La preocupante canibalización de la oferta en educación superior

Mayo 20/19 ANALISIS Muchas IES creen que abrir nuevos programas soluciona su baja demanda de estudiantes. Riesgosa estrategia en un mercado irregular, sin información oportuna y reglas no claras.

Bajo el discurso de que la cobertura (que actualmente ronda el 53 %) puede seguir aumentando, muchos rectores ven con ilusión las cifras de sus responsables de mercadeo y planeación sobre una supuesta amplia torta de mercado disponible para ofertar programas. Ese pensamiento tiene dos errores de apreciación.

Por un lado, ¿quién dijo que la cobertura en educación superior tiene que llegar al 100 %? Ese es un sofisma. De darse, significaría modificar estructuralmente las condiciones económicas y de mercado, pero -además- suponer que la totalidad de la población aspira a tener educación superior, que no hay deserción en básica y media, que las posibilidades de matrícula son plenas en todos los municipios del país y que todas las personas con bachillerato quieren estudiar educación superior, es un error, pues no es cierto. Además, desconoce que cerca de 1.5 millones de bachilleres, por distintos motivos (que demandan otro análisis) están en formación para el trabajo y el desarrollo humano, y que no son sumados en la tasa de cobertur del 53 %.

De otro lado, desconoce que si bien puede haber más aspirantes para matricular, cada vez son más las IES y los programas académicos que aparecen y entran al mercado de la oferta y demanda de educación superior en condiciones relativamente similares, y que terminan siendo asimétricas. Es decir, el promedio de estudiantes por IES tiene a bajar por la sencilla razón de que son más las IES que aparecen en el mercado.

Si bien la acreditación es importante, ésta termina siendo un reconocimiento académico, pero no necesariamente de mercado, y a la hora de ofertar, en prensa, radio, televisión, redes sociales y ferias estudiantiles, casi todas terminan ofreciendo a sus aspirantes lo “divino y humano”, sin filtros reales de calidad, condiciones de operación, costos y resultados. Salvo unos pocos programas que por tradición y cupos (p.e. Medicina) o prestigio en algunas IES, tienen asegurada su matrícula, en la gran mayoría del sistema ya no son las IES las que escogen estudiantes, sino que son los aspirantes los que deciden a cuál ingresar; y la competencia ya no se limita a las cuatro o cinco IES afines vecinas, sino que debe sumársele las nuevas que van apareciendo en el mercado, así como las internacionales y las virtuales.

En conclusión, hay muchas IES que han debido ir cerrando programas que cuando abrieron fueron un boom y que poco a poco se han ido quedando sin estudiantes, porque el sistema de educación superior colombiano no cuenta con un sistema de inteligencia de datos que permita hacer diagnósticos en tiempo real del comportamiento del sector. Mientras algunas IES hablan de implementar blockchain e inteligencia artificial en época de la cuarta revolución industrial, las estadísticas oficiales del SNIES se entregan con más de un año de retraso, y los rectores desconocen qué IES y procesos surten camino para abrir nuevos programas y sólo se enteran de la competencia directa a través de la publicidad de las IES una vez obtienen el registro calificado.

La “novedad” de los programas no es tal. Por ejemplo, para crear un nuevo programa de ingeniería, las IES se toman por ahí dos años en preparar todo, más un año de trámites y registro, son tres años para empezar a ofertar un pregrado con marcos teóricos y referencias de autores y tendencias de 4 ó 5 años atrás. Por ello, los estudiantes ahora prefieren plataformas en línea que trabajan con referentes más actualizados.

Porque es un sistema en el que, salvo gruesos errores en la documentación, un registro calificado no se le niega a ninguna IES y éstas se pueden aventurar a abrir más y más pregrados y posgrados, a partir de estudios de mercado que, en últimas, no se pueden confrontar contra una verdadera realidad, mucho más cuando Colombia no tiene claramente definido cuál es el norte de desarrollo como país que necesita con el aporte de la educación superior.

Todo esto lleva a un canibalismo de la oferta educativa, regulado por el mercado educativo y no por una concertación técnica y civilizada entre las propias IES, el Estado, el mercado laboral y las proyecciones de país.