La universidad nihilista o la influencia del nihilismo en la universidad: Felipe Cárdenas – enero/23

Felipe Cárdenas- Támara, Director del Observatorio-Red Iberoamericano de sociopolítica, cultura y ambiente, analiza el pensamiento nihilista y anti-nihilista, sus promotores e impactos en el proyecto educativo universitario.

A la memoria del papa Benedicto XVI

La palabra nihilismo fue acuñada por los alemanes durante el siglo XIX. Su raíz es nihil, que en latín significa “nada”. Como tal, el nihilismo ha llegado a designar una filosofía o convicción moral de que no hay nada de valor en la existencia, que todos los valores son vacíos y sin valor. La vida humana carece fundamentalmente de sentido. Desde ese paisaje intelectual y cultural me surge la siguiente pregunta: ¿Cómo ha enfrentado y cómo ha sido impactada la universidad por el nihilismo dominante como corriente filosófica y como estilo de vida, cuyas creencias son hoy funcionales y operativas a los valores de cultura y de la sociedad contemporánea marcadas por procesos de deshumanización, desacralización y violencia física y simbólica? Una pregunta para una tesis de doctorado. Se podría empezar por indagar en un primer estrato arqueológico, es decir, el más superficial y anecdótico, por la función ejercida como rector universitario por uno de los más importantes filósofos contemporáneas, el celebre Martin Heidegger, donde recordamos que fungió como rector de la Universidad de Friburgo << Tomar posesión del Rectorado implica la obligación de dirigir espiritualmente esta alta escuela>> (Primeras palabras en el discurso de posesión como rector, se destaca la referencia a la espiritualidad, nuestra tesis es que el nihilismo implica una espiritualidad). El gran pensador, que se concebía a sí mismo como heredero de la filosofía griega, asumió el cargo el 27 de abril de 1933. Cuatro días más tarde ingresaba al Partido Nacionalsocialista. Mucho se ha escrito sobre este suceso en la vida de un hombre que contribuyó al avance de la fenomenología, la hermenéutica y el existencialismo, pero que abrazó, hecho histórico, las corrientes nihilistas del nazismo o que por lo menos algo de seducción ejerció el nazismo sobre él. Lo que se pretende señalar, es que no sólo la vida de Heidegger, sino de cómo toda  institución universitaria en general, y nuestras propias vidas desde el siglo XIX, ha tenido que vivir en la era del nihilismo y que ser conscientes de ello, nos puede permitir asumir programas universitarios que le permitan a estas organizaciones fundamentales para el desarrollo de nuestras naciones, una mayor claridad en la definición de horizontes de sentido que contrarresten la oscuridad de fuerzas ideológicas, cuyo germen deviene del nihilismo y cuya influencia ha sido decisiva en los actos de mayor violencia que ha vivido la humanidad en tiempos contemporáneos: la gran guerra, los genocidios del siglo XX, la segunda guerra mundial y los conflictos devenidos por el totalitarismo ejercicio por comunistas y fascistas, y también por un liberalismo violento, cuyo capitalismo exacerbado está también implicado en las violencias más salvajes de los siglos XIX y XX.

Hacen parte de este escenario, que se puede definir como nihilista, la revolución cultural occidental ligada a la globalización mundial, y cuyos rasgos generales tienen una raíz de incredulidad absoluta, que niega en esencia cualquier expresión del humanismo y todo sello de valor trascendente de la persona humana en su clave simbólica arquetípica de imago dei y en la proyección de toda posibilidad de recrear una inmanencia trascendente, es decir conectada a la Tierra, al suelo y al Cielo,  como vínculo del máximo esplendor de la ética y la estética en sus profundos diálogos con la metafísica, la ciencia y la tecnología en un horizonte marcado por el principio transformador que marca la historia social de la raza humana. Un relato fundacional emblemático, aquel del imago dei, que el nihilismo en la voz de profética de Nietzsche quiso desterrar y que hoy algunos profetas best seller consideran como un fake news (Yuval Noah Harari), pero cuyo correlato de autenticidad se reconoce por las fuerzas más brillantes del pensamiento contemporáneo (san Juan Pablo II y Benedicto XVI) como ineludible a la restauración de una antropología que permita humanizar nuevamente la vida en el planeta Tierra. El nihilismo, es su afán y soberbia prometeica y fáustica es un proyecto cultural que busca transformar toda referencia axiológica a la luz de nuevos mitos utópicos: el liberalismo, el nacionalismo y el socialismo. Su expresión más reciente se reconoce por la destrucción sistemática de todos los valores que dieron nacimiento al esplendor de la civilización occidental.

