalidad de los conocimientos conocidos y desarrollados por los seres humanos, respondiendo de esa forma con una característica fundamental de lo que una universidad como tal, como institución debe ser. La universidad Nacional de Colombia en la sede de Palmira tiene la responsabilidad de salir de su enclaustramiento y abrirse a la formación del capital humano de las personas que habitan en las ciudades intermedias del Valle  y a la formación de los líderes que el Valle del Cauca y sus departamentos vecinos necesita y a la vez debe lograr un fuerte acoplamiento de la sede con las demandas sociales y colaborar con los cambios necesarios para establecer si es el caso, un cambio estructural  de la sociedad vallecaucana. Esta universidad representada mediante su sede en Palmira, está en la obligación de ofrecer una mayor cobertura con equidad, calidad y resultados, medidos estos con la mínima deserción de sus estudiantes por cortes, a todos los vallecaucanos y sus vecinos regionales. Puede y tiene cómo hacerlo: solo falta la voluntad política, el apoyo del gobierno nacional, regional y el apoyo ciudadano, que lo tiene porque sabe que su progreso y desarrollo se acelera si la universidad Nacional se lo propone. Tener una sede similar a la principal en la ciudad de Palmira es posible. Ya se conoce la experiencia de la universidad Javeriana cuya sede en Cali, en muchos aspectos ha superado a la Javeriana de Bogotá, pero que en su conjunto se complementan con la participación de sus mejores profesores para que sus desarrollos sean similares. Llegó el momento de exigirle a la Universidad Nacional de Colombia que su sede de Palmira amplíe sus áreas de conocimiento y ofrezca nuevos programas a  los potenciales estudiantes con la finalidad  de hacerles entender que el progreso de hoy puede ser mejorado para lograr un futuro prominente.

Ingeniero

Sigifredo Satizábal G.

Magister en Dirección Universitaria.

Cali, junio 8 del 2014


[i] Ministerio de Educación en 2011

[ii] http:/www.mineducación.gov.co/cvn/1665/articles-101270_archivo_pdf1.pdf

[iii] Constitución Nacional, artículo 67.

[iv] www.colombiadigital.net: ranking de las universidades 2013: mundo, América Latina y Colombia