En su blog, Lorenzo García Aretio, investigador en educación a distancia de la UNED, de España, analiza el curioso fenómeno, que ha titulado “¿Es posible que ahora haya tantas instituciones y personas que “sepan tanto” de educación a distancia y digital?”
Realizo una búsqueda en Google, COVID y educación a distancia, y se me ofrecen 48 millones de resultados. Si busco COVID and distance education, aparecen un total de 644 millones de respuestas. ¡Sorprendente!
Es verdad que buena parte de esos resultados vienen a narrar las experiencias que están llevando a cabo instituciones o docentes con la finalidad de continuar atendiendo a sus estudiantes en tiempos de confinamiento domiciliario. Y eso está bien, diríamos que está muy bien. Todos podemos aprender de las buenas prácticas de otros, y también de sus errores. Y tampoco podemos criticar en exceso ciertos atrevimientos de algunos programas o instituciones que se han tirado a la piscina y ésta no tenía agua. Han intentado lo que pensaban que era bueno, sin demasiado tiempo para una lectura sosegada o un asesoramiento de experto. Ya digo, no voy a criticar estas apuestas porque la situación está siendo crítica y exige respuestas con bastante inmediatez.
Lo que me sorprende en realidad, y por eso este post, es la cantidad de “expertos” que han surgido de la nada. Me llama poderosamente la atención la “enseñanza” que nos llega a través de la red de aquellos docentes, estudiosos, instituciones, organizaciones y administraciones públicas que ayer mismo estaban renegando y criticando con escarnio a la educación a distancia en sus diferentes propuestas y realizaciones. Y sin ni siquiera sonrojarse, pedir disculpas o, al menos, afirmar que donde dijeron “digo”, ahora están diciendo “diego”, hoy parecen eternos defensores de la causa. Y todo ello, en no más de un mes. Llama la atención, ¿no?
Repito, no critico que todos los centros educativos estén tratando, de la mejor manera que pueden y saben, adaptarse a esta excepcional situación. Me llaman la atención quienes atacaban despiadadamente o, en el mejor de los casos, ignoraban “activamente” cualquier formato educativo a distancia, digital, virtual, e-learning, etc., y ahora escriben maravillas y dan consejos “exclusivos” sobre cómo mejor acometer este cambio, o al menos asumen que esta forma de enseñar y aprender, en realidad, no resulta tan ineficaz. ¡Bienvenidos sean!
¿No les sorprende que antes fuésemos tan pocos a nivel internacional (no digamos en algunos países) los que nos dedicábamos a estudiar, a investigar y a publicar sobre este fenómeno y ahora, a golpe de clic, tienen ustedes miles de “estudiosos”, “investigadores” y “expertos” que dan “sesudos” consejos, ofrecen análisis (¿dónde los tenían escondidos?), publican y publican…, cuando antes no habían escrito una sola palabra, o quizás sólo dos.
Decía que éramos pocos. Pocos comparados con la cantidad de detractores del sistema, pero somos cada vez más, porque en esta batalla, vamos ganando. Habría sólo que echar una ojeada a la serie de revistas científicas cuyo objeto de estudio se encuentra en torno a esta temática que vengo comentando. A nivel internacional hay varias y algunas de ellas bastante fiables, dado que recogen trabajos contrastados y de autores con alto nivel de impacto. Aseguro que si hablan (o escriben) esos, ahí sí, podríamos fiarnos de sus enseñanzas y consejos.
Lo mismo diría en cuanto a instituciones. Son no demasiadas las que se presentan como unimodales, con estudios sólo a distancia. Muchas más con estudios mixtos (blended) o con reconocidos programas en esa modalidad, o que siendo 100% presenciales, cuentan con docentes-investigadores, que vienen trabajando en este campo. Cierto que son cada vez más a nivel mundial.
Para los que todavía queremos seguir aprendiendo sobre estos temas o para las instituciones que no “tragan” cualquier cosa que se publica en la red, se me ocurriría aconsejar que fuésemos cautos. Humildemente, podría sugerir algunas ideas. Cuando encontremos en la red determinado trabajo, artículo, entrada o post, que nos pueda atraer por el título, nos podemos encontrar con situaciones como éstas:
- Que procede de alguna revista científica de las que desde hace bastantes años vienen publicando artículos serios sobre esta, para muchos, nueva forma de enseñar y aprender. Existen excelentes trabajos que nos pueden orientar con fundamento y rigor. Son de fiar.