Así, en términos muy sintéticos, la batalla simbólica y el proceso de restauración anti-nihilista pasa por repensar la más valiosa idea-fuerza de raíces semitas que configuró el esplendor de la civilización occidental, estamos hablando de la imagen y semejanza divina en el hombre (imago dei). Estamos afirmando que ese campo de batalla se expresa reconociendo que la expulsión de la narrativa nihilista del símbolo arquetípico del imago dei, básicamente se estructura como proyecto de destrucción a toda referencia sobre las raíces del aporte del cristianismo y del judaísmo en la configuración de las bases culturales de la civilización occidental. Recapitulando, sin cultura una civilización simplemente es un homúnculo deformado por mucha riqueza que ostente o por muchos programas de posgrado o pregrado que ofrezcan nuestras universidades en sus procesos “evolutivos” de crecimiento, si todo crecimiento se hace al margen de principios y de claros referentes éticos y morales. Sin el aporte-dique del símbolo de imago-dei, y desde su proyecto de desmantelamiento moderno, es difícil comprender el proyecto cultural de destrucción que impulsó el nihilismo de Nietzsche en sus inspirados textos, cuya “musicalización” de fondo, no se puede comprender sin los aportes de su gran amigo, el compositor de magnas operas llenas de super hombres y héroes paganos, me refiero al compositor alemán Richard Wagner. El superhombre de Nietzsche se inspira en las óperas épicas como El anillo del nibelungo​ (Der Ring des Nibelungen). La aburrida vida de Nietzsche se complemento desde las sendas, enmarañadas y laberínticas, dibujadas desde el paisaje musical de otro megalómano como él, el genio Wagner. El superhombre de Nietzsche, padre putativo del nihilismo contemporáneo fue el soporte trascendente de los partidos políticos religiosos modernos y contemporáneos, incluido el marxismo en la voz de sus superhombres (Marx, Lenin, Stalin, Mao). Partidos políticos religiosos, cuya acción mesiánica, no se puede desprender de la referencia verbal del Absoluto que idearon en sus reduccionismos ontológicos (el proletariado como clase revolucionaria), sólo que, sin referencia a trascendencia alguna en sus anclajes tradicionales; todos ellos herederos de la idealización utópica muy influyente en la historia contemporánea en sus tiempos mesiánicos y revolucionarios.

La época que nos ha tocado vivir, en todo el esplendor musical y metadiscursivo (Wagner es un genio, Nietzsche es un genio), tiene raíces en la megalomanía de Wagner y sus amigotes (amigo directo Nietzsche y amigo lejano Adolfo Hitler, éste un psicópata total intoxicado de nihilismo profundo), quien pasó horas de su vida escuchando y tatareando los cantos épicos de las óperas de Wagner), es eminentemente nihilista, y tiene como nuevo evangelio los versos impecables y geniales que Nietzsche anunciara cuando decía como “el desierto crece” en referencia a un mensaje clave y fundamental para avanzar y criticar a un cristianismo que consideraba como aburguesado e hipócrita y finalmente ha tenido la incapacidad de superar las grandes divisiones y conflictos de familia que aun asoman desde tiempos inquisitoriales y de vieja data en ruptura con las grandes propuestas apostólicas en clave de inmanencia divina y trascendente.

El hombre siempre con sed de espiritualidad, incluso el superhombre, es propiciador de una experiencia espiritual distinta que supone leer que incluso el nihilismo, como todas las corrientes de la religiosidad humana, suponen espacios habitables, cuyos territorios por deshumanizados o humanizados que sean, siempre tienen algún tipo de espiritualidad, incluida la empresa científica de carácter positivista. Es decir, el nihilismo nos ha legado una serie de espiritualidades que deben hacer parte de la indagación propia de la antropología, la filosofía e incluso de los estudios culturales en sus poses nihilistas.

