Los 50 de Uniquindío

Opinión de Miguel Ángel Rojas Arias, en La Crónica del Quindío.

La universidad del Quindío está cumpliendo 50 años. Nació seis años antes que el propio departamento del Quindío. Razón tenía Enrique Paneso Orozco, columnista del Diario del Quindío en 1954 cuando expresó: (…) Es más urgente la creación de la Universidad del Quindío que la creación del Departamento (…)”. En verdad, y revisando la historia de las dos instituciones, la creación del departamento fue un acto político con intereses partidistas. La creación de la universidad fue un acto intelectual con intereses humanistas.

El verdadero sostén de la región es la universidad, que no se jacta de su tarea, pero que le ha puesto a la comarca la sabiduría de los maestros en las escuelas para moldear la nueva sociedad; la tecnología de los topógrafos e ingenieros en la construcción de la infraestructura; la ciencia de los médicos y enfermeras para alivianar las enfermedades; la precisión de los contadores públicos para ordenar las empresas; y así, en cada área, los profesionales en ciencias agroindustriales, electrónica, de sistemas, en alimentos, química en vegetales, químicos, físicos, biólogos, trabajadores sociales, comunicadores sociales y periodistas, gerontólogos, filósofos y profesionales en ciencias de la información y la documentación, han sido en estos cincuenta años los verdaderos constructores del departamento del Quindío

No es extraño pensar que el nuevo departamento, cuya independencia empezó a gestarse en forma definitiva en 1950 con la conformación de la primera junta pro-departamento del Quindío, necesitaría de un organismo académico superior para el estudio de su territorio, de sus recursos y sus posibilidades productivas. El proyecto de departamento requería preparar una fuerza de trabajo especial para su desarrollo y consolidación, papel que cumpliría la universidad. Y hoy, hay que reconocerlo, por sus 43.865 profesionales que han obtenido el título en nuestra alma máter, pero sobre todo por lo que se ve en la cotidianidad de la región. La universidad se reconoce en cada centímetro de la ciudad, en sus calles, en sus andenes, en sus empresas rurales y urbanas, en las instituciones, en la educación, en la cultura y la espiritualidad, donde siempre hay un uniquindiano, poniendo en marcha el departamento que soñaron nuestros abuelos.

Pero la universidad también se reconoce en el emparejamiento social. Todos aquellos que con esfuerzo lograron educarse en nuestro claustro, escalaron socialmente, son más visibles, más reconocidos, logrando el equilibrio que el dinero solo no habría alcanzado. Por eso, hay que registrar que la universidad es sabiduría, ciencia, pero también equidad social y el espíritu cultural de la ciudad. En la universidad del Quindío de hoy, con la dirección del doctor Alfonso Londoño Orozco, se vive con optimismo y entusiasmo el ambiente académico e investigativo, propio de un claustro que está llamado a señalar el norte a través de sus egresados. Por eso, y por encima de cualquier otra política, la universidad es digna del más grande reconocimiento y el más portentoso apoyo. Un pueblo sin universidad es una sociedad sin alma, sin brújula y sin esperanza.

Hoy, con orgullo, presentaremos a la comunidad académica y a la sociedad regional y nacional el libro: Creación de la universidad del Quindío y sus aportes a la sociedad, donde se recoge la historia del claustro en estos cincuenta años de existencia y se manifiesta con alegría la gratitud perenne a sus fundadores, entre los que destaco a: Euclides Jaramillo Arango, Bernardo Ramírez Granada, Darío Leyva Troncoso, Alirio Gallego Valencia, Mercedes Uribe de Velásquez, Raquel Mejía Botero, Aristóbulo Orrego Duque, monseñor Neftalí Duque Aristizábal, Pastorita Botero de Botero, Aníbal Botero Montoya, Margot Gómez de Gómez, Efraín Jaramillo Correa y Otto Morales Benítez, por su contribución desde el ministerio de Agricultura. A ellos, la sociedad del Quindío les debe parte de todo lo bueno que representa esta región para el país y el mundo.

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