Los desafíos de un rector universitario: Efraín Alzate Salazar

Los desafíos de un rector universitario: Efraín Alzate Salazar

 

Julio/26 Para Alzate, Director de Extensión pedagógica en la U. Autónoma Latinoamericana, un rector debe ser líder ético, democrático y transparente, sin arbitrariedades ni favoritismos, capaz de inspirar confianza, proteger la libertad académica y gobernar la universidad como espacio de verdad, pensamiento crítico y servicio público.

“La universidad es una fuerza social, es la conciencia de la sociedad; conciencia que es de los estudiantes, de los profesores y de los administradores del más alto nivel. La voz del Rector es voz de la conciencia universitaria dirigida hacia los acontecimientos sociales. La universidad es el espacio en el que se busca la verdad. El Rector es la máxima autoridad ética, moral, académica e intelectual de la universidad”. (Parent Jacqemin, 2009)

Un Rector debe ser un líder natural con amplia y reconocida capacidad de gestión, con carácter y criterio ético y moral. Para ser Rector universitario, se debe tener la suficiente autoridad personal y profesional, de tal manera que cada miembro de la comunidad se sienta orgulloso de él; profesional en su ámbito científico y tecnológico, con los suficientes argumentos para defender la universidad de intereses externos que quieran afectarla.

Un Rector universitario ha de saber gobernar de forma democrática; la democracia acá es consenso: con su práctica se entiende la discrepancia y al discrepante no como oposición, sino como alguien que construye universidad y comunidad académica desde otro punto de vista que puede enriquecer el proceso universitario. El mejor Rector, es el que da confianza porque cree en el otro, y ejerciendo la democracia gobierna de forma transparente, y transparencia es hacer partícipe a toda la comunidad incluyendo a los que en un momento dado no comparten   sus decisiones.

Un buen Rector, sabe que las universidades no deben ser confundidas como espacios de orden político sino foros para el debate de las ideas. La política tiene sus propias reglas, y escenarios. La universidad es un espacio para la creación de conocimiento, para la formación de recurso humano. Los universitarios son ciudadanos con plenos derechos y con convicción para decidir sobre sus propios hechos.

El Rector universitario no puede caer en el parcialismo y la exclusión cuando al tomar una decisión solo sus más allegados, saben de la misma. Y no puede actuar intencionalmente con decisiones que bien sabe van afectar a alguien en su vida laboral o académica en la institución. En este campo el Rector debe ser precavido, ya que aquello que se hace a hurtadillas aplicando las lógicas de poder, da pie para pensar en maquinaciones indebidas que crean resentimiento. Un Rector no puede ser arbitrario. Se es arbitrario cuando se toman decisiones sobre temas parecidos, con criterios distintos, dependiendo del colectivo al que afecta la decisión. Un Rector es el Rector de todos.

El Rector valora el trabajo de todos, aunque estos no sean de su afecto personal o, aunque no compartan su ideario político, porque la universidad es ante todo academia. Un Rector no debe caer en el favoritismo de sus colaboradores más cercanos. Esto, que parece una ley natural, es algo en lo que caen la mayoría de rectores, lo que puede traer desavenencias; en este sentido, es importante tener presente que al ser la máxima autoridad se está para servir a la Universidad y no para servirse de ella.

El Rector es la persona tan humana y tan cercana que no motiva miedo. Eso significa que no inspira el sentimiento de desasosiego cuando se discrepa o se manifieste cualquier tipo de diferencia con él, ya sea técnica, filosófica o profesional; es importante que la universidad no limite los derechos    que como ciudadano se tienen para poder expresarse sin miedo a que nadie le reprima o ejerza represalia aplicando el poder. Una Universidad con miedo, es una Universidad sin libertad. En resumen, ¡qué bueno un Rector que inspire confianza para construir una universidad plural, democrática, transparente, igualitaria, honesta, Universidad que sea realmente de todos!

“Una Institución universitaria que se compromete con la acción educativa, lo hace también con nuestra condición humana. No ignora los aspectos laboriosos y utilitarios de nuestra existencia, pero tampoco se deja abatir por ellos. La atestación de que se está actuando educativamente se manifiesta en el don de la renovación, que acontece cada vez que nos disponemos a recrear un mundo común. El compromiso de la diferencia que trae aparejada la acción educativa es, al mismo tiempo, un compromiso con la complejidad social del mundo y con el respeto de la unicidad de las personas” (Sabina, 2003)

El Rector universitario es la persona con una amplia visión del mudo, con un sentido respetuoso por el ideal democrático, cercano a las condiciones humanas; con una sincera capacidad de revisión a errores propios, y sin ningún temor a reconocerlos y enmendarlos. Su capacidad de diálogo sincero le hace más humano, y sabe que su papel es de servicio y no de engranaje burocrático; el Rector sabe que la universidad y sus claustros de profesores han estado siempre en el ideal transformador de la sociedad, por ello en su recinto   ha de primar como tendencia fundamental el pensamiento crítico, la necesidad del progreso, la búsqueda del rigor y de la verdad en todos los ámbitos y procesos.

En atributo debe ser un hombre virtuoso, en cuya hoja de vida no aparece antecedente oscuro que le impida hablar de frente y mirando al rostro a sus interlocutores. Las universidades que eligen a sus máximos dignatarios por interés político o estratégico van perdiendo su universalidad y su objetivo. El proyecto académico y el perfil profesional de los egresados de una universidad están cruzados por la contextura ética y moral de quienes las regentan, por eso un buen Rector sí enaltece la universidad y un mal Rector la estanca y la obstruye en su esencia educativa. “La virtud es un hábito adquirido mediante el esfuerzo y la constancia. Se tienen ciertas disposiciones para la virtud, pero para que se conviertan en hábitos se necesita un largo ejercicio. Es, además, un hábito voluntario pues no basta conocer el bien para practicarlo, ni el mal para evitarlo. Se necesita la voluntad. Por eso en la virtud interviene la inteligencia que delibera, y la voluntad que elige” (Salvador, 2000)

Bibliografía

Parent Jacqemin, J. (enero de 2009). www.uaemex.mx./plin/colmena. Recuperado el lunes de enero de 2013

Sabina, B. y. (2003). Monografia de la educación basica. Revista Iberoamericana de Educación, 216.

Salvador, A. P. (2000). El sentido etico de la vida. Toluca, Mexico: Emahia.

Loading

Compartir en redes