Lo que le falta a las políticas del SAC para responder idealmente a su objetivo

Lo que le falta a las políticas del SAC para responder idealmente a su objetivo

Enero 23/22 Aunque Colombia parece excederse en normas de calidad para las IES, se siente que el sistema no logra consolidar una real cultura de evaluación, seguimiento y toma de decisiones.

El llamado Sistema de Aseguramiento de Calidad, o SAC, para la educación superior, se entiende como la denominación que de forma genérica agrupa el conjunto de políticas que, desde el Ministerio de Educación Nacional, se han diseñado para que tanto las agencias y sistemas de apoyo estatales orienten el cumplimiento de las mismas (como CNA, Conaces, Snies, Saces, e IES, entre otros), conforme la normatividad que se deriva de la Ley 30 de 1992, la Ley  1188 de 2008, el Decreto 1330 de 2019 y el Acuerdo CESU 02, sobre acreditación institucional, entre otros.

Como producto de esos desarrollos, y con un cierto vano orgullo, muchos de estos actores, expresan reiteradamente que contamos con un sistema muy evolucionado, que somos líderes regionales en el tema y que el país tiene una real cultura de autoevaluación, autoregulación y calidad en la forma como se mide y evalúa el impacto de los distintos procesos de calidad en la educación superior.

Tan evolucionado, dicen otros, que en medio de las múltiples restricciones operacionales y financieras que vienen sufriendo las IES (no de ahora, sino desde hace ya varios años), por la desaceleración de la demanda, la competencia, el obligado aumento en la de planta de personal por la aparición de nuevos cargos (derivados precisamente de la implementación del SAC, del desarrollo y gerencia de la investigación y del cumplimiento de otras normas, como las ambientales, laborales y de higiene y seguridad social, entre otras muchas), que la “gerencia” del SAC ha demandado no sólo aumentar sus equipos de trabajo (profesionales en estadística, en procesamiento de información, en entrevistas…).

Tan experto y especializado se ha vuelto el SAC, que en muchas de sus dimensiones termina siendo de compleja comprensión y escaso entendimiento o interés de parte de los mismos rectores y máximos directivos. Para muchos (por no decir la mayoría) de fundadores y miembros de consejos directivos y superiores, es una tarea “aburrida” que alguien tiene que hacer, porque la obliga el Ministerio, porque es la única forma de garantizar la continuidad de la operación y en la que, en últimas (piensan) es cuestión de tener una persona o equipo con la suficiente habilidad para preparar los documentos y justificar los resultados en los informes que se presentan a los pares.

… pero,

En la práctica, solamente las IES que interiorizan estos procesos en su más alto nivel directivo no sólo logran crear la verdadera cultura de autoevaluación y calidad que sugiere en sus objetivos el sistema (en registro calificado y acreditación), sino y sobre todo, en la claridad de toda la institución para planear y proyectar realmente su futuro.

La clave: Procesos + tecnología + gestión directiva

“La autoevaluación no debe ser un proceso asilado que hacen expertos para dar cuenta de resultados ante los organismos reguladores, por el contrario, para que adquiera su verdadera dimensión, debe ser un proceso integrado utilizado diariamente en el cumplimiento de los planes de acción y desarrollo institucional, como soporte estratégico del mejoramiento de la calidad educativa”.

Así lo señala el ingeniero Hernán Javier Pulido, quien ha laborado como directivo, docente y consultor en tecnología educativa desde hace 40 años, en muy variadas IES y con el propio Ministerio.

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Pulido (foto), quien escribió “La autoevaluación como instrumento para mejorar la calidad y gerencia de las IES”, indica que “rectores y consejos directivos deberán garantizar que el proceso de autoevaluación y autorregulación se constituya en un instrumento que incorpora sus resultados a las prácticas de la gobernanza institucional, a la rendición de cuentas articulados con los procesos de mejoramiento como un ejercicio de transparencia, y al nivel de desempeño de los estudiantes y egresados”.

Para ello, continúa, “los procesos de autoevaluación que por lo general siguen el propósito de generar confianza a los evaluadores, deberán constituirse en indispensables para la toma de decisiones gerenciales de las instituciones de educación superior”.

De allí, señala, “es imperativo saber implementar e interactuar, al nivel directivo, con las debidas herramientas tecnológicas que ayuden al proceso”.

Clic para descargar el archivo “La autoevaluación como instrumento para mejorar la gerencia de las IES”

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