La sola titulación universitaria no garantiza la esperada mejora en los ingresos económicos

La sola titulación universitaria no garantiza la esperada mejora en los ingresos económicos

Julio 16/24 La ventaja económica que se asocia a la obtención del título universitario está cayendo. En Estados Unidos se está cuestionando el rol de la Universidad para generar valor financiero.

Algo similar se presenta en Colombia.

Esto ha llevado a que el nivel de confianza en las universidades (por lo menos las de Norteamérica) se halle en un mínimo histórico (según una encuesta de Gallup de 2023, solo el 36 por ciento de los estadounidenses expresó confianza en la educación superior, frente al 57 por ciento en 2015. La mayoría cree que la educación superior es inasequible , no vale la pena el costo , incluso para quienes pueden pagarla, y que va en la dirección equivocada).

En Colombia la universidad aún mantiene altos estándares de credibilidad entre los jóvenes.

Esta es la hipótesis del texto Is College Worth It?: Class and the Myth of the College Premium (¿Vale la pena ir a la universidad?: Las clases y el mito de la prima universitaria), publicado hace pocas semanas por el crítico cultural y profesor profesor emérito de inglés en la Wesleyan University Richard Ohmann y el profesor emérito de inglés y educación urbana en la City University de Nueva York Ira Shor.

Según el escrito, la idea de una “prima universitaria” o ventaja económica asociada con la obtención de un título universitario, termina siendo un mero mito que fomenta la comercialización de una educación con características de lucro y que las universidades han “asumido un papel clave en la reproducción de la desigualdad”.

Fundamentan su hipótesis en la precarización del trabajo académico, la mayor deuda estudiantil, la erosión de las libertades académicas y el auge de planes de estudio vocacionales.

Hasta hace poco, la mayoría de los estadounidenses creían que la universidad era una buena inversión porque los graduados universitarios ganaban sustancialmente más que los trabajadores sin título universitario. Más allá de la creencia, es claro que según un informe ampliamente citado , los graduados universitarios ganan en promedio un 84 por ciento más a lo largo de su vida que aquellos que solo tienen un título de secundaria.

Entre 1965 y 2011, la matrícula de pregrado casi se cuadriplicó “a medida que se expandía la diferencia de ingresos entre los graduados de la escuela secundaria y la universidad”. Pero el el costo se disparí y los niveles de deuda estudiantil alcanzaron máximos históricos y las dudas crecieron: entre 2010 y 2021, la matrícula de pregrado cayó un 15 por ciento, de 18,1 millones a 15,4 millones de estudiantes , aunque este año el número de solicitantes universitarios aumentó un 6 por ciento .

Mientras tanto, nuevos estudios ofrecieron apoyo empírico a los escépticos. La diferencia de ingresos sigue siendo alta, así como la llamada “prima de riqueza” universitaria (el grado en que los poseedores de un título universitario acumulan mayores activos totales -patrimonio- que los graduados de la escuela secundaria a lo largo de sus vidas). Los graduados universitarios blancos de mayor edad nacidos antes de 1980 acumularon entre dos y tres veces más riqueza que sus pares blancos sin educación universitaria, pero para los graduados más recientes, especialmente los graduados negros e hispanos, la prima re riqueza fue mucho menor y para algunas cohortes, insignificante, que identifica que el patrimonio neto de los graduados universitarios debería ser apreciablemente mayor que el patrimonio neto de los graduados de la escuela secundaria.

Pero este beneficio “ha disminuido … notablemente entre todas las cohortes nacidas después de 1940”. Por supuesto, los meros datos económicos no pueden tener en cuenta otras mejoras importantes asociadas con la educación universitaria, como la salud y la calidad de vida.

En conjunto, más educación todavía significa más ingresos, pero para muchos estudiantes, los “riesgos negativos” son grandes y los resultados varían ampliamente dependiendo de los antecedentes familiares, el acceso a ayuda financiera, la raza y otros factores.

Pero los ingresos se aplican sólo a quienes pueden terminar la universidad. Al menos un tercio de los estudiantes que se inscriben en la universidad después de la secundaria, asumiendo así sus costos cada vez más altos, nunca terminan. No obtienen casi ningún rendimiento de su inversión y muchos están agobiados por las deudas. Las probabilidades reales de no terminar los estudios no se tienen en cuenta en el concepto de “prima salarial universitaria”.

Los autores reconocen que el hecho de que los graduados universitarios hayan obtenido mayores ingresos a lo largo de su vida es uno de los hallazgos mejor documentados en las ciencias sociales, pero preguntan: “¿Qué es exactamente lo que hace que la universidad sea rentable?” ¿Y para quién?

Ohmann y Shor sostienen enérgicamente que la educación superior está relacionada con mayores ingresos, pero no los “causa”. La ‘universidad’ conduce a altos ingresos como sólo un factor en un complejo conjunto de causas, la mayoría de las cuales no son características de una educación universitaria.

Enumeran múltiples factores que podrían estar asociados con la población que elige ir a la universidad y que pueden influir en los ingresos de maneras no relacionadas con lo que aprende un estudiante universitario, como la raza, el género, los atributos físicos, la inteligencia, la ambición y la riqueza familiar. Así, por ejemplo, “la riqueza familiar podría ser un predictor de ir a la universidad, y la universidad un predictor de altos ingresos, pero como la riqueza familiar predice directamente altos ingresos, podemos olvidarnos de la universidad”.

Asimismo, reconocen que las universidades pueden ayudar a los estudiantes a desarrollar “capacidades generalizadas” que los hagan trabajadores más productivos, como la alfabetización, la aritmética, el pensamiento crítico, la comunicación y la resolución de problemas, pero sugieren que la universidad es, en el mejor de los casos, una “forma derrochadora e indirecta” de adquirir dichas habilidades.

Vale la pena señalar que la mayoría de los economistas de la educación superior coinciden con Ohmann y Shor en que no todos los graduados se benefician de una prima salarial universitaria y que el género, la raza y la riqueza (y el capital social y cultural que conllevan) juegan un papel importante en la determinación de los resultados.

¿Qué hacer?

Algunas de las propuestas de Shor son las de tener matrícula gratuita en las instituciones públicas, aliviar la deuda estudiantil, clases pequeñas y una pedagogía interactiva y centrada en el estudiante; integrar los colegios comunitarios en instituciones de cuatro años; clases continuas los siete días a la semana para beneficiar a las familias trabajadoras; y apoyar más a los miembros de los grupos vulnerables.

No obstante su análisis, los autores parecen pensar que sí vale la pena ir a la universidad, porque “la educación es valiosa intelectual, social y emocionalmente, independientemente de cualquier prima salarial que pueda generar”.

Redactado con información de: Britton Sprouse, David Wippman y Glenn C. Altschuler; y Phillip Levine y Luke Pardue

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