Julio/26 Orozco, además de observador de este portal, es presidente de AvanCiencia y profesor de la Universidad del Rosario, y advierte que un Ministerio robusto debe articular educación superior, ciencia e innovación para coordinar sistemas, fortalecer gobernanza y convertir conocimiento en desarrollo nacional sostenible.
La discusión sobre una eventual integración entre el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y el Ministerio de Educación Nacional, como reporta El Observatorio de la Universidad Colombiana, abre una oportunidad que va más allá de una reforma administrativa. El reto no debería ser reducir estructuras, sino fortalecer la capacidad del Estado para articular la generación de conocimiento, la formación de talento humano avanzado y la innovación como motores del desarrollo nacional.
Colombia logró, en un largo proceso institucional, formalizar un Ministerio como rector del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. Su administración no ha estado a la altura en materia de logros frente a los compromisos que dejó la Misión Internacional de Sabios de 2019. Ha mostrado incapacidad en gobernanza e integridad, evidenciando la politización que tememos en la comunidad científica, distanciando diametralmente la entidad de los fundamentos filosóficos de la República de la Ciencia de Polanyi. Pero tenemos una nueva oportunidad de fortalecer la entidad y resolver muchas de las limitaciones, fraccionamientos y problemas de su actual forma de operación.
Podemos ver la fragmentación institucional del MinCiencias como una oportunidad para aprender sobre las dificultades de coordinación entre investigación, formación doctoral, innovación y solución de problemas sectoriales, y formular buenos arreglos institucionales. El MinCiencias debe ser el responsable de la gobernanza de múltiples sistemas y agendas que operan en distintos ministerios y entidades. Entre ellos se encuentran el Sistema Nacional de Innovación Agrícola y Pecuaria (SNIA), el Sistema de Investigación en Salud, el Sistema Nacional Ambiental (SINA), el Sistema Nacional de Competitividad e Innovación (SNCI) y diversos esquemas de promoción de la investigación e innovación en educación, energía, minería, TIC, defensa, transporte, vivienda, cultura, trabajo y deporte.
Por ello, más que fusionar o eliminar, considero que sería pertinente fortalecer a MinCiencias incorporando el Viceministerio de Educación Superior en su estructura para solucionar las fragmentaciones entre el Sistema de Educación Superior (SES) y el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI). También fortalecer un viceministerio para coordinar, junto con los ministerios sectoriales, los principales sistemas nacionales de investigación e innovación. De esta manera, el ministerio no solo financiaría proyectos o gestionaría convocatorias, sino que se convertiría en el verdadero articulador de la política de conocimiento para el desarrollo del país.
Esta transformación permitiría conectar de forma más efectiva a las universidades, centros e institutos públicos y privados de investigación, empresas y agencias del Estado; evitaría duplicidades en campos como la medición y evaluación de la investigación científica; facilitaría la definición de agendas nacionales; y contribuiría a que la investigación responda de manera más directa a desafíos como la seguridad alimentaria, la transición energética, la salud pública, la sostenibilidad ambiental y la transformación productiva.
En lugar de pensar si MinCiencias debe desaparecer o fusionarse, la pregunta debería ser cómo convertirlo en la institución llamada a liderar una política integral de educación superior, ciencia, tecnología e innovación. Los países que han logrado consolidar economías basadas en el conocimiento no han debilitado sus estructuras científicas; las han fortalecido y les han otorgado capacidad real de coordinación. Colombia tiene la oportunidad de hacerlo.
La experiencia europea muestra que los países con mayores capacidades científicas tienden a integrar la educación superior y la investigación dentro de una misma estructura gubernamental, buscando una mejor articulación entre la formación de talento, la producción de conocimiento y la innovación. España es quizás el caso más cercano a la propuesta para Colombia: actualmente cuenta con el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, responsable tanto de la política científica y tecnológica como de la política universitaria. Su estructura integra secretarías y direcciones dedicadas simultáneamente a la educación superior, la investigación y la innovación empresarial con el propósito de coordinar la formación doctoral, la investigación y la transferencia de conocimiento hacia la sociedad y el sector productivo.
Francia e Italia siguen una lógica similar. Francia tiene su Ministerio de Enseñanza Superior, Investigación y Espacio, encargado de formular y ejecutar las políticas de educación superior, investigación y tecnología, además de coordinar los recursos nacionales destinados a estas áreas y promover la economía espacial. Italia cuenta con el Ministerio de Universidad e Investigación, que concentra la gobernanza de las universidades, los programas nacionales de investigación y la cooperación científica internacional. Incluso Alemania, aunque mantiene una estructura federal más compleja, ha consolidado históricamente, en el ámbito nacional, un ministerio responsable de la investigación que conecta la generación de conocimiento con la formación avanzada en un mismo ecosistema.
De hecho, Alemania es referente global por su modelo de gobernanza Fraunhofer. La Sociedad Fraunhofer (Fraunhofer-Gesellschaft) agrupa decenas de institutos especializados en diferentes áreas tecnológicas y científicas, cuya misión principal es realizar investigación aplicada orientada a resolver problemas concretos de la industria, el gobierno y la sociedad. A diferencia de las universidades, que priorizan la formación y la investigación básica, o de institutos como Max Planck, enfocados en ciencia fundamental, Fraunhofer se concentra en transformar conocimiento en innovación de productos, procesos y servicios.
El modelo Fraunhofer es una red de institutos de investigación aplicada que actúa como puente entre las universidades, el Estado y las empresas para convertir el conocimiento científico en soluciones concretas, tecnologías, patentes, procesos productivos e innovaciones con impacto económico y social. Su funcionamiento se basa en una financiación mixta: recibe recursos públicos para sostener capacidades estratégicas de investigación, pero una parte significativa de sus ingresos proviene de contratos y proyectos desarrollados para empresas y entidades gubernamentales, lo que garantiza que la investigación responda a necesidades de la sociedad y del sector productivo. Los institutos están especializados por áreas temáticas y trabajan estrechamente con universidades, formando estudiantes de maestría y doctorado mientras desarrollan proyectos de innovación aplicada, transferencia tecnológica y creación de empresas. Gracias a este esquema, Alemania ha logrado articular la educación superior, la investigación, la innovación y el desarrollo industrial en un mismo ecosistema, acelerando la transformación del conocimiento en crecimiento económico.
Estas experiencias sugieren que la integración institucional no busca únicamente la eficiencia administrativa, sino también fortalecer la capacidad de los Estados para conectar la investigación, la educación superior, la innovación y el desarrollo económico bajo un esquema de gobernanza que lidere un fuerte ministerio de ciencias, innovación y educación superior. Hay instrumentos como el Marco de Inversión en I+D, Compras Públicas de Innovación, Regalías y Beneficios Tributarios, así como personas profundamente expertas en estos temas, como Salim Chalela quien desde el Departamento Nacional de Planeación desarrolló una visión clara para sacar la CTeI de su mala hora. Suprimir al MinCiencias o convertirlo en una dependencia del MinEducación no sería apropiado para el progreso institucional del país. No se puede ver la ciencia como un gasto, ese que siempre se puede recortar sin que pase nada. Crear y aplicar el conocimiento es una inversión, una inversión que requiere asumir la responsabilidad de encontrar fondos para cubrir los costos que demanda el desarrollo. Si la ciencia y la educación son costosas para la sociedad, ¿cuánto más nos cuestan la ignorancia y la dependencia tecnológica?
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