- Aunque el título del trabajo sea atractivo y sugerente, deberíamos gastar unos segundos, o dos minutos, en comprobar si la institución que está haciendo suyas esas ideas tiene alguna experiencia, algún recorrido, en el campo que ahora abandera.
- ¿El autor que firma el texto es alguien con recorrido en este campo?, ¿es un docente experimentado en educación a distancia?, ¿se ha capacitado para ello?, ¿se trata de alguien considerado líder en este campo?, ¿ha estudiado, investigado o publicado antes sobre estos formatos educativos?, ¿es experto en esa metodología o en esa herramienta que postula?, ¿pueden comprobarse sus trabajos en Google Académico, por ejemplo?
- ¿Se trata de alguien o de alguna organización o empresa que nos quieren vender algún software, herramienta o asesoramiento? No querría decir, al afirmar que sí a esta cuestión, que el producto que defienden o explican, en este caso, haya de ser de dudosa eficacia. Podría ser bueno o, incluso, muy bueno. Pero de algo que venden, probablemente, nunca destacarán los puntos débiles. Por eso se aconseja examinar detenidamente ese recurso.
- La innovadora propuesta tecnológica o metodológica que nos están haciendo, ¿ha sido probada, contrastada y en qué programa?, ¿con qué resultados y dónde se publicaron los mismos?
- El texto, el audio o vídeo que se publica, ¿recoge aportaciones de otros que ni siquiera son citados? Es decir, ¿se trata de un “refrito” de ideas de otros que, por ética profesional, deberían haber sido citados?
- ¿O sencillamente, más grave aún, se trata de un texto que en su gran parte lo ha escrito otra persona y se está presentando como propio? No se respeta mínimamente la propiedad intelectual. Esa persona no merece ser tenida en cuenta, me refiero a sus escritos. Este caso, aunque a alguien pueda parecerle extraño, por desgracia es más habitual de lo que pudiera pensarse. Sé lo que digo. El punto anterior y éste: ¡plagios descarados!
- La propuesta que está a punto de asumir, aceptar o comprar, ¿le va a dar solución al problema que tiene entre manos actualmente?, ¿o se trata de una solución más a largo plazo?
- La propuesta o artículo que está leyendo, más allá de que sea sugerente, ¿resulta viable en su institución? Esta cuestión es sustancial, por costes, por cultura, hábitos, falta de capacitación docente…
- ¿Le están ofreciendo soluciones mágicas a problemas serios? Cuando los sistemas educativos a distancia vienen tan de lejos (no son de hoy) habiendo ido consolidando sus prácticas a través de la experiencia de años, del rigor en la aplicación de nuevos enfoques, de la capacitación permanente de su profesorado, del asesoramiento de expertos reconocidos…, las soluciones mágicas y maravillosas, no existen.
- ¿Nos proponen prácticas, metodologías o recursos como novedosos, cuando ya tienen un buen recorrido en espacios virtuales? Existen metodologías, procesos, recursos, sistemas de comunicación, tipos y formas de evaluación, etc., etc., que se vienen utilizando en sistemas a distancia y que algún iluminado presenta ahora como algo novedoso e, incluso, excelente.
- Existen instituciones, expertos, autores…, que en estas semanas de pandemia, con su mejor voluntad vienen volcando en la red sus exitosas prácticas en esta modalidad, o hacen un esfuerzo por replicar, resumir o adaptar sus múltiples trabajos científicos y de divulgación, con el respaldo de una historia, de una trayectoria.
En fin, no resulta tan complicado fiarse de instituciones y personas experimentadas, de asesores-expertos (no resulta difícil saber quiénes son) a la hora de acometer un nuevo rumbo en nuestros centros educativos. Buena parte de sus experiencias y propuestas, también están en la red.
Sin duda que cuando ceda la pandemia la inmensidad de centros, volverá a su rutina anterior. Otros habrán saboreado diferentes formas eficaces de educar y, probablemente, van a introducir innovaciones. Amigos, dentro de la maldad de este enemigo común que es el Coronavirus, procuremos sacar todo lo positivo que podamos de esta situación educativa. Pero los experimentos, no se hacen con gaseosa. ¡Prudencia y rigor!
Por si acaso, yo seguiré ofreciendo desde este blog mis ideas, muchas de ellas muy contrastadas o muy reelaboradas, basadas en el estudio, la investigación y la experiencia en docencia y varios cargos de gestión en una institución a distancia, desde hace 45 años, la UNED de España.
Seguiremos mañana y días sucesivos con algo tan esencial como la planificación y el diseño pedagógico de acciones formativas a distancia. Vean debajo otras entradas apropiadas para estos momentos de cambio obligado.
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