La indiferencia de la Universidad ante la prostitución de sus estudiantes

Mayo 18/20 Es una situación casi común en instituciones, públicas y privadas. Más allá de lo moral, es un debate de salud pública frente al que las IES deberían actuar más categóricamente.

Si bien el debate se cruza con el libre desarrollo de la personalidad y la realización de una actividad que en Colombia no es ilegal ni está penalizada, la situación devela la necesaria intervención de las IES en programas de Bienestar para incentivar los procesos de reflexión ética y de contexto social de los y las universitarias, así como de los impactos indirectos que trae esta situación, como el del tráfico y consumo de drogas.

El principal argumento de quienes ejercen esta actividad (tanto hombres como mujeres y personas con diversas expresiones sexuales) es que el motivo para ello es la difícil situación económica y los altos precios de las matrículas. Pero los ingresos son tan atractivos que la red crece.

También está la modalidad de intercambiar sexo por calificaciones, que es otra extensión crítica de la situación.

A manera de contexto, y con una simple búsqueda en la web se encuentran noticias como:

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La última vez que se hizo ruido con el tema fue hace un año cuando el portal de la BBC publicó un informe que da cuenta de esta realidad en ciudades como Bogotá, Bucaramanga, Medellín y Pereira… y luego entró el silencio y poco se habla al respecto.

¿Universidad calla a cambio de asegurar los ingresos por matrículas?

En 2017 el psicólogo e historiador Juan Manuel Estrada Jiménez escribió el libro “Universidad y Prostitución“,

en el que, con 77 estudiantes universitarios realizó una investigación con decenas de entrevistas y reseñas bibliográficas, donde muestra la realidad de este fenómeno, y tras la recurrencia del fenómeno y sus características, presenta, entre otras las siguiente consideraciones:

– En muchas universidades son famosos los catálogos de estudiantes que ofrecen servicios sexuales. Hay catálogos especializados en atención a extranjeros. En algunas universidades se rifaban las señoritas de los catálogos. Ofrecían noche de sexo con rumba incluida. Las redes de prepagos actúan abiertamente. En cafeterías y pasillos se contactan nuevas servidoras del hedonismo.

– La prostitución se naturalizó en las universidades. Por el ambiente mercantil que se ha creado en ellas, nadie se sorprende del hecho de que las nuevas generaciones busquen soluciones a sus problemas sin un sentido de responsabilidad. Han sido condicionadas para actuar sin prever las consecuencias o sin importar que sus decisiones engendren consecuencias negativas. Por unos centavos muchas personas están dispuestas a aceptar el maltrato físico y psicológico. La indiferencia de autoridades administrativas y académicas representa una cómplice validación de estas prácticas.

Mientras la joven pague la matrícula y aporte dinero a los dueños del negocio (que por lo general son empresarios y políticos, no académicos o investigadores), nada importa lo que pase.

– Muchos defienden que la prostitución es un oficio voluntario, por lo que al ser legal no debe ser objeto de intervención por parte de los educadores. Es lícita, porque no está prohibida.

– La universidad es cómplice del reclutamiento de muchas señoritas en el mercado sexual, pues no actúa directamente sobre el tema (pese a ser objeto de investigación en varios programas, como los de psicología), pero no educa a la población estudiantil en las complicaciones que este trabajo acarrea.

– El Ministerio de Educación debe identificar los proyectos de prevención, intervención e investigación en prostitución estudiantil que adelantan las oficinas de “bienestar universitario” y las direcciones de investigación del país.

Una crítica y un desafío

Según Estrada, en su libro, “las universidades católicas que se pronuncian en contra de sentidas necesidades como la del aborto legal y gratuito, no hacen nada por enfrentar y frenar la prostitución universitaria”.

Así mismo, concluye que “enfrentar la prostitución universitaria, implica para la universidad desenmascarar su propia indiferencia ética frente a la educación y a las crisis sociales”.

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