Ser conscientes del nihilismo como fuerza cultural dominante supone una ayuda en el diseño de pedagogías invisibles que sean abiertamente anti-nihilistas, es decir, expresiones culturales atentas a frenar las apremiantes amenazas que la cultura de la muerte, en su expresión nihilista incorpora como ecos de supuestas verdades y de agendas ocultas que cumplen con la tarea de confundir, destruir y violentar, tal como afirma la Real Academia Española: “todo principio religioso, político y social; negando todo fundamento objetivo en el conocimiento y en la moral” (definición nihilismo Rae, 2023). La tarea es incorporar procesos pedagógicos y educativos de eminente carácter noético a favor de la vida, la paz, la verdad, el diálogo y el progreso humano en sus referencias mito-lógicas y no exclusivamente ideológicas.

Un proyecto anti-nihilista de orden educativo en el campo universitario y para todo sistema escolar, tiene hoy como fuentes históricas recientes todo el recuerdo de las nacientes violencias físicas que han marcado nuestras vidas y cuyo origen puede ser claramente identificado como nihilista. Entre el asombro, la Palabra, el miedo y el silencio, entre tradición y secularización, están los campos de concentración de Auschwitz, los genocidios contra el pueblo armenio, los gulags soviéticos, en fin, una interminable lista de violencias, cuyos orígenes son derivados de la influencia del nihilismo, en su afán de perseguir a todo aquel que niegue sus “valores” y “verdades”; sentidos profundos que vienen sin embargo de las gélidas cumbres y páramos de la modernidad soberbia que piensa que todo nació con el deseo de poder de Lutero, Maquiavelo o Hobbes y que es incapaz de dialogar con las ciudades de San Agustín, de Aristóteles o Platón.

Un proyecto anti-nihilista tiene que leer críticamente a Nietzsche, también inspirarse en las voces de pensadores como Martin Buber, Franz Kafka, Franz Rosenzweig, Walter Benjamin, Hans Jonas, Yeshayahu Leibowitz, Hannah Arendt, Edith Stein, Emmanuel Levinas, Edmond Jabès, André Néher, León Askénazi, Éliane Amado y Jacques Derrida. Algunos de los autores de la modernidad tardía y pioneros de la postmodernidad. Curiosamente todos judíos. Pero también la obra de Fyodor Mikhailovich Dostoevsky, es absolutamente necesaria e imprescindible para comprender y poder reflexionar sobre los efectos perniciosos y violentos del nihilismo en la vida de la civilización occidental. Este pensador ruso del siglo XIX nos legó en sus principales obras, textos que deberían de hacer parte del core curriculum de todas nuestras universidades. La lectura de obras maestras de la literatura como Crimen y Castigo (1866), El idiota (1869), Demonios (1872), y Los Hermanos Karamazov (1880) son uno de los más profundos testimonios sobre los efectos y consecuencias que configuran los tiempos del nihilismo y del relativismo moderno y su construcción de fronteras globales sin limites morales, y cuya moralidad curiosamente es la de unas élites que quieren gobernar el mundo desde los más férreos totalitarismos anti-democráticos sin freno moral alguno.

El nihilismo, generalmente militante es el programa cultural de unas élites sin mayor contacto con la realidad de nuestros pueblos ni con su historia. Por influyente que haya sido en la vida universitaria su proyecto cultural, por fortuna el alma de nuestros pueblos campesinos, indígenas, y negros, no ha sido tocado por los delirios de Zaratustra, ni por las perversiones que hoy encabezan las agendas ideológicas del post-transhumanismo de instituciones internacionales. Nuestros pueblos defienden valores claramente anti-nihilistas, y la gran mayoría de ellos no han tocado los predios universitarios.

Si no hay absolutos morales, no puede haber referencia al bien y al mal y toda pasa a definirse por la manipulación de falsos consensos. Si no hay sentido ultimo en la vida, ¿para qué la vida? ¿para que la universidad? Si aceptamos la tesis o hipótesis sobre la enorme influencia que ha ejercido el nihilismo en los ambientes ilustrados de las universidades, se torna relevante una reflexión crítica y rigurosa de la historia cultural de occidente, cuyo correlato nihilista ha vaciado a nuestra civilización de auténticos contenidos experienciales ligados a los caminos de la luz, del misterio, del amor y de la vida.

Ahora, el acertijo de la historia, como el remedio es este:

El libro-mensaje El anticristo, tiene en su morfema principal la solución al recalentamiento intelectual y global del planeta marcado por el paisaje cultural e intelectual del nihilismo; esa es la paradoja que Nietzsche no vio y que tanto intelectual ilustrado hoy no ve ni acepta.

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