Feb/26 Ardila, columnista de El Observatorio, muestra cómo ahora el pensamiento convergente lleva a estandarizar experiencias, perdiendo creatividad, retos, humanidad y sentido formativo.
Hubo una época donde las personas debían salir de la casa, pararse en una esquina de su conveniencia, prestar atención para saber cuál bus de transporte debía hacerle la parada, resolver ciertos problemas menores para acomodarse en dicho bus, llegar a la universidad, prestar atención en clase, tomar nota, escribir la tarea para hacer en la biblioteca, volver a la calle, decidir cual esquina era conveniente para tomar el bus que lo llevaría a la biblioteca, realizar todo el proceso de ingreso a la biblioteca, pasar y enfrentarse a un fichero, buscar la referencia de libro, tomar nota de ella, buscar la sala donde estaba ubicado, acercarse al estante donde se presumía estaba ubicado el libro, tomarlo, buscar mesa de consulta, sentarse, leer el libro si de literatura se trataba, hacer un resumen, buscar el tema dentro del índice, si era un tema muy específico y desarrollar la tarea asignada por el profesor. Tarea similar habían realizado sus profesores para adquirir el conocimiento pertinente para poder desempeñarse como tales. Toda esta dinámica, más allá de los saberes adquiridos desarrollaba una dinámica mental, tal, que permitía resolver problemas de diversa naturaleza. Se desarrollaba un pensamiento divergente, Ese proceso creativo que invita a ver los problemas desde diferentes perspectivas, que abre la puerta a un mundo de alternativas originales, variadas y en ocasiones sorprendentes. Desde un enfoque pedagógico, este tipo de pensamiento no se trata solo de tener ideas, sino de ejercitar nuestra capacidad para cuestionar lo establecido, para explorar lo improbable y apreciar la riqueza de la diversidad. Es un ejercicio crítico que desafía la comodidad de lo convencional y nos recuerda que la innovación surge cuando nos atrevemos a salir de los moldes. Ya sea en el aula, en la investigación o en nuestra vida diaria, el pensamiento divergente se convierte en una herramienta poderosa para transformar nuestra forma de entender los problemas: no como obstáculos con una única salida, sino como oportunidades para imaginar futuros posibles. Ese era el enfoque de la educación superior en aquellos momentos, quizá hasta finales de los 90s, ese era el éxito, enfrentar retos diarios, aspiraciones como las pruebas de ingreso a la universidad, optar por una cosa o por la otra.
Llego la modernidad, el internet, el enfoque de las universidades como negocio y……
Hoy por hoy, las personas salen del apartamento, el celador abre la puerta, el auto pedido por aplicación los está esperando, o deben caminar por el mismo sendero diario, hasta una estación de servicio de transporte masivo, y decidir máximo entre dos opciones de rutas, cual lo llevara hasta un lugar muy cerca de su destino, caminara siempre el mismo sendero y llegara a la Universidad, abrirá un portal de internet institucional, con su usuario y contraseña, encontrara las lecturas predeterminadas a consultar (en el mejor de los casos) o los videos, abrirá los ejercicios que debe desarrollar, también predeterminados, desarrollara dichos ejercicio y en caso de llegar a reprobar alguno, podrá de manera inmediata volver a intentarlo, (casi siempre son las mismas preguntas) y terminara su gestión académica. En el caso de asistir a una clase grupal, presencial, el profesor tendrá un comportamiento similar a de la plataforma, ejercicios predeterminados, casos predeterminados, preguntas cerradas, entonces esa persona, regresara por el mismo sendero de horas antes, ingresara a la misma estación de hace unas horas, se subirá al mismo número de ruta pero con letra diferente y así poco a poco desenrollara la rutina de la jornada de hace pocas horas. Esa estandarización de transporte, rutas, contenidos, retos, talleres, videos, lecturas, enfrentar pocos retos diarios, ni siquiera amerita copiarse del compañero como antaño, pocos éxitos, no tiene opciones, ya todo está prediseñado, no hay emoción, alternativas. Esa rutina estandarizada condiciona un pensamiento convergente, ese proceso mental de forma ordenada, lineal, enfocado en desarrollar la única respuesta correcta o la solución más adecuada a un problema. Se basa en la información disponible, la deducción y los conocimientos previos, buscando siempre precisión y certeza. Genera un exceso de pre-organización de la mente, no diferencia entre opciones o fundamentos. Su énfasis en la, respuesta única, limita la creatividad y simplifica en exceso la complejidad de los problemas. En el ámbito educativo, el pensamiento convergente ayuda a consolidar aprendizajes y a desarrollar habilidades analíticas, pero debe complementarse con procesos divergentes que desarrollan las habilidades mentales o aspectos cognitivos que determinan, cómo los seres humanos procesamos información, resolver problemas y tomar decisiones, imaginar alternativas y cuestionar lo establecido. Solo así se puede lograr un equilibrio entre el rigor lógico y la apertura creativa.
Ese es el gran error de la academia hoy día, cayó en la trampa del estándar, quizá por creer que optimiza recursos, castiga la atracción de estudiantes, cree que la gestión de la tecnología es más relevante que la didáctica y la pedagogía. Se desconecto la Universidad del ser humano, del docente, del estudiante, de la curiosidad, cayó en la trampa y se está quedando sola, no ofrece retos, curiosidad, sorpresa, ya ni siquiera será buen negocio.
La universidad, no es una institución en vías de extinción, para ser reemplazada por cursitos y certificaciones de corto tiempo, la universidad es una institución llamada a reflexionar su rol ante las nuevas generaciones, digitales a interconectadas, sí, pero también vivas, con anhelo de curiosidad, de retos, de asombros, de ganas de ser sorprendidos por los docentes, volver a ser la universitas, atis, la, totalidad, conjunto o colectividad. El universus (totalidad, gremio, corporación), formado por unus (uno) y versus (girado, convertido), la unión de elementos en un solo cuerpo, según su etimología.
—
Fernando Ardila Patiño, Licenciado en Educación física, Especialista en Gerencia de Mercadeo, Máster en administración Gerencial. Docente universitario desde 1996, directivo de programas, estudioso de la normativa en educación superior, (registro calificado y acreditación) pedagogía y didácticas para el mismo sector, estructurador de proyectos.
![]()
