Los males de los académicos que afectan la administración pública: Diego Torres

Los males de los académicos que afectan la administración pública: Diego Torres

Julio/23 Esta opinión de Torres, profesor de la Universidad Nacional, es un recuento de trinos suyos, en Twitter, que convierten sus “recomendaciones” al presidente Petro, en una interesante guía para entender la lógica de los académicos.

Le admiro a Gustavo Petro su empeño en poner personas de la academia en el gobierno. Es un paso en la dirección correcta.

Sin embargo, es justo hacer mención a varios males producto de dicha iniciativa, y que es importante reconocer para mejorar futuros nombramiento.

Sin despreciar virtudes como el rápido aprendizaje, implementación de programas novedosos, acceso a una vasta red de expertos e ideas; junto con una mirada crítica a procesos que un académico posee. También es justo mencionar algunos males que contratar un académico puede traer:

1) Baja experiencia administrativa. La experiencia es clave en cualquier posición, pero sí que hace diferencia tener experiencia administrativa incluso dentro de la misma universidad. Manejar proyectos, presupuestos, agendas, medios y mucho más en una organización enorme no puede llegar a “aprenderse” sino a “mejorarse” Una mirada a la hoja de vida de un académico y su experiencia en el área administrativa de la universidad, en especial en los niveles de gerencia cercanos a las rectorías, es clave en este proceso.

2) Falta de confianza en el personal. Un terrible rasgo distintivo de la academia es la falta de confianza entre el “líder funcional” y el personal de apoyo. Si quieren ver el origen de una baja ejecución presupuestal y de proyectos, denle una mirada a esta relación.

La confianza inicial en un equipo es determinante para el buen inicio de la gestión en grandes organizaciones. Es natural la existencia de tensiones en un cambio en la cabeza de una organización, pero mantener dichas tensiones por demasiado tiempo, no generar confianza y no definir rápidamente los equipos de trabajo, termina inevitablemente en una mala gestión. Identificar a los líderes de una organización es clave para obtener las preciadas “victorias tempranas” en un gobierno. No hacerlo es perpetuar aquello que se critica de su predecesor.

El estado colombiano tiene grandes talentos, los mejores del país en algunos casos, los cuales son atraídos por la estabilidad del estado y sus beneficiarios. Desafortunadamente este talento es destruido ante la llegada de jefes que desprecian dicho talento y experiencia.

3) Obsesión por ser jefe en lugar de líder. La academia colombiana tiene una marcada tendencia hacia la promoción del individualismo por encima del trabajo colectivo. Y mientras un líder busca identificar fortalezas, promover y brindar nuevas oportunidades al equipo en pro del proyecto; el jefe busca su promoción individual y mantener su buena imagen ante su jefe inmediato, por encima del desarrollo del equipo y de la misma empresa pública. El líder está continuamente aprendiendo de su equipo. El jefe está continuamente enseñando a sus subalternos.

La actitud de liderazgo busca apoyar el desarrollo de las actividades de los miembros del equipo. La del jefe “iluminado” termina haciendo imposible el día a día de las instituciones.

4) Desconocimiento del funcionamiento del Estado. La verdad es que en Colombia no tenemos en claro conceptos como “la separación de poderes”, y el funcionamiento del estado y sus minucias es aún más oscuro a nuevos funcionarios del estado. En el caso de los académicos esto es aún peor, ya que el desconocimiento funcional de las organizaciones a las cuales se pertenece es normal entre los académicos colombianos, entre los cuales es incluso un orgullo no haber tenido un cargo administrativo. De nuevo la experiencia administrativa es clave.

5) Falta de compromiso institucional. Gran parte de los académicos ya tienen posiciones permanentes en sus universidades, algunos con posiciones permanentes y hasta siendo “profesores titulares” sin haber cumplido 40 años de vida! Al asumir un cargo en la administración publica se requiere un compromiso verdadero, y suele pasar que los sueldos y privilegios del sector público son inferiores al de ser académicos. En muchos casos se solicitan licencias en las cuales las universidades continúan pagando los sueldos y prebendas de los docentes. El resultado final es tener en algunos casos cuadros de mando que no sienten que pertenezcan a la entidad que dirigen, y que saben que siempre tendrán en la academia un refugio seguro que los esperará. Ni las universidades ni el gobierno deberían permitir esto.

6) Desconocimiento de la dinámica laboral por fuera de la academia. Para un académico el uso de fines de semana, las discusiones eternas, el trabajo sin necesidad de tener un contrato laboral, las llamadas a las 3:00 am y extensas jornadas de trabajo son “absolutamente normales” pero por fuera de la academia no solamente son inadmisibles, sino que incluso muchos académicos se sorprenden al escuchar el término “explotación laboral” Entender las reglas laborales por fuera de la academia es importante para el buen desempeño de una cartera pública.

No se escriben mensajes por fuera del tiempo laboral. No se sacrifican los fines de semana ni las vacaciones. No se realizan reuniones eternas. No se llega tarde a una reunión, así como tampoco se extienden innecesariamente. Respetar a sus colaboradores inicia por entenderlos.

7) Excesiva ideología por encima de capacidad técnica. Muchas veces se olvida que al llegar a un cargo del estado ya no se es la oposición, y los resultados junto con el pragmatismo empiezan a ser relevantes. Las elecciones ya se ganaron, ahora los resultados están por encima de las buenas intenciones.

8) Mal uso de las redes sociales. Twitter y TikTok son redes poderosas, pero hay que saberlas usar. A veces se cometen errores tan simples y fatales como “delegar el manejo de @Twitter”!

El manejo de redes es “fundamental”.

Pareciera que estos obstáculos harían recomendable el no vincular académicos al gobierno. Sin embargo, voy a darles 5 ejemplos, de muchos, de grandes fichajes de académicos en el gobierno que lo hacen o lo hicieron muy bien hasta el punto que muchos se sorprenden al descubrir que son académicos:

  • Hernán Ceballos, en Innpulsa
  • Germán Umaña, Mincomercio
  • Edna Bonilla Seba, Secretaria de Educación de Bogotá
  • Sonia Monroy, viceministra en Minciencias
  • Diego Hernández Losada, en Minciencias

La clave en los fichajes? Experiencia académico-administrativa, pragmatismo, liderazgo, capacidad técnica, empatía laboral, y sobre todo compromiso absoluto con las organizaciones que lideran o lideraron. ¿Cómo descubrir esos talentos ocultos? la regla de oro es “Siempre indagar por su capacidad técnica por medio de cartas de referencia o llamadas a sus antiguos jefes o colaboradores cercanos” (Evite llamar a los padres de familia)

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