Las universidades deben procurar que sus estudiantes opinen sobre los asuntos de un país y de una sociedad

Columna de Fernando Quiroz, en Revista Cambio

Me gusta cuando las universidades hacen honor al origen de su nombre, a la universalidad, y traducen esta vocación en la amplitud de miradas y de conocimientos que procuran para sus alumnos. Cuando asumen que su papel va más allá de impartir conocimientos en un área determinada. Cuando saben que no es suficiente con entregarle al mundo odontólogos que conozcan muy bien las cordales, ingenieros que no se rajen a la hora de calcular los cimientos de un puente, abogados que sepan aplicar las leyes o médicos que puedan curar los males del cuerpo.

Porque no es suficiente: las universidades deben procurar que sus estudiantes, además de dominar el oficio que han elegido, puedan opinar de manera constructiva sobre los asuntos de un país y de una sociedad. Puedan participar con generosidad y desinterés en la solución de los problemas que a todos atañen. Puedan y quieran defender las instituciones. Puedan dialogar, discutir en sana paz las diferencias, llegar a acuerdos y respetar lo pactado. Sin trampas ni cartas bajo la mesa.

En ese sentido, prefiero las universidades que no están comprometidas con un credo religioso ni con un partido político: porque sus estudiantes suelen tener menos vendas en los ojos a la hora de mirar el panorama. Porque pueden pensar con mayor claridad en función de un mundo en el que hay diversidad de razas, de creencias, de posturas. Porque pueden debatir más fácilmente sobre temas fundamentales en los que hay posiciones encontradas… y saben que la diferencia enriquece, que estar en desacuerdo no es un pecado. Porque suelen ser más tolerantes y más respetuosos con las minorías y son capaces de reconocer en ellas sus derechos.

Estas consideraciones me vienen a la cabeza a propósito del discurso que hace un par de semanas pronunció el rector de la Universidad de los Andes, Carlos Angulo Galvis, en la ceremonia de graduación de un nutrido grupo de alumnos de esa institución. Y debo decir que me conmovieron sus palabras a la hora de despedir a la nueva promoción, comprometiéndola con el presente y el futuro del país, invitándola a dudar con inteligencia y proponiéndole que se juegue el alma por sus convicciones. Palabras que, sin ninguna duda, reafirman esa universalidad de la que hablábamos.

Y me sorprendió de manera muy grata la reflexión de Angulo sobre la institucionalidad: un claro y oportuno llamado de atención para que los graduandos entendieran su compromiso de pensar a Colombia y de defenderla. Los dejo con algunos apartes del discurso del Rector de los Andes que vale la pena meditar.

En Colombia “la preocupación por preservar la legitimidad institucional ha sido una constante en la lucha por construir una sociedad capaz de trabajar en la búsqueda y construcción de propósitos colectivos (…). Es urgente recuperar los valores democráticos que caracterizan a un Estado social de derecho antes de que se pierdan por completo”.

“Pareciera que en nuestro país necesitáramos inventar y cambiar normas permanentemente, en vez de construir sobre los acuerdos a los que ya hemos llegado”.

“Si una Constitución se ve sometida al cambio constante por la presión de vaivenes ideológicos o de intereses particulares, ¿puede creerse en la primacía de los valores democráticos y en la defensa del interés público?”.

“Cada vez más, las relaciones entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial están mediadas por el clientelismo. Cada vez gana más terreno la idea de que el interés privado es más importante que el público y que el objetivo es satisfacer las necesidades particulares sin importar cómo se logre”.

“Los estudiantes tienen el compromiso de ser ciudadanos preocupados por los asuntos públicos que impactan el interés general. Esto es, ciudadanos que opinan críticamente sobre los problemas que aquejan al país y que proponen, desde su conocimiento, soluciones a los mismos. Tarea nada fácil. Es mucho más cómodo limitarse al progreso individual que ocuparse del progreso social”.

Loading

Compartir en redes