![]() |
Albert Berry, profesor de la Universidad de Toronto, invitado por la Facultad de Economía de la Universidad del Rosario, en la última celebración del Día del Profesor hizo una defensa del papel fundamental de la universidad en un mundo que cada vez deja menos espacio para la reflexión o la investigación libre de presiones, y donde cada vez se necesita más de sociedades informadas y pensantes. Palabras pronunciadas el día de su nombramiento como profesor honorario de la Universidad del Rosario, y reproducidas por razonpublica.com. |
La verdad y la belleza
Antes de escoger la vida del académico creo que yo tenía unas ideas bastante vagas acerca del papel de la universidad en la sociedad pero desde entonces he tenido el tiempo y la oportunidad de considerarlo más de cerca. Mi conclusión es que la universidad juega y tiene que jugar un papel clave en nuestras sociedades.
Hace algunas décadas se decía que con todos los avances de las ciencias naturales y sociales estábamos cerca de resolver los grandes problemas del mundo. Ese optimismo era prematuro o simplemente equivocado, pues hoy todavía enfrentamos muy grandes desafíos como sociedades.
Desde siglos atrás se ha identificado a la universidad con la búsqueda de la verdad y la belleza y creo que esa percepción sigue siendo válida. Esta búsqueda requiere, en el caso de las ciencias, una alta capacidad de análisis y una inclinación a salir de los patrones tradicionales del pensamiento; en el caso de las artes, se necesita la capacidad de apreciar lo que existe y de producir nuevas formas de belleza.
Para hacer avances importantes a menudo es preciso salir de los caminos más trillados. No es accidente que tantas ideas importantes hayan tenido como su vivero a la universidad.
Dedicación e independencia
Quienes idearon el concepto de la universidad se dieron cuenta de que para profundizar en esa búsqueda de la verdad y la belleza se necesitan varias condiciones, cuya presencia constituye casi la definición práctica de la universidad.
Un requisito es la posibilidad de dedicarse, a veces durante períodos largos, a entender o crear lo que se busca entender o crear. Las grandes ideas de la historia por lo general han sido el resultado de una gran dedicación dirigida a entender aspectos poco obvios de la realidad.
Junto con el tiempo necesario, el creador necesita independencia de las presiones del mundo, de las personas o grupos que no tienen interés en el tema o que están activamente en contra de ciertas ideas nuevas o contrarias a las comúnmente aceptadas.
Esta independencia permite que el investigador esté menos sujeto a algunos aspectos del ambiente a su alrededor, pueda imaginar un mundo distinto y no esté constreñido por el afán de acomodarse a un contexto preestablecido, o a evitar ciertos asuntos que algunos grupos no quieren ver como temas de investigación.
La independencia intelectual es cuestión de grado, de contexto y del carácter del académico.
Hace poco vi el documental titulado Inside Job, una interpretación de cómo pudo ocurrir la gran crisis financiera de Wall Street de la década pasada. Uno de los entrevistados hizo la afirmación, que fue una crítica bastante dura para la profesión de economistas, de que como grupo no habíamos servido para nada. Luego se presentaron entrevistas con dos economistas prominentes sobre sus consultorías con algunas empresas financieras involucradas en la crisis, acusándolos de una cercanía poco sana a estas empresas, con la resultante incapacidad de opinar en forma neutral y profesional.
Sin conocer los detalles del caso, ni la verdad de esos alegatos, me parece que el episodio ilustra la naturaleza del problema. Si nuestras sociedades necesitan voces serias, bien informadas y neutrales sobre temas de gran importancia social, se requiere que exista una cierta distancia entre los especialistas y los actores e intereses creados para por lo menos disminuir el riesgo de perder esa independencia intelectual.
Honestidad intelectual
Junto con la estabilidad y la independencia con respecto a fuerzas ajenas, se necesita un alto nivel de honestidad intelectual, sin el cual la independencia no puede dar fruto. Esta característica es de suma importancia para que los académicos y las universidades puedan cumplir plenamente su función social.
Por esta razón, entre otras, resulta en tanto escándalo la sospecha de que un académico ha falsificado sus resultados, ha mentido o ha distorsionado la evidencia empírica. El académico ideal tiene que combinar un nivel alto de honestidad intelectual con su capacidad de pensar y analizar.
Esto es importante no solo para asegurar que sus propios descubrimientos estén libres de sesgos intelectuales o de otra índole, sino también para que él o ella puedan actuar como modelo para sus estudiantes y para la sociedad entera. El docente ideal no solamente muestra este comportamiento sino que transmite a sus estudiantes la importancia de que ellos también tengan esa virtud.
Servicios a la sociedad
Creo que estos dos aspectos de la universidad constituyen la base de la contribución de sus miembros: la oportunidad de dar a los temas importantes el tiempo y la continuidad que algunos de ellos requieren, y la independencia no solamente de los grupos de presión que tratan esconder o distorsionar la realidad y la verdad, sino también de sus propios colegas.
Es importante que por lo menos algunos universitarios, a la vez que estudian a fondo sus propias áreas de especialización, tengan una visión amplia de su inserción dentro de la sociedad. De esa amplia visión vienen el interés y la capacidad de formar parte de equipos para afrontar problemas complicados y multidisciplinarios.
Nadie dudaría de que en el caso específico de Colombia, con sus desafíos tan grandes y las presiones a favor de ideas y caminos probablemente equivocados, existe una gran necesidad de esta capacidad de afrontar problemas con esfuerzos intelectuales de amplia cobertura. Aunque otras instituciones pueden ofrecer una base institucional para tales trabajos, la universidad tiene unas ventajas importantes.
Junto a la tarea de avanzar la frontera del conocimiento y de la expresión de la belleza viene naturalmente la tarea de transferir lo que uno ha aprendido o descubierto a otras personas, sean sus estudiantes o el público general. La docencia incluye no solo la transferencia de conocimientos o apreciaciones sino también, y tal vez más importante, la capacidad de pensar y apreciar por cuenta propia. Y para que esta docencia sea exitosa, es importante que el docente trasmita también su dedicación y amor a lo que hace, sea esto el análisis de laboratorio, de datos económicos, o la capacidad de escribir y apreciar poesía.
Junto con el avance de las ciencias y las artes en nuestras sociedades, que es la contribución más básica de los académicos, viene una responsabilidad, por lo menos para algunas disciplinas (entre las cuales sin duda está la economía) de confrontar ideas equivocadas, sean errores honestos o mentiras lanzadas como parte del debate público sobre un tema dado.
El académico tiene la obligación de participar en el debate público, como persona informada, independiente, neutral y honesta. En el caso de algunas disciplinas, el académico además puede tener otro papel en la vida pública (más allá de sus críticas a las ideas falsas y necias) como integrante de algunas entidades públicas, en los análisis dirigidos al diseño o al desarrollo de las políticas. Sus conocimientos y capacidad frecuentemente hacen muy valiosa su participación en tales actividades.
Estas características personales (la alta capacidad analítica e intelectual, la perseverancia necesaria para resolver problemas difíciles, la capacidad del docente para transmitir sus conocimientos, su dedicación al trabajo académico y a los alumnos, su disposición a contribuir a la política pública y, sobre todo, su total honestidad intelectual) constituyen los elementos que definen el ‘académico puro’.
Ese académico no es una persona, como a veces se piensa, que se distancia del mundo real para vivir en su torre de marfil, sino una persona que no solamente llena las funciones tradicionales del universitario, sino que pone a disposición de la sociedad sus capacidades y conocimientos en los momentos oportunos.
Quisiera aprovechar este momento para señalar a mi amigo y colega Manuel Ramírez Gómez (QEPD) como una persona que ejemplifica todas estas características al más alto nivel.
Como profesor de la facultad de economía de la Universidad del Rosario, Manuel ha contribuido muchísimo a esta universidad.
Como miembro de la disciplina de economía en Colombia, ha dedicado sus talentos al análisis de los problemas y desafíos del país, que por esa contribución le debe mucho.
Es también conocido por su visión amplia sobre lo qué es economía y de cómo se integra en la sociedad, característica que ayuda a que la universidad llene el último de los papeles que señalé arriba—la integración fructífera de las muchas especialidades distintas que se encuentran en una universidad. No son muchas las personas en cualquier campo de estudio que pueden combinar profundidad y visión amplia como lo ha hecho Manuel.
Desafíos actuales para las universidades
Quisiera comentar dos desafíos a la universidad contemporánea que me han llamado la atención especialmente.
Como contexto de esos desafíos está es el hecho de que los elementos mentirosos de nuestras sociedades están refinando continuamente sus capacidades, probablemente a un ritmo paralelo semejante al aumento de conocimientos al cual contribuyen tanto las universidades.
Nos encontramos en una carrera contra las fuerzas de la no-verdad, a las que no les hacen falta fondos ni capacidad intelectual y tampoco las limita ningún control ético.
Un desafío es nacional. Los ciudadanos colombianos están muy conscientes de los graves desafíos que amenazan su bienestar: problemas tan complicados que son muy difíciles de entender y más aun de resolver con rapidez. Frente a este desafío, el papel de las universidades es obvio y clave, en parte por esa complejidad y en parte por el flujo continuo de ideas falsas, distorsionadas o de poca utilidad.
Esa complejidad requiere de un análisis a fondo, honesto y multidisciplinario para mejorar sus oportunidades de resolución.
Los conflictos e injusticias de Colombia van a necesitar para su solución muchos esfuerzos comunes entre la amplia gama de disciplinas y áreas de especialidad necesarias para ganar esta batalla.
Pasando de lo nacional, los problemas que nos amenazan a nivel mundial también son sumamente preocupantes. Entre ellos está el del cambio climático y otras formas de contaminación ambiental. Este peligro amenaza no solamente la belleza y la diversidad del planeta sino la sostenibilidad de la vida humana en condiciones actuales. Es el primer desafío a esa sostenibilidad a la cual el paso de tiempo no podría eventualmente corregir.
Muchas de las ciencias naturales tienen papeles vitales que jugar, igual que los economistas, quienes tienen que estimar los costos y beneficios de diferentes remedios, mientras que los politólogos, sociológicos y sicológicos nos ayudan a entender cómo se forman las creencias de la población votante sobre estos asuntos.
Durante el presente siglo este desafío va a requerir un esfuerzo enorme de las universidades: ayudar a su conquista podría ser la contribución más grande que estas instituciones han ofrecido a la humanidad en toda su historia.
![]()
