La poca aceptación de la ministra Cecilia María Vélez

La poca aceptación de la ministra Cecilia María Vélez

Por Carlos Lopera. Director de El Observatorio

La situación ya no puede pasar inadvertida, por lo menos entre los analistas: La ministra de Educación, Cecilia Marí­a Vélez White, no cuenta con el respaldo a su gestión por parte de la opinión pública calificada, al menos en lo que respecta al tema de universidad colombiana. Primero fue el Congreso de la República quien la rajó, y ahora los lectores de El Observatorio de la Universidad Colombiana (ver información relacionada).

Podrán decir que son sondeos de opinión, sin rigor científico. Es cierto. Pero, cuando el río suena. Además, nuestros lectores son rectores, directivos, profesores universitarios y funcionarios de organismos relacionados con educación superior. Si los resultados a la pregunta de si considera que el Presidente debe continuar con la ministra por su gestión para la Universidad, hubieran sido repartidos, el tema no sería noticia, pero que el 90% haya respondido que no, debe poner a pensar a la ministra y, de paso, al viceministro Burgos.

Y aunque este Ministerio no tiene el peso político que sí tienen, por ejemplo, las carteras del Interior, Protección Social, Hacienda o Relaciones Exteriores, y la ministra tiene el respaldo del Presidente y ha respondido a las promesas de éste de aumentar cobertura e incentivar formación técnica y tecnológica, además de tener apaciguado a Fecode y haber organizado el CRES, lo cierto es que la valoración de expertos indica que no hay confianza en un programa consolidado de educación superior para Colombia en manos de la ministra Vélez.

Algunas explicaciones a estos resultados:

* Desgaste por el tiempo en el cargo, justifican algunos. Puede ser, pero entonces cómo entender que el Presidente lleva los mismos 74 meses expuesto a la opinión pública y, en cambio, tiene tan altos índices de aceptación.

* Escasos resultados. Ningún ministro de Educación ha logrado durar tanto como la ministra Vélez. Pero el inventario de resultados efectivos en educación superior no se compadecen con los recursos, autoridad y ritmo de reformas que se venían dando en educación superior. Un registro calificado con cuestionamientos por la calidad de los dictámenes, una acreditación que marcha muy muy lenta, un SNIES que sólo satisface a algunos ingenieros de sistemas, una ampliación de la cobertura ideal para formar empleados y operarios, pero no inteligencia nacional, y la consolidación de actividades como ECAES y el Observatorio Laboral, se cuentan entre los haberes de esta administración, todos sin articulación. Entre tanto, los mercaderes de la educación siguen haciendo negocio, los CERES disimulan pésima calidad, la investigación -la mítica investigación- continúa creyéndose exitosa por números y grupos, pero no por impacto real de la universidad sobre el país; y frente a la educación técnica y tecnológica el mismo Presidente reconoce que el mercado laboral no la reconoce como se quería.

* Poca presencia del Ministerio en el ambiente universitario. Salvo algunas intervenciones en eventos académicos, tanto la ministra como el viceministro, brillan por su ausencia. No se sabe si por la timidez públicamente reconocida por la misma ministra. Se caracterizan por no enfrentar debates académicos, o por no pronunciar discursos diferentes a los de objetivos estatales. El debate, por ende, no existe.

* Falta de equipo.Los altos funcionarios y funcionarias del Ministerio tampoco demuestran un apasionamiento por la educación superior. Tal vez como resultado de un esquema en el que los académicos brillantes no soportan el legalismo del Estado y, menos aún, los bajos salarios.

* Finalmente, y tal vez el hecho más preocupante, por la ausencia de un proyecto de Universidad para Colombia. Los escasos lineamientos estatales sobre el tema no deben confundirse con un proyecto nacional, y más aún cuando la comunidad universitaria no se siente identificada con esto. El Plan Nacional de Educación tiene un énfasis en primaria y secundaria, los profesores universitarios no tienen protagonismo en la dirección del sistema, cada rector tira por su lado, el MEN no habla y los estudiantes son estigmatizados. Ah, y frente al concierto latinoamericano, nos vanagloriamos de las estadísticas, mientras nos hacemos ciegos ante lo lejos que estamos de tener estándares de primer mundo.

Pero, a pesar de este diagnóstico, no pasa nada. Es casi seguro que la ministra termine el seis de agosto de 2010, siempre y cuando no haya reelección presidencial. Porque en Colombia lo político en educación no es que exista una educación superior comprometida con el país, sino que los rectores de las grandes universidades estén conformes con el ministro de turno y no den quejas al presidente. Para ello, basta con una labor de inspección y vigilancia mediocre y un Estado que no se atreva a meterle el diente a su preciada autonomía.

CML
Director de El Observatorio